“DANIEL”

Los seres humanos en su vida sufren influencias de otras personas, que muchas veces los marcan para siempre en su forma de comportarse, en sus valores, en el vocabulario que usan, en su forma de vestirse, alimentos que consumen, etc.

En muchas ocasiones los modelos que elegimos para seguir son artistas, políticos, deportistas, o programas de televisión, que nos atrapan sin que nos demos cuenta, y que en la mayoría de las veces nos conducen por caminos no tan buenos, o directamente por sendas de maldad.

Muchas veces los mismos cristianos caen en esas tentaciones siguiendo caminos no acordes a lo que nos enseñan las sagradas escrituras.

Uno de los hombres que en su vida ha demostrado fidelidad a Dios hasta su muerte, pese a todas las dificultades que tuvo que sufrir, fue el Profeta Daniel. En su libro, que es parte del Antiguo Testamento, se cuenta parte de su vida, sus sufrimientos, y en especial nos dice cómo superó cada una de las dificultades que se le presentaron.

     PATERNIDAD LITERARIA Y FECHA                  

“La crítica moderna rechaza en forma prácticamente unánime este libro como documento del siglo VI A.C, escrito por Daniel, a pesar del testimonio del libro mismo y de la declaración de nuestro Señor de que la “abominación desoladora” es algo de lo cual “habló el profeta Daniel” (Mateo 24:15). Los críticos sostienen que fue compilado por un autor desconocido alrededor del año 165 A.C, porque contiene profecías acerca de reyes y guerras post babilónicos que supuestamente se hacen cada vez más precisos a medida que se aproxima a dicha fecha. Además se sostiene que fue escrito con el propósito de alentar a los judíos que se mantenían fieles en su lucha contra Antíoco Epífanes (1 Macabeoos 2: 59-60) y que fue entusiastamente recibido por ellos como genuino y auténtico, e inmediatamente incorporado al canon hebreo”. (“Nuevo Diccionario Bíblico” de Ediciones Certeza, edición en castellano año 1991).

Los críticos dicen además que los datos, en relación a los imperios, son demasiado perfectos como para ser escritos con tanta exactitud. Esto sólo podría suceder, según los críticos, si se hubieran escrito con posterioridad a los hechos. También afirman que algunos datos históricos como los mencionados y otros contenidos en el libro de Daniel son inexactos o erróneos.

     Motivos a favor de la veracidad de Daniel:  

Loa judíos no lo hubieran aceptado como libro canónico. Pero sí rechazaron como canónicos los escritos de los Macabeos, por ejemplo.

El autor de Daniel demuestra un amplio conocimiento de la historia Neobabilónica y Persa, época en que vivió Daniel, a tal punto que ningún otro escritor o historiador de la antigüedad ha logrado.

La presencia de términos griegos (por ejemplo nombres de instrumentos musicales) daría a entender que la opinión de los críticos es acertada. Pero recientemente se ha demostrado que la cultura griega había ingresado a Babilonia “mucho antes del tiempo de Daniel”.

Lo que sí podemos afirmar es que Daniel es un buen modelo de vida que podemos imitar, y nos muestra cómo convivir y cómo servir a Dios, en medio de un pueblo que no comparte o no respeta nuestras creencias como era el de Babilonia, siendo además corrupto, idólatra, inmoral, etc. (tal como son la mayoría de los pueblos del mundo en la actualidad).

Él vivió desde muy joven lejos del hogar hasta el fin de sus días, y en circunstancias extremadamente peligrosas. Sirvió en la corte, a las órdenes de reyes crueles, en dos imperios distintos, el Babilónico y el Medo Persa.

Uno de esos emperadores, Nabucodonosor, lo llevó prisionero, destruyó a su pueblo, y también al Templo de Salomón que era el símbolo de su fe.       

Vivió toda su vida como extranjero. No existe información de si se casó, o tuviera a miembros de su familia cerca suyo. En una palabra, vivió prácticamente solo en el sentido humano.

Fue llevado cautivo a Babilonia el año 605 antes de Cristo, cuando tenía una edad de unos 15 a 20 años, nacido aproximadamente entre el año 625 al 620 A. de C. Su fallecimiento se ubica alrededor del año 533 A. de C.

Idioma utilizado

El primer capítulo fue escrito en idioma hebreo, los capítulos: segundo al séptimo en idioma arameo, utilizado en aquella parte del mundo, y desde el capítulo ocho al doce nuevamente en idioma hebreo.

Ubicación Histórica   

A fin de ubicar en la historia a Daniel, detallamos a continuación los monarcas que gobernaron durante su vida en esa parte del mundo:

IMPERIO BABILÓNICO:

626 al 605 A. de C.: Nabupolazar.

605 al 562 A. de C.: Nabucodonosor.

   605: año en que Daniel es llevado cautivo de Judá a Babilonia.

562 al 560 A. de C.: Amel Marduk (o Evil Marduk):

560 al 556 A. de C.: Neriglisar.

556 A. de C.: Labaski Marduc.

556 al 539 A. de C.: Nabonido, llamado por Daniel: Nabucodonosor.      

(no era descendiente de Reyes sino un plebeyo. Daniel 5: 11)

549 al 539 A. de C.: Belsasar, hijo de Nabonido, en calidad de Regente.

539: Caída de Babilonia.

IMPERIO MEDOPERSA:

539 al 530 A. de C.: Ciro (fue rey de Persia desde 559 A. de C.)

   533: año probable del fallecimiento de Daniel.

530 al 522 A. de C.: Cambises.

522 al 486 A. de C.: Darío el grande.

486 al 465 A. de C.: Jerjes.   (Asuero del libro de Ester.)

     DANIEL ES LLEVADO CAUTIVO A BABILONIA

La historia de Daniel, según su libro, comienza con la primera toma de Jerusalén, por parte de Nabucodonosor, en el año 605 antes de Cristo.

En el año tercero de Joacím, rey de Judá, vino Nabucodonosor rey de Babilonia a Jerusalén, y la sitió. Y El Señor entregó en sus manos a Joacím rey de Judá, y parte de los utensilios de la casa de Dios; y los trajo a tierra de Sinar, a la casa de su dios, y colocó los utensilios en la casa del tesoro de su dios” (Daniel 1: 1-2).                

También los libros de segunda Reyes y segunda Crónicas relatan dicho evento, con el cual el pueblo judío pierde su libertad política, que no recuperó nunca más hasta el año 1948, en que nuevamente se constituye como nación.

“Cuando comenzó a reinar Joacim era de veinticinco años, y reinó once años en Jerusalén; e hizo lo malo ante los ojos de Jehová su Dios. Y subió contra él Nabucodonosor rey de Babilonia, y lo llevó a Babilonia atado con cadenas. También llevó Nabucodonosor a Babilonia de los utensilios de la casa de Jehová y los puso en su templo en Babilonia”. (2da. Crónicas 36: 5-7).

Hubo varias incursiones de los babilonios en Judá, siendo tres los principales: la primera en el año 605, en el tercer año de reinado de Joacím. Luego por desobediencia ocho años después, hubo otra incursión, en donde Joacím es llevado cautivo atado con cadenas. Le sucede Sedequías, quien fue destronado 11 años después. Su pecado fue su desobediencia a su promesa de fidelidad al Rey de Babilonia, revelándose contra él.

“Y el ejército de los caldeos siguió al rey, y alcanzaron a Sedequías en los llanos de Jericó; y lo abandonó todo su ejército. Entonces prendieron al rey, y le hicieron venir al rey de Babilonia, a Ribla en tierra de Hamat, donde pronunció sentencia contra él. Y degolló el rey de Babilonia a los hijos de Sedequías delante de sus ojos, y también degolló en Ribla a todos los príncipes de Judá. No obstante, el rey de Babilonia sólo le sacó los ojos a Sedequías, y le ató con grillos, y lo hizo llevar a Babilonia; y lo puso en la cárcel hasta el día en que murió” (Jeremías 52: 8-11).

“Y en el mes quinto, a los diez días del mes, que era el año diecinueve del reinado de Nabucodonosor rey de Babilonia, vino a Jerusalén Nabuzaradán, capitán de la guardia, que solía estar delante del rey de Babilonia. Y quemó la casa de Jehová, y la casa del rey, y todas las casas de Jerusalén; y destruyó con fuego todo edificio grande. Y todo el ejército de los caldeos, que venía con el capitán de la guardia, destruyó todos los muros en derredor de Jerusalén” (Jeremías 52: 12-13).

Esta destrucción de Jerusalén junto con el templo de Salomón, sus palacios, etc. constituyó el fin del reino de Judá, motivado por su desobediencia a Dios y sus mandamientos. Este hecho histórico sucedió en el año 586 A. de Cristo. Muchos de los objetos sagrados del templo fueron repatriados, pero muchos no se han recuperado hasta la fecha. Esta destrucción fue anunciada por muchos profetas durante muchos años, pero el pueblo siguió desoyendo las constantes súplicas de parte de los profetas enviados por Dios para que se arrepientan de sus caminos pecaminosos y se volvieran de todo corazón a Jehová.

COMIENZO DE LA VIDA DE DANIEL EN BABILONIA

A partir del versículo 3 del capítulo primero de Daniel, comienza a relatarse la historia de este profeta, libro que nos describe su fidelidad a Dios durante toda su vida.

“Y dijo el rey a Aspenaz, jefe de sus eunucos, que trajese de los hijos de Israel, del linaje real de los príncipes, muchachos en quienes no hubiese tacha alguna, de buen parecer, enseñados en toda sabiduría, sabios en ciencia y de buen entendimiento, e idóneos para estar en el palacio del rey; y que les enseñase las letras y la lengua de los caldeos. Y les señaló el rey ración para cada día, de la provisión de la comida del rey, y del vino que él bebía; y que los criase tres años, para que al fin de ellos se presentasen delante del rey. Entre éstos estaban Daniel, Ananías, Misael y Azarías, de los hijos de Judá. A éstos el jefe de los eunucos puso nombres; a Daniel, Beltsasar; a Ananías, Sadrac; a Misael, Mesac; y a Azarías, Abed-nego” (Daniel 1: 3-7)

Se les enseñaba a éstos jóvenes, el lenguaje, la literatura y toda la ciencia de los caldeos. Los estudios abarcaban temas tales como brujerías, magia, astrología, etc. Su religión era totalmente pagana, con muchos dioses, y por ende trataron de imponerles esa religión politeísta, incluyendo la adoración a dichos dioses.

Si comparamos los sistemas educativos actuales con los de aquella época, veremos que no difieren demasiado:

-No se enseñan las verdades de Dios, ni se fundamentan en su palabra.

-Predomina el evolucionismo por sobre el creacionismo.

-Los contenidos no son los adecuados para llevarnos por los caminos de Dios.  

-En educación sexual, las recomendaciones no son las adecuadas para formar una buena familia.

-Se utilizan otros textos en lugar de la biblia, y generalmente contrapuestas a las enseñanzas contenidas en ella.

-Como vemos, en aquellos tiempos se seleccionaban jóvenes cultos e inteligentes. Actualmente muchos países, especialmente los regímenes totalitarios también lo hacen.

“Y Daniel propuso en su corazón no contaminarse con la porción de la comida del rey, ni con el vino que él bebía: pidió, por tanto, al jefe de los eunucos que no se le obligase a contaminarse” (Daniel 1: 8).

En éste versículo podemos ver que Daniel “propuso” no contaminarse. Vemos que fue una decisión personal. Por ejemplo, los alimentos podrían haber sido ofrecidos a algún dios pagano, cosa que era abominable a los ojos de los judíos (Mateo 15:11-19, Marcos 7: 15-29).

Leemos que Daniel propuso en su corazón no contaminarse, lo que significa espiritualmente mantenerse puro ante los ojos de Dios. Actualmente podemos contaminarnos con alcohol, drogas, mala vida, vocabulario vulgar, conducta sexual fuera de la ley de Dios, y muchas cosas más, pero podemos seguir el ejemplo de Daniel, proponiéndonos de todo corazón apartarnos de las tentaciones que pueden venirnos de parte de Satanás, para seguir los postulados del Señor, y seguir sus pisadas. Por supuesto que con mucha oración, con la lectura de su palabra, tal como lo hizo Daniel.

“Y puso Dios a Daniel en gracia y en buena voluntad con el jefe de los eunucos” (Daniel 1: 9).       

Vemos que el resultado fue bueno para Daniel. Esto no es por la comida o bebida que consumía, sino por su fidelidad a Dios, y su predisposición a seguir por sus caminos, pese a todo lo que le había pasado, y lo que le estaba pasando. Lo más loable en este caso es que Daniel toma esa decisión en un país totalmente pagano, y prisionero en uno de los países más corruptos de la época y de la historia. Es un muy buen ejemplo para imitar, más aún cuando vislumbramos que en poco tiempo nuestro mundo será igual o peor que el de Babilonia. Vemos que Daniel no claudicó en su fe, sino que se mantuvo firme en sus convicciones, lo que demuestra que en éste tiempo cualquier persona que se propone seguir a Dios pese a las circunstancias por las que pueda atravesar, Dios no lo abandonará, tal como lo ha prometido infinidad de veces, tal como lo hizo con Daniel.

Los versículos 10 a 17 nos relatan el proceso por el cual el eunuco accede al pedido de Daniel dándoles legumbres a comer a él y sus tres compañeros.

“A estos cuatro muchachos Dios les dio conocimiento e inteligencia en todas las letras y ciencias; y Daniel tuvo entendimiento en toda visión y sueños” (Daniel 1: 17).

Daniel y sus compañeros trataron de aprender lo mejor posible la nueva cultura para poder hacer su trabajo con excelencia. Sin embargo tanto Daniel como sus compañeros, permanecieron fieles a Dios al que tanto amaban. Las diferentes culturas no son necesariamente enemigas de Dios. Si no violan los mandamientos del Señor pueden ayudar a cumplir algún propósito divino. Quienes siguen a Dios tienen la libertad de ser líderes competentes en cualquier cultura, pero la demanda es que Dios esté siempre en primer lugar.

Si bien no debemos esperar que por nuestra fidelidad a Dios, seremos inteligentes como Daniel, o tendremos poder, o fortuna, bienes que son de este mundo, sino que tendremos lo necesario para vivir, la fuerza necesaria para resistir las tentaciones, y especialmente, terminar nuestra estadía en este mundo con la promesa de vida eterna tal como la recibiera Daniel (Daniel 12: 13).

“Pasados, pues, los días al fin de los cuales había dicho el rey que los trajesen, el jefe de los eunucos los trajo delante de Nabucodonosor. Y el rey habló con ellos, y no fueron hallados entre todos ellos otros como Daniel, Ananías, Misael y Azarías; así, pues, estuvieron delante del rey. En todo asunto de sabiduría e inteligencia que el rey les consultó, los halló diez veces mejores que todos los magos y astrólogos que había en todo su reino” (Daniel 1: 18-20).

Como vemos, Nabucodonosor, puso a Daniel y a sus amigos entre su equipo de consejeros. Ese equipo incluía magos y astrólogos, que afirmaban predecir el futuro a través de las prácticas del ocultismo. Eran muy hábiles en comunicar su mensaje con autoridad, como si lo recibieran directamente de sus dioses. Sin embargo Daniel y los otros jóvenes judíos tenían además de conocimiento, discernimiento, que era un don de Dios. Por eso el rey estaba más complacido con ellos que con los otros. Pero Daniel y sus amigos no hacían alarde de su sabiduría, porque eran conscientes que esa sabiduría venía de Dios, por estar relacionados con Él.

Aprendieron la cultura babilónica, procuraron la excelencia al hacer los trabajos encomendados, sirvieron al pueblo lo mejor que pudieron, pero pidieron la ayuda de Dios para hacer su tarea y mantuvieron su integridad hasta el fin de sus días.

“Y continuó Daniel hasta el año primero del rey Ciro” (Daniel 1: 21).

Daniel fue uno de los primeros cautivos llevados a Babilonia. Él también vivió lo suficiente como para ver el primer contingente de los desterrados que regresaron a Jerusalén en el año 538 A. de C., en tiempos de Ciro. A lo largo de todo ese tiempo honró a Dios en toda circunstancia, incluso poniendo en peligro su vida, y Dios lo honró a él. Mientras servía como consejero de los reyes de Babilonia, Daniel era el vocero de Dios ante el imperio Babilónico, que era una nación malvada, pero hubiera sido peor sin la influencia de Daniel y sus amigos.

     EL SUEÑO DE NABUCODONOSOR

   Comentarios previos

El capítulo dos de Daniel relata la historia de un sueño que tuvo Nabucodonosor, rey de Babilonia. “En el segundo año del reinado de Nabucodonosor, tuvo Nabucodonosor sueños, y se perturbo su espíritu y se le fue el sueño”. (Daniel 2: 1).

Este versículo es uno de los más utilizados por los críticos para intentar desacreditar el libro de Daniel diciendo que fue escrito alrededor del año 165 antes de Cristo, en tiempos de Antíoco Epífanes.

Este estudio tiene como objetivo demostrar que este libro es real, escrito por Daniel en tiempos del imperio babilónico y principios del imperio medo persa, tal como lo leemos en el libro mismo. La explicación la encontramos en el mismo libro, y se puede demostrar fehacientemente que no tiene ni un solo error.

Daniel es un libro citado por el mismo Jesucristo. Si los críticos demostraran que no es real, entonces los detractores del libro podrían afirmar que Jesús no se percató de ese detalle y como Hijo de Dios tendría que saberlo perfectamente. En ese caso no sería el Hijo de Dios. Por eso es tan importante demostrar que no tiene ningún error, que Daniel vivió realmente en el siglo sexto antes de Cristo, y que Jesucristo es realmente el hijo de Dios.

Nabucodonosor estaba en una campaña militar en el año 605 antes de Cristo tratando de conquistar el reino de Judá, cuando se entera que su padre, Nabupolazar, rey de Babilonia había fallecido. Por lo tanto regresa a Babilonia para tomar el reino, en un viaje relámpago a través del desierto de Arabia, siendo coronado rey el 7 de septiembre de ese año. Una vez afirmado en el trono regresa a Judá para completar la conquista de Jerusalén, cosa que sucede ese mismo año, y fue en esa oportunidad en que Daniel y sus amigos son tomados prisioneros y llevados a Babilonia, en un viaje a través de la media luna fértil, viaje que duraba meses.

En el capítulo primero Daniel nos relata los hechos que sucedieron en los primeros años de su estadía en Babilonia. Fue seleccionado por su inteligencia junto con tres amigos también judíos, para aprender toda la ciencia, cultura y demás conocimientos que debían tener quienes estaban destinados para ser consejeros del rey y ser funcionarios suyos. Ese curso duraba tres años completos, al final de ellos fueron presentados al rey, quien los encontró diez veces mejores que cualquier otro que había realizado los mismos estudios. (Daniel 1: 20). Esto nos llevaría a pensar que la presentación al rey fue realizado como mínimo después del cuarto año de reinado en adelante y no en el segundo año del reinado de Nabucodonosor, como dice Daniel 2:1.

La explicación a este dilema se encuentra en la misma biblia. En el capítulo cinco de Daniel se nos relata la historia de la escritura en la pared, hecho que sucede en el año 539 antes de Cristo, el mismo día en que Ciro, rey de Persia conquista Babilonia y la incorpora a su reino. En esa fecha gobernaba en Babilonia Belsasar, hijo de Nabonido, en calidad de regente. Fueron llamados los sabios de Babilonia (magos, caldeos y adivinos) para que interpretasen la escritura, pero ninguno de ellos la pudo leer o interpretar.

Ante la desesperación de Belsasar, interviene su madre y le dice lo siguiente: “La reina, por las palabras del rey y de sus príncipes, entró a la sala del banquete, y dijo: Rey, vive para siempre; no te turben tus pensamientos, ni padezca tu rostro. En tu reino hay un hombre en el cual mora el espíritu de los dioses santos, y en los días de tu padre se halló en el luz e inteligencia y sabiduría, como sabiduría de los dioses; al que el rey Nabucodonosor tu padre, oh rey, constituyó jefe sobre todos los magos, astrólogos, caldeos y adivinos, por cuanto fue hallado en el mayor espíritu y ciencia y entendimiento para interpretar sueños y descifrar enigmas y resolver dudas; esto es, en Daniel, al cual el rey puso por nombre Beltsasar. Llámese, pues ahora a Daniel, y él te dará la interpretación” (Daniel 5: 10-12).

Como ya se ha aclarado, estas palabras fueron dichas por la reina madre a su hijo Belsasar, hijo de Nabonido, quien es llamado aquí Nabucodonosor. Éste no era descendiente de Nabucodonosor, hijo de Nabupolazar, de linaje real, quien gobernó desde el año 605 antes de Cristo hasta el año 562 antes de Cristo, sino un plebeyo quien gobernó a partir del año 556 A. de C. Por lo tanto la historia contada por Daniel en el capítulo dos se ubicaría en el año 555 A. de C. que es el segundo año de su reinado, y como vimos en este párrafo es llamado Nabucodonosor. De esta manera queda demostrado que no hay ningún error en el primer versículo del capítulo dos.

La reina madre también le aclara que este Daniel era capaz de interpretar sueños, descifrar enigmas y resolver dudas. El segundo capítulo de Daniel trata precisamente de ese tema, de ese sueño, suceso acaecido dieciséis años antes de la aparición de la escritura en la pared.

¿Quién era Nabonido?

Después de la Muerte de Nabucodonosor, le sucede en el trono su hijo Amel Marduk (o Evil Marduk), llamado Evil-merodach en la Biblia,por dos años. Luego le sigue Neriglisar por 3 años. (559-556 A. de C.). A continuación de éste gobierna Babilonia su hijo Labaski-Marduk, que fue asesinado después de dos meses en el trono. Los conspiradores eligieron a un plebeyo llamado Nabonido como rey.

Según los datos que nos proporciona la historia, basados en investigaciones y escritos de la época obtenidos en excavaciones nos dicen que: “Nabonid o Nabonido (556-539 A. de C.) fue uno de los monarcas mesopotámicos más extraordinarios que tuvo Babilonia –hijo de Nabubalatsu-iqbi, gobernador de Harran, y de Adad-guppi, sacerdotisa de la diosa luna Sin en aquella ciudad. Nabonid probablemente tenía ya sesenta años cuando subió al trono, después de haber servido varios años a Nabucodonosor en sus campañas militares”.

El capítulo segundo de Daniel trata el tema del sueño de Nabucodonosor. “En el segundo año del reinado de Nabucodonosor, tuvo Nabucodonosor sueños, y se perturbó su espíritu y se le fue el sueño” (Daniel 2:1),

Este acontecimiento sucedió en el segundo año del reinado de Nabonido, quién era llamado Nabucodonosor, y se ubicaría en el año 555 antes de Cristo. Este sueño lo perturbó quitándole el sueño, preocupado por su significado. Nabonido era muy devoto de la diosa Sin, cuya madre fue sacerdotisa de dicha diosa en Harrán, (ubicado en la actual Turquía), y su hija fue sacerdotisa de la misma diosa en la ciudad de Ur, ubicada en la provincia de Babilonia, actual Irak.

“Hizo llamar el rey a magos, astrólogos, encantadores y caldeos, para que le explicasen sus sueños. Vinieron, pues, y se presentaron delante del rey. Y el rey les dijo: He tenido un sueño, y mi espíritu se ha turbado por saber el sueño. Entonces hablaron los caldeos al rey en lengua aramea: Rey. Para siempre vive; di el sueño a tus siervos, y te mostraremos la interpretación. Respondió el rey y dijo a los caldeos: El asunto lo olvidé, si no me mostráis el sueño y su interpretación, seréis hechos pedazos, y vuestras casas serán convertidas en muladares. Y si me mostrareis el sueño y su interpretación, recibiréis de mí dones y favores y gran honra. Decidme, pues, el sueño y su interpretación. Respondieron por segunda vez, y dijeron: diga el rey el sueño a sus siervos, y le mostraremos la interpretación. El rey respondió y dijo. Yo conozco ciertamente que vosotros ponéis dilaciones, porque veis que el asunto se me ha ido. Si no me mostráis el sueño, una sola sentencia hay para vosotros. Ciertamente preparáis respuesta mentirosa y perversa que decir delante de mí, entre tanto que pasa el tiempo. Decidme, pues, el sueño, para que yo sepa que me podéis dar su interpretación. Los caldeos respondieron delante del rey, y dijeron: No hay hombre sobre la tierra que pueda declarar el asunto del rey; además de esto, ningún rey, príncipe ni señor preguntó cosa semejante a ningún mago ni astrólogo ni caldeo. Porque el asunto que el rey demanda es difícil, y no hay quien lo pueda declarar al rey, salvo los dioses cuya morada no es con la carne. Por esto el rey con ira y con gran enojo mandó que matasen a todos los sabios de Babilonia” (Daniel 2: 2-12).

Este párrafo nos muestra la gran preocupación que tenía el rey por saber el sueño que tuvo y su correspondiente interpretación. Evidentemente su espíritu estaba influenciado por sus creencias en muchos dioses y diosas en quienes creía, basándose muchas veces en supersticiones de todo tipo. Llama entonces a todos los magos, astrólogos, encantadores y caldeos del reino para que le aclaren el asunto. No recuerda el sueño y pretende que los sabios le digan el sueño junto con la correspondiente interpretación, tarea que no se encuentra en manos humanas para resolver. Lo destacable de este párrafo es que Daniel y sus amigos no fueron llamados en dicha ocasión. Los magos tratan de hacerle entender al rey la imposibilidad de satisfacer sus demandas, pero el rey, al no obtener una respuesta favorable a su pedido, condena a muerte a todos los sabios del reino.

En el capítulo 1 versículos 20 y 21 dice: “En todo asunto de sabiduría e inteligencia que el rey les consultó, los halló diez veces mejores que todos los magos y astrólogos que había en todo su reino. Y continuó Daniel hasta el año primero del rey Ciro”. Este párrafo nos dice que el rey Nabucodonosor, hijo de Nabupolazar, los tenía en alta estima, y las respuestas que le daban a sus consultas eran diez veces mejores que cualquier sabio de Babilonia. Y que tal situación continuó durante todo el tiempo posterior que duró el reino, hasta el año 539, en que Babilonia cae en manos de Ciro, rey de Persia. Por lo tanto es prácticamente imposible que Nabucodonosor, hijo de Nabupolazar no los hubiera consultado. Pero este acontecimiento sucedió durante el reinado de Nabonido, a quien llamaban también Nabucodonosor (Daniel 5: 14), quién era plebeyo y por lo tanto no conocía a Daniel y sus amigos y por lo tanto éstos no fueron llamados por el rey. Este hecho nos demuestra que el Nabucodonosor que había tenido el sueño no era la misma persona que Nabucodonosor, hijo de Nabupolazar que siempre los consultaba para resolver sus problemas porque los consejos que estos cuatro siervos de Dios le daban era superiores a los que le daban los demás sabios.

La Palabra de Dios continúa diciendo; “Y se publicó el edicto de que los sabios fueran llevados a la muerte; y buscaron a Daniel y a sus compañeros para matarlos” (Daniel 2: 13). Evidentemente el rey estaba bastante enojado, podríamos decir furioso, porque los sabios se declararon incapaces de dar una respuesta al Rey. También vemos que son buscados Daniel y sus compañeros para darles muerte, pero a estos no se les había llamado, para explicar el sueño y su interpretación.

“Entonces Daniel habló sabia y prudentemente a Arioc, capitán de la guardia del rey, que había salido para matar a los sabios de Babilonia. Habló y dijo a Arioc capitán del rey: ¿cuál es la causa de que este edicto se publique de parte del rey tan apresuradamente? Entonces Arioc hizo saber a Daniel lo que había. Y Daniel entró y pidió al rey que le diese tiempo, y que él mostraría la interpretación al Rey” (Daniel 2: 14-16).

Vemos que Daniel se entera del edicto del rey que ordena matar a todos los sabios en ese momento, lo que prueba que él no había sido consultado con anterioridad. Como primer paso averigua los motivos de la medida adoptada, y que el capitán de la guardia quiere cumplir con rapidez. Ante la respuesta recibida Daniel se apresura a entrar a la presencia del rey y le pide tiempo para mostrar al rey el sueño y su correspondiente interpretación. Según estos versículos Daniel y sus amigos no tenían la menor idea de lo que había acontecido. También podemos ver que el rey no deseaba matar a los sabios, sino que quería que le dijeran el sueño y le dieran su correspondiente interpretación, y si bien no figura ninguna respuesta del rey, se sobreentiende que le es concedido el plazo solicitado por Daniel.

“Luego se fue Daniel a su casa e hizo saber lo que había a Ananías, Misael y Azarías, sus compañeros, para que pidiesen misericordias del Dios del cielo sobre este misterio, a fin de que Daniel y sus compañeros no pereciesen con los otros sabios de Babilonia” (Daniel 2: 17-18).

El ejemplo dado por Daniel debería ser imitado por todos los cristianos en cualquier crisis que pudiera surgir. Vemos que éste, una vez que sale de la presencia del rey va a su casa y les cuenta a sus tres amigos lo que estaba pasando, pidiendo que oren al Señor, clamando por misericordia al Dios del cielo, a fin de que la pena de muerte no se cumpliera sobre ellos.

“Entonces el secreto fue revelado a Daniel en visión de noche, por lo cual bendijo Daniel al Dios del cielo” (Daniel 2: 19).

Este versículo nos muestra que el Dios del cielo da una respuesta favorable a Daniel, gracias a la confianza que este tenía en su Señor, y a las oraciones de sus tres amigos que suplicaron a Dios por misericordia. También nosotros en la actualidad debemos tener la misma confianza en nuestro Dios, dado que Él siempre contesta nuestras oraciones. La respuesta puede ser en algunos casos negativa, pero siempre será favorable para nuestra vida espiritual, puesto que el Señor nos dará lo mejor. Además vemos que Daniel no actuó solo, sino buscó ayuda de otros que tenían la misma fe y también habían puesto su confianza en ese Dios. También nosotros debemos actuar con la misma humildad, más aún cuando sabemos que se avecinan tiempos peligrosos para nuestra vida espiritual.

“Y Daniel habló y dijo: Sea bendito el nombre de Dios de siglos en siglos, porque suyos son el poder y la sabiduría. El muda los tiempos y las edades; quita reyes, y pone reyes; da la sabiduría a los sabios, y la ciencia a los entendidos. El revela lo profundo y escondido; conoce lo que está en tinieblas, y con él mora la luz. A ti, oh Dios de mis padres, te doy gracias y te alabo, porque me has dado sabiduría y fuerza, y ahora me has revelado lo que te pedimos, pues nos has dado a conocer el asunto del rey” (Daniel 2: 20-23).

Esta oración de agradecimiento y acción de gracias hechas por Daniel y dirigidas al Padre Celestial demuestran su humildad, también la confianza que había depositado en su Creador. Es un ejemplo digno de imitar por nosotros en la actualidad. La alabanza y la acción de gracias deben ser siempre parte de nuestras oraciones, ya que Él nos ha dado tanto, a tal punto que entregó a su hijo unigénito a la muerte para que tengamos eterna salvación.

                “Después de esto fue Daniel a Arioc, al cual el rey había puesto para matar a los sabios de Babilonia, y le dijo así: No mates a los sabios de Babilonia; llévame a la presencia del rey, y yo le mostraré la interpretación” (Daniel 2: 24).

                Una vez que Daniel recibió la respuesta de parte del Dios de los cielos del sueño de Nabucodonosor, y de agradecerle por eso, se apresura a presentarse ante Arioc, quien había recibido la orden de matar a todos los sabios, a fin de que suspenda la ejecución. Además le solicita que lo lleve a la presencia del Rey para mostrarle el sueño que había tenido y su correspondiente interpretación.

“Entonces Arioc llevó prontamente a Daniel ante el rey, y le dijo así: He hallado un varón de los deportados de Judá, el cual dará al rey la interpretación. Respondió el rey y dijo a Daniel, al cual llamaban Beltsasar: ¿Podrás tú hacerme conocer el sueño que vi, y su interpretación? Daniel respondió delante del rey, diciendo: El misterio que el rey demanda, ni sabios, ni astrólogos, ni magos ni adivinos lo pueden revelar al rey. Pero hay un Dios en los cielos, el cual revela los misterios, y Él ha hecho saber al rey Nabucodonosor lo que ha de acontecer en los postreros días; he aquí tu sueño, y las visiones que has tenido en tu cama” (Daniel 2: 25-28).

Vemos en este párrafo que Arioc lleva a Daniel sin pérdida de tiempo ante el rey, y lo presenta como uno de los deportados de Judá. La pregunta que le hace el rey a Daniel “¿Podrás tú hacerme conocer el sueño que vi, y su interpretación?” nos demuestra que el rey no conocía a Daniel, lo que sería imposible si tenemos en cuenta lo dicho en el cap. 1º versículo 20, sino que este párrafo nos dice este rey era Nabonido a quién llamaban Nabucodonosor, según Daniel 5: 11. Recordemos que este suceso acontece en el segundo año de su reinado según Daniel 2: 1, o sea el año 555 antes de Cristo, con un Daniel de más de 60 años de edad.

“Estando tú, oh rey, en tu cama, te vinieron pensamientos por saber lo que había de ser en lo por venir; y el que revela los misterios te mostró lo que ha de ser. Y a mí me ha sido revelado este misterio, no porque en mí haya más sabiduría que en todos los vivientes, sino para que se dé a conocer al rey la interpretación, y para que entiendas los pensamientos de tu corazón” (Daniel 2: 29-30).

Daniel le informa al rey que el sueño y su correspondiente interpretación no pueden ser realizados por ningún sabio o adivino o astrólogo que habite en la tierra, sino solamente por el Dios verdadero que está en los cielos. Le revela al rey que él, Daniel, no tiene la capacidad para saber el sueño ni su interpretación sin la ayuda de Dios.

                En el párrafo comprendido entre los versículos 31 al 45 del capítulo 2, Daniel nos cuenta el sueño y su correspondiente interpretación. Esta narración nos muestra en un orden perfecto lo que acontecerá en el futuro, hasta la segunda venida del Rey de Reyes, o sea Jesucristo, y su reino eterno en la tierra. Los críticos trataron y tratan de probar que este libro de Daniel fue escrito mucho tiempo después y que por lo tanto es una fábula o un cuento, ya que no reconocen que el poder de Dios es superior al de cualquier hombre.

                Si llegaran a demostrar que las profecías de Daniel son un invento de alguien que vivió en el 2do siglo antes de Cristo, también tratarán de demostrar que el libro de Apocalipsis escrito a fines del primer siglo por el apóstol Juan, también sería un invento, y los eventos escritos en ese libro no tendrían ningún valor, pero todos los cristianos de todas las épocas pueden tener la seguridad de que el Libro de Daniel fue escrito por él mismo, y las profecías detalladas en ese libro se han cumplido en gran parte, restando algunas que tendrán cumplimiento cierto en el futuro.

                Así también las profecías del Apocalipsis se cumplirán totalmente, tal como fueron predichas, ya que muchas de esas profecías concuerdan con las de Daniel, y/o son complementarias entre sí.

“Entonces el rey Nabucodonosor se postró sobre su rostro y se humilló ante Daniel, y mandó que le ofreciesen presentes e incienso. El rey habló a Daniel, y dijo: Ciertamente el Dios vuestro es Dios de dioses, y Señor de los reyes, y el que revela los misterios, pues pudiste revelar este misterio” (Daniel 2: 46-47).

El rey, como leemos, reconoce al Dios de los cielos como el Dios supremo, pero le faltó una cosa, la más importante: no se humilló ante ese Dios ni le aceptó como Señor de su vida, ya que dice: “Ciertamente el Dios vuestro es Dios de dioses, y Señor de los reyes” y continuó adorando a los dioses paganos que él conocía. Ese Dios poderoso era el de Daniel y sus amigos, no el Dios suyo.

También en nuestra época tenemos muchos que creen en la existencia de Dios, como ser supremo, pero en sus vidas siguen por sus propios caminos, sin un cambio de vida real. En el juicio ante el gran trono blanco detallado en Apocalipsis 20:11-15, verán que sus nombres no están registrados en el Libro de la Vida, y por lo tanto no tendrán un lugar en el nuevo reino que Jesucristo nos está preparando.

Entonces el rey engrandeció a Daniel, y le dio muchos honores y grandes dones, y le hizo gobernador de toda la provincia de Babilonia, y jefe supremo de todos los sabios de Babilonia. Y Daniel solicitó del rey, y obtuvo que pusiera sobre los negocios de la provincia de Babilonia a Sadrac, Mesac, y Abed nego; y Daniel estaba en la corte del rey” (Daniel 2: 48-49)

En estos dos versículos finales se nos cuenta del premio que el rey le da a Daniel por haber dado a conocer su sueño y su interpretación. Daniel rechaza el premio, y le ruega que los beneficiarios sean sus tres amigos, que oraron junto a él para que Dios le revele a Daniel el sueño y puedan así salvar sus vidas, junto a todos los otros sabios de Babilonia. Daniel permanece en la corte al servicio directo del rey de Babilonia hasta el año 539 A. de Cristo.

LA ESTATUA DE ORO

“El rey Nabucodonosor hizo una estatua de oro cuya altura era de sesenta codos, y su anchura de seis codos; la levantó en el campo de Dura, en la provincia de Babilonia” (Daniel 3:1).

En este párrafo podemos observar que el rey Nabucodonosor (Nabonido), si bien había reconocido en el capítulo anterior, en relación al sueño que Daniel le interpretó, la superioridad del Dios de Daniel, en realidad no se humilló ante Él, ni le adoró como Dios de Dioses y Señor de Señores, sino que continuó adorando a sus propios dioses paganos. Aquí vemos que dicho rey hace construir una estatua de oro que levanta, según el relato bíblico en el campo de Dura. No se sabe a ciencia cierta la ubicación exacta del lugar, pero los estudiosos opinan que estaba ubicado en Tell Der, a unos 27 Km. al SO de la actual ciudad de Bagdad.

“Y envió el rey Nabucodonosor a que se reuniesen los sátrapas, los magistrados y capitanes, oidores, tesoreros, consejeros, jueces y todos los gobernadores de las provincias, para que viniesen a la dedicación de la estatua que el rey Nabucodonosor había levantado” (Daniel 3: 2).

No solo continuó el rey adorando esos dioses paganos sino también quiere obligar a todos los que tenían autoridad sobre el pueblo a hacer lo mismo, llegando al extremo de intimarlos a adorar su estatua de oro. En realidad no se sabe a ciencia cierta si la estatua de oro era la representación de algún dios, o la representación de él mismo, pero es un ejemplo de idolatría extrema. También hoy hay quienes dirigen sus plegarias a estatuas y/o imágenes, en lugar de dirigirse directamente en espíritu al único Dios verdadero. Al final de los tiempos, cuando reine el anticristo, éste también obligará a toda la humanidad a adorarle a él como si fuera Dios. La conducta adoptada por los amigos de Daniel es un digno ejemplo de imitar para todos aquellos que deberán pasar por esa difícil prueba.

“Fueron, pues reunidos los sátrapas, magistrados, capitanes, oidores, tesoreros, consejeros, jueces, y todos los gobernadores de las provincias a la dedicación de la estatua que el rey Nabucodonosor había levantado; y estaban en pie delante de la estatua que había levantado el rey Nabucodonosor. Y el pregonero anunciaba en alta voz: mándase a vosotros, oh pueblos, naciones y lenguas, que al oír el son de la bocina, de la flauta, del tamboril, del arpa, del salterio, de la zampoña y de todo instrumento de música, os postréis y adoréis la estatua de oro que el rey Nabucodonosor ha levantado; y cualquiera que no se postre y adore, inmediatamente será echado dentro de un horno de fuego ardiendo. Por lo cual, al oír todos los pueblos el son de la bocina, del salterio, de la zampoña y de todo instrumento de música, todos los pueblos, naciones y lenguas se postraron y adoraron la estatua de oro que el rey Nabucodonosor había levantado” (Daniel 3: 3-7).

Es interesante este párrafo, ya que nos detalla que prácticamente todos debían adorar dicha estatua. Quienes se oponían y no lo hacían serían echados en un horno de fuego ardiendo, perdiendo así sus vidas. Leemos al final de este párrafo que: “todos los pueblos, naciones y lenguas se postraron y adoraron la estatua de oro que el rey Nabucodonosor había levantado”. Si comparamos este párrafo con el capítulo 13 de Apocalipsis, vemos que al final de los tiempos, inmediatamente antes de la venida de nuestro Señor Jesucristo, vendrá un ser con poder otorgado por el mismo Satanás, quien obligará a toda la humanidad a adorar su persona. Quienes no lo hagan, correrán peligro de perder sus vidas. Será un trato igual o parecido a lo que debieron sufrir los babilonios. La diferencia está en que los habitantes de Babilonia eran paganos y no tenían ningún problema en arrodillarse ante una estatua. En cambio, al final de los tiempos, los que tendrán problemas serán los cristianos verdaderos, que desean ser fieles al Señor Jesús hasta el final de sus días, tal como lo hicieron en aquella oportunidad los amigos de Daniel.

“Por esto en aquel tiempo algunos varones caldeos vinieron y acusaron maliciosamente a los judíos. Hablaron y dijeron al rey Nabucodonosor: Rey, para siempre vive. Tú, oh rey, has dado una ley que todo hombre, al oír el son de la bocina, de la flauta, del tamboril, del arpa, del salterio, de la zampoña y de todo instrumento de música, se postre y adore la estatua de oro; y el que no se postre y adore, sea echado dentro de un horno de fuego ardiendo. Hay unos varones judíos, los cuales pusiste sobre los negocios de la provincia de Babilonia: Sadrac, Mesac, y Abed-nego; estos varones, oh rey, no te han respetado, no adoran tus dioses, ni adoran la estatua de oro que has levantado” (Daniel 3: 8-12).

Como vemos aquí, no todos adoraron los dioses paganos de Babilonia, ni la estatua de oro que el rey Nabucodonosor había levantado. Siempre a través de la historia hubo hombres y/o mujeres que se han opuesto a renegar del Dios verdadero. Serán los menos pero los hubo en el pasado y también en la actualidad tenemos ejemplos de ese tipo que deberíamos imitar. Estos fueron denunciados por aquellos que no tenían problemas de adorar dioses paganos y/o estatuas, ya que ellos creían en dichos dioses falsos y ponían su confianza en ellos. Al final de los tiempos la mayoría de los habitantes del planeta tierra, no tendrán problemas de adorar al anticristo, ya que en cierta manera traerá prosperidad económica a este mundo, que es lo que los hombres anhelan tener. En tiempos de Jesús el pueblo judío rechazó al mesías esperado, porque no les trajo la libertad política que ellos querían. Cuando venga el anticristo (anticristo significa: en lugar de cristo), será aceptado como el mesías esperado porque les dará las cosas que ellos desean tener. No solo eso sino denunciarán a aquellos que no adoran a la bestia (el anticristo), y que se nieguen a llevar la marca correspondiente en la frente o la mano derecha.

“Entonces Nabucodonosor dijo con ira y con enojo que trajesen a Sadrac, Mesac y Abed-nego. Al instante fueron traídos estos varones delante del rey. Habló Nabucodonosor y les dijo: ¿Es verdad, Sadrac, Mesac y Abed-nego, que vosotros no honráis a mi dios, ni adoráis la estatua de oro que he levantado?” (Daniel 3: 13-14).

Nabucodonosor, al enterarse que tenía súbditos que no obedecían sus órdenes y no adoraban a sus dioses ni tampoco su estatua se llena de ira. En Daniel 2: 47, el rey había dicho: “ciertamente el Dios vuestro es Dios de dioses, y Señor de los reyes”, cuando Daniel le reveló el sueño que había tenido y su significado. Eso nos dice que no basta con reconocer que Dios es Poderoso, y que no hay otro como él. Recordemos que también los demonios creen y tiemblan. Por lo tanto es necesario aceptarlo en nuestro corazón y hacer su voluntad. Caso contrario no tiene ningún valor. El rey había reconocido el poder superior de ese Dios, pero no lo aceptó como su único Dios, sino que continuó adorando a los dioses paganos en quienes sí creía. Él dice; “Ciertamente el Dios vuestro es Dios de Dioses, y Señor de los reyes”. Al decir el Dios vuestro, reconoce con esto que es el Dios de Daniel y sus amigos, pero que no es su Dios. También en el día de hoy hay personas que creen en Dios, pero no están dispuestos a hacer su voluntad.

Los datos históricos verídicos que podemos disponer en la actualidad, nos informan que Nabonido era hombre religioso y gran creyente en la tradición. Nombró a su hija En-nigaldi-Nanna, como sacerdotisa de la diosa Sin en Ur. Su madre era sacerdotisa de dicha diosa en Harrán. Al igual que su madre, Nabonido (o Nabucodonosor) era devoto de la diosa Sin, promoviendo su culto y reconstruyendo los templos de esa diosa en Ur y Harrán. También reconstruyó los templos de otros dioses en varias ciudades de su reino, lo que nos dice que para él, el Dios de Daniel era simplemente otro Dios, pero no el suyo.

“Ahora, pues, ¿estáis dispuestos para que al oír el son de la bocina, de la flauta, del tamboril, del arpa, del salterio, de la zampoña y de todo instrumento de música, os postréis y adoréis la estatua que he hecho? Porque si no la adorareis, en la misma hora seréis echados en medio de un horno de fuego ardiendo; ¿y qué dios será aquel que os libre de mis manos?” (Daniel 3: 15).

Con esta amenaza tal vez pensó que los tres amigos de Daniel, quienes en ese momento eran los gobernadores de Babilonia, cederían en su actitud y adorarían la estatua de oro como todos los demás. No podía aceptar que algunos de sus súbditos no obedecieran sus órdenes. Al decir: “¿y qué dios será aquel que os libre de mis manos”?, se hace a si mismo superior a cualquier dios, incluso al Dios de Dioses y Señor de los reyes, igual que la determinación del Ángel de luz mucho tiempo atrás, que se transformó en Satanás, el gran enemigo de Dios y de Jesucristo, y persiguió y persigue a todos aquellos que han depositado su confianza en el Creador y han aceptado a Jesucristo como el salvador de sus vidas.

Sadrac, Mesac y Abed-nego respondieron al rey Nabucodonosor, diciendo: no es necesario que te respondamos sobre este asunto. He aquí nuestro Dios a quien servimos puede librarnos del horno de fuego ardiendo; y de tu mano, oh rey, nos librará. Y si no, sepas, oh rey, que no serviremos a tus dioses, ni tampoco adoraremos la estatua que has levantado” (Daniel 3: 16-18).

La respuesta que dieron los tres amigos de Daniel es un claro modelo que deberán imitar en el futuro los verdaderos creyentes durante la gran tribulación. Pese a todas las circunstancias que se presenten debemos permanecer fieles a nuestro Señor y Salvador. Ellos estaban seguros que Dios los libraría de esa amenaza. Se pusieron en Manos de Dios y dejaron que Él haga su voluntad en ellos, pero no estaban dispuestos a adorar a otro Dios que no sea el Dios único y verdadero. En los tiempos finales, durante la gran tribulación habrá muchos que pasarán experiencias similares. En Mateo 21: 16 dice: “Mas seréis entregados aun por vuestros padres, y hermanos, y parientes, y amigos; y matarán a algunos de vosotros”. Eso nos dice que el anticristo no eliminará a todos sino como dice aquí matará a algunos. Para aquellos que deberán dar sus vidas por el Señor Jesucristo, la escritura dice lo siguiente: “Y vi tronos, y se sentaron sobre ellos los que recibieron facultad de juzgar; y vi las almas de los decapitados por causa del testimonio de Jesús y por la palabra de Dios, los que no habían adorado a la bestia ni a su imagen, y que no recibieron la marca en sus frentes ni en sus manos; y vivieron y reinaron con Cristo mil años” (Apocalipsis 20:4). Y el versículo 6 del mismo capítulo dice: Bienaventurado y santo el que tiene parte en la primera resurrección; la segunda muerte no tiene potestad sobre éstos, sino que serán sacerdotes de Dios y de Cristo, y reinarán con él mil años”. Por lo tanto no debería ser motivo de preocupación lo que nos pase en el futuro. Estamos en las manos de Dios, quien tiene el control de todo. Aquellos que ofrenden sus vidas por causa del evangelio, que perseveren hasta el fin, tendrán su premio: serán sacerdotes de Dios y de su Hijo Jesucristo durante el milenio. Pensemos también que a través de la historia han ofrendado sus vidas muchos verdaderos creyentes que no cedieron ante la presión ejercida por los gobernantes de turno. En el libro de Hechos capítulo 7 se nos relata el ejemplo de uno de los siete diáconos elegido por los apóstoles, para el servicio de las mesas. Se trata de Esteban, que termina siendo asesinado, convirtiéndose en el primer mártir de la iglesia cristiana. Posteriormente a este hecho, hay muchos que perecieron igualmente por defender su fe. El apóstol Jacobo, hermano del apóstol Juan (Hechos 12:2); luego la persecución de los césares, en el circo de Nerón, donde muchos de los cristianos eran arrojados a las fieras. Durante la edad media, las mismas autoridades religiosas llegaron a prohibir la lectura de la palabra de Dios. Hacerlo podría tener como resultado la muerte en la hoguera.

Esas persecuciones duraron durante los dos mil años de cristianismo, en diversas formas, y continúan hasta el día de hoy. Si bien en la actualidad el asesinato de los cristianos por su fe no es tan común, en un futuro cercano, cuando haga su aparición el anticristo, volverán con todas sus fuerzas las persecuciones de todo tipo, y será muy difícil ser fieles a nuestro Señor Jesús. Pero después Él vendrá como Rey de Reyes y Señor de Señores, y habrá redención y vida eterna para todos aquellos que continuaron fieles al Señor hasta el final.

“Entonces Nabucodonosor se llenó de ira, y se demudó el aspecto de su rostro contra Sadrac, Mesac y Abed-nego, y ordenó que el horno se calentase siete veces más de lo acostumbrado. Y mandó a hombres muy vigorosos que tenía en su ejército, que atasen a Sadrac, Mesac y Abed-nego, para echarlos en el horno de fuego ardiendo. Entonces estos varones fueron atados con sus mantos, sus calzas, sus turbantes y sus vestidos, y fueron echados dentro del horno de fuego ardiendo. Y como la orden del rey era apremiante, y lo habían calentado mucho, la llama del fuego mató a aquellos que habían alzado a Sadrac, Mesac y Abed-nego. Y estos tres varones, Sadrac, Mesac y Abed-nego, cayeron atados dentro del horno de fuego ardiendo.” (Daniel 3: 19-23).

Como vemos, estos tres siervos de Dios, no se postraron ante el rey Nabucodonosor ni tampoco adoraron la imagen de oro que había hecho. Prefirieron ser arrojados en un horno de fuego, una muerte terrible, antes que ceder y renegar de su Dios. Al final de los tiempos también sucederán esas cosas, según Apocalipsis capítulo 13, pero como se mencionara precedentemente, debemos mantenernos fieles a nuestro Dios y confiar en las promesas hechas por nuestro Señor y Salvador Jesucristo. Él si es su voluntad, nos librará de esa prueba, oh tal vez con nuestro ejemplo daremos testimonio claro ante el mundo, tal como lo hicieron los cristianos en los primeros siglos.

“Entonces el rey Nabucodonosor se espantó, y se levantó apresuradamente y dijo a los de su consejo: ¿No echaron a tres varones atados dentro del fuego? Ellos respondieron al rey: es verdad, oh rey. Y él dijo: He aquí yo veo cuatro varones sueltos, que se pasean en medio del fuego sin sufrir ningún daño; y el aspecto del cuarto es semejante a hijo de los dioses” (Daniel 3: 24-25).

Vemos que los amigos de Daniel fueron liberados en forma milagrosa de una muerte segura. No debemos pensar que al final de los tiempos será igual. Algunos serán librados, otros no, pero lo importante es permanecer fieles y no ceder ante las exigencias del Anticristo. En el circo de Nerón también hubo casos en que algunos fueron librados.

En 2da Timoteo 4: 15-16 podemos leer: “En mi primera defensa ninguno estuvo a mi lado, sino que todos me desampararon; no les sea tomado en cuenta. Pero el Señor estuvo a mi lado, y me dio fuerzas, para que por mí fuese cumplida la predicación, y que todos los gentiles oyesen. Así fui librado de la boca del león”. El Señor libró a Pablo de una muerte segura para que pudiera continuar con la predicación del evangelio a los gentiles. Según la tradición, fue nuevamente presentado ante el Cesar, quien en esa oportunidad le dio muerte por decapitación. El apóstol Pablo fue fiel hasta la muerte, por lo tanto tendrá la corona de la Vida.

Entonces Nabucodonosor se acercó a la puerta del horno de fuego ardiendo, y dijo: Sadrac, mesac y Abed-nego, siervos del Dios Altísimo, salid y venid. Entonces Sadrac, Mesac y Abed-nego salieron de en medio del fuego” (Daniel 3: 26).

El rey Nabucodonosor, al acercarse a la boca del horno de fuego ve que los tres amigos de Daniel estaban vivos y sin sufrir ningún daño, Ordena que salgan de ese lugar, reconociendo que ellos eran siervos del Dios Altísimo, pero nuevamente deja pasar la oportunidad y no entrega su corazón a ese Dios, que demuestra ser muy superior a todos los dioses que Nabucodonosor adoraba.

“Y se juntaron los sátrapas, los gobernadores, los capitanes y los consejeros del rey, para mirar a estos varones, cómo el fuego no había tenido poder alguno sobre sus cuerpos, ni aun el cabello de sus cabezas se había quemado; sus ropas estaban intactas, y ni siquiera olor de fuego tenían” (Daniel 3: 27).

En este párrafo vemos que todos los demás gobernantes que sí habían adorado esa imagen, se acercaron a ver a estos tres siervos del Dios vivo a quienes el fuego no había infringido ningún daño. También vemos que ninguno de esos gobernantes, cambiaron de actitud, ninguno de ellos aceptó como su Dios, al Dios verdadero.

“Entonces Nabucodonosor dijo: Bendito sea el Dios de ellos, de Sadrac, Mesac y Abed nego, que envió su ángel y libró a sus siervos que confiaron en él, y que no cumplieron el edicto del rey, y entregaron sus cuerpos antes que servir y adorar a otro dios que su Dios. Por tanto, decreto que todo pueblo, nación o lengua que dijese blasfemia contra el Dios de Sadrac, Mesac y Abed-nego, sea descuartizado, y su casa convertida en muladar; por cuanto no hay dios que pueda librar como éste. Entonces el rey engrandeció a Sadrac, Mesac y Abed-nego en la provincia de Babilonia” (Daniel 3: 28-30).

En este párrafo vemos que Nabucodonosor reconoce el poder superior del Dios verdadero a quien los tres amigos de Daniel adoraban y obedecían, aunque tal decisión podría costarle la vida. Ellos le dieron toda la gloria y el honor al único Dios verdadero. Esa forma de proceder debe ser la de todos los cristianos del mundo que hayan reconocido a ese Dios como su Dios, y a Jesucristo, su hijo, que ofrendó su vida para que podamos estar por toda la eternidad en ese reino que nos está preparando. También podemos ver que nuevamente Nabucodonosor no lo reconoció como el Dios de dioses, no le entregó su corazón a Él, ni le adoró. Continuó adorando sus dioses paganos, al igual que todos las demás autoridades que gobernaban en todas las provincias de Babilonia.

LA LOCURA DE NABUCODONOSOR

El capítulo cuatro de Daniel comienza diciendo: “Nabucodonosor rey, a todos los pueblos, naciones y lenguas que moran en toda la tierra: Paz os sea multiplicada. Conviene que yo declare las señales y milagros que el Dios Altísimo ha hecho conmigo. ¡Cuán grandes son sus señales, y cuán potentes sus maravillas! Su reino, reino sempiterno, y su señorío de generación en generación” (Daniel 4: 1-3).

Aparentemente este capítulo fue escrito por el mismo rey Nabucodonosor, que Daniel incorpora en su libro. El rey relata en este capítulo una experiencia que tuvo en su vida, reconociendo al único y verdadero Dios. Dice que su reino, es un reino sempiterno, y su señorío de generación en generación. En su escrito no menciona que lo recibe en su corazón, como su Dios.

A continuación relata un sueño que lo espantó mucho, por lo que llama a todos los sabios de Babilonia para que le mostraran la interpretación del sueño, sin resultado positivo.

El último en ser llamado fue Daniel, y el rey lo expresa de esta manera: “Y vinieron magos, astrólogos, caldeos y adivinos, y les dije el sueño, pero no me pudieron mostrar su interpretación, hasta que entró delante de mi Daniel, cuyo nombre es Beltsasar, como el nombre de mi dios, y en quien mora el espíritu de los dioses santos. Conté delante de él el sueño, diciendo: Beltsasar, jefe de los magos, ya que he entendido que hay en ti espíritu de los dioses santos, y que ningún misterio se te esconde, declárame las visiones de mi sueño que he visto, y su interpretación. Estas fueron las visiones de mi cabeza mientras estaba en mi cama: Me parecía ver en medio de la tierra un árbol, cuya altura era grande. Crecía este árbol, y se hacía fuerte y su copa llegaba hasta el cielo, y se le alcanzaba a ver desde todos los confines de la tierra. Su follaje era hermoso y su fruto abundante, y había en él alimento para todos. Debajo de él se ponían a la sombra las bestias del campo, y en sus ramas hacían morada las aves del cielo, y se mantenía de él toda carne. Vi en las visiones de mi cabeza mientras estaba en mi cama, que he aquí un vigilante y santo descendía del cielo. Y clamaba fuertemente y decía así: Derribad el árbol, y cortad sus ramas, quitadle el follaje, y dispersad su fruto; váyanse las bestias que están debajo de él y las aves de sus ramas. Mas la cepa de sus raíces dejaréis en la tierra, con atadura de hierro y de bronce entre la hierba del campo; sea mojado con el rocío del cielo, y con las bestias sea su parte entre la hierba de la tierra. Su corazón de hombre sea cambiado, y le sea dado corazón de bestia, y pasen sobre él siete tiempos. La sentencia es por decreto de los vigilantes, y por dicho de los santos la resolución, para que conozcan los vivientes que el Altísimo gobierna el reino de los hombres, y que a quien él quiere lo da, y constituye sobre él al más bajo de los hombres. Yo el rey Nabucodonosor he visto este sueño. Tú, pues, Beltsasar, dirás la interpretación de él, porque todos los sabios de mi reino no han podido mostrarme su interpretación; mas tú puedes, porque mora en ti el espíritu de los dioses santos” (Daniel 4; 7-18).

Pese a lo que dice Nabucodonosor al comenzar su discurso reconociendo las señales y milagros que el Dios altísimo ha hecho con él, menciona que ninguno de los magos, astrólogos, caldeos y adivinos pudieron interpretar el sueño. En el versículo 8 de este capítulo Nabucodonosor dice: “Hasta que entró delante de mi Daniel, cuyo nombre es Beltsasar, como el nombre de mi dios, y en quien mora el espíritu de los dioses santos”, reconociendo que el Dios de Daniel era superior, pero que su dios es Beltsasar.

Daniel queda atónito y sorprendido por el sueño, y por casi una hora no se atrevió a interpretar el sueño a Nabucodonosor. Éste le insiste que le dé la interpretación con éstas palabras: “Beltsasar, no te turben ni el sueño ni su interpretación” (Daniel 4: 19).

“Beltsasar respondió y dijo: Señor mío, el sueño sea para tus enemigos, y su interpretación para los que mal te quieren. El árbol que viste, que crecía y se hacía fuerte, y cuya copa llegaba hasta el cielo, y que se veía desde todos los confines de la tierra, cuyo follaje era hermoso, y su fruto abundante, y en que había alimento para todos, debajo del cual moraban las bestias del campo, y en cuyas ramas anidaban las aves del cielo, tú mismo eres, oh rey, que creciste y te hiciste fuerte, pues creció tu grandeza y ha llegado hasta el cielo, tu dominio hasta los confines de la tierra. Y en cuanto a lo que vio el rey, un vigilante y santo que descendía del cielo y decía: Cortad el árbol y destruidlo; mas la cepa de sus raíces dejareis en la tierra. Con atadura de hierro y de bronce en la hierba del campo; y sea mojado con el rocío del cielo, y con las bestias del campo sea su parte, hasta que pasen sobre él siete tiempos; esta es la interpretación, oh rey, y la sentencia del Altísimo, que ha venido sobre mi señor el rey. Que te echarán de entre los hombres, y con las bestias del campo será tu morada, y con hierba del campo te apacentarán como a los bueyes, y con el rocío del cielo serás bañado; y siete tiempos pasarán sobre ti, hasta que conozcas que el Altísimo tiene dominio en el reino de los hombres, y que lo da a quien él quiere. Y en cuanto a la orden de dejar en la tierra la cepa de las raíces del mismo árbol, significa que tu reino te quedará firme, luego que reconozcas que el cielo gobierna” (Daniel 4: 20-26).

Como puede verse, la interpretación no era favorable para el rey Nabucodonosor, sino todo lo contrario. Se le advierte que será castigado por su soberbia, y que tal castigo duraría hasta que reconociera que el cielo, (o sea el Dios de Daniel) es quien gobierna sobre los hombres en esta tierra.

“Por tanto, oh rey, acepta mi consejo: tus pecados redime con justicia, y tus iniquidades haciendo misericordias para con los oprimidos, pues tal vez será eso una prolongación de tu tranquilidad” (Daniel 4: 27).

Daniel le aconseja al soberano cambiar su actitud, dejar de hacer lo malo, y tener misericordia para los que se encontraban oprimidos. En una palabra le pide que se arrepienta de sus pecados y que gobierne conforme a la voluntad de Dios, y pueda salvarse del castigo anunciado que recibiría.

“Al cabo de doce meses, paseando en el palacio real de Babilonia, habló el rey y dijo: ¿No es esta la gran Babilonia que yo edifiqué para casa real con la fuerza de mi poder, y para gloria de mi majestad? Aún estaba la palabra en la boca del rey, cuando vino una voz del cielo: A ti se te dice: rey Nabucodonosor: El reino ha sido quitado de ti; y de entre los hombres te arrojarán, y con las bestias del campo será tu habitación, y como a los bueyes te apacentarán; y siete tiempos pasarán sobre ti, hasta que reconozcas que el Altísimo tiene el dominio en el reino de los hombres, y lo da a quien él quiere” (Daniel 4: 30-32).

Evidentemente el Rey no atendió los consejos de Daniel, continuó en su soberbia, tal como lo hacían casi todos los reyes de la antigüedad, y como continúan haciendo casi todos los gobiernos hasta el día de hoy. Él hace alarde de la belleza de la capital de Babilonia, diciendo que todas esas obras, eran hechura suya, para su gloria. Es en ese momento que una voz le repite las palabras que Daniel le dijera en la interpretación del sueño que tuviera un año antes. Pierde en esa oportunidad todo lo que para él era valioso.

“En la misma hora se cumplió la palabra sobre Nabucodonosor, y fue echado de entre los hombres; y comía hierba como los bueyes, y su cuerpo se mojaba con el rocío del cielo, hasta que su pelo creció como plumas de águila, y sus uñas como las de las aves” (Daniel 4: 33).

Como vemos, la profecía sobre las consecuencias que sufriría el rey Nabucodonosor en caso de no cambiar de actitud, y no haber reconocido a Dios como el único que dirige el destino de los hombres, se cumple en su totalidad. Dios no quería destruir al rey sino que comprendiera que sobre su poder (el de Nabucodonosor) estaba el Señor Dios, el Dios de Daniel y sus amigos, y que Él, solamente Él tiene en sus manos todo el poder, y a quien Él quiere lo da. El rey desde ese momento deja de vivir como lo hacen los seres humanos y pasa a vivir como un simple animal.

“Mas al fin del tiempo yo Nabucodonosor alcé mis ojos al cielo, y mi razón me fue devuelta; y bendije al Altísimo, y alabé y glorifiqué al que vive para siempre, cuyo dominio es sempiterno, y su reino por todas las edades. Todos los habitantes de la tierra son considerados como nada; y él hace según su voluntad en el ejército del cielo, y en los habitantes de la tierra, y no hay quien detenga su mano, y le diga ¿Qué haces?” (Daniel 4:34-35).

Al cabo de los siete años que según la profecía duraría su estado de locura, recupera su razón. Bendice y alaba al Dios de los cielos, y lo reconoce como el que tiene el dominio por toda la eternidad.

“En el mismo tiempo mi razón me fue devuelta, y la majestad de mi reino, mi dignidad y mi grandeza volvieron a mí, y mis gobernadores y mis consejeros me buscaron; y fui restablecido en mi reino, y mayor grandeza me fue añadida. Ahora yo Nabucodonosor alabo, engrandezco y glorifico al Rey del cielo, porque todas sus obras son verdaderas, y sus caminos justos; y él puede humillar a los que andan con soberbia” (Daniel 4; 36-37).

Conforme a esta declaración hecha por Nabucodonosor, junto con la razón, le fueron devueltos su reino, du dignidad, y su grandeza. Él completa su declaración, alabando, engrandeciendo y glorificando al Rey del cielo, porque sus obras son verdaderas y sus caminos justos. Y tiene el poder de humillar a todos los que andan con soberbia. Pero no lo reconoció como su Dios. Continuó adorando a los dioses paganos en quienes creía.

Esta historia relatada por el rey Nabucodonosor fue y es aún muy ridiculizada por los críticos del libro de Daniel. Según datos históricos que disponemos a la fecha, se sabe muy poco de los últimos 30 años de la vida del rey Nabucodonosor, hijo de Nabupolazar, quien gobernó entre los años 605 al 562 Antes de Cristo. Tampoco se tienen noticias de que haya estado ausente del país durante tanto tiempo, ni que sufriera de locura como lo detalla el libro de Daniel.

Por otro lado cabe recordar que el capítulo uno de dicho libro, corresponde al período en que en Babilonia gobernaba Nabucodonosor, hijo de Nabupolazar, pero desde el capítulo dos al capítulo cinco, corresponden al período en que gobernaba Babilonia Nabonido, a quién Daniel también llamaba Nabucodonosor.

Según datos históricos que encontramos en nuestros días, de éste último rey se sabe lo siguiente: “Nabonido (o Nabonid) gobernó Babilonia entre los años 556 y 539 Antes de Cristo. Subió al trono después de varios años de servicio al rey Nabucodonosor, hijo de Nabupolazar”.

“Era un hombre religioso y gran creyente en la tradición. Nombró a su hija En-nigaldi-Nanna sacerdotisa del dios Sin (dios de la Luna en Mesopotamia) en Ur. Tal como lo fue su madre, fue devoto del dios de la luna Sin, promoviendo su culto y reconstruyendo los templos de Sin en Ur y Harrán”.

“A causa de la preferencia de Nabonido por el dios Sin de Harran, los sacerdotes de las ciudades sagradas de todo el reino de Babilonia pusieron objeciones al reinado de Nabonido, y – supuestamente a causa de su traición a los dioses babilónicos – las enfermedades y el hambre azotaron a Babilonia”.

“Como respuesta, el propio Nabonido abandonó Babilonia y fue a Taima, al NO de Arabia. No se conocen las fechas exactas de este exilio. En sus inscripciones Nabonido afirmaba haber estado entre los árabes durante 10 años, a partir del 549 antes de Cristo.

“La propaganda persa posterior sugirió que Nabonido fue un hereje que ignoró el culto al dios Marduk, principal dios de Babilonia”.

En la Plegaria de Nabonido, encontrada con los Manuscritos del Mar Muerto, se le describía como aquejado de furúnculos malignos. Parece igualmente probable que Nabonido, como se sugiere en su propia inscripción y en la de Ciro, y como se recoge en la Biblia, fue a Taima a causa de la interpretación de un sueño o augurio.”. (Datos extraídos de la obra: Atlas Culturales del Mundo – Mesopotamia – Volumen II).

Como puede verse por los datos que nos proporciona la historia, Nabonido, a quien Daniel llamaba Nabucodonosor, estuvo ausente de Babilonia a partir del año 549 Antes de Cristo, por el término de siete años. Luego, al regresar de su exilio, recupera todos los atributos que tenían los soberanos de ese tiempo y que había perdido siete años antes, tal como lo menciona el libro de Daniel.

LA ESCRITURA EN LA PARED

“El rey Belsasar hizo un gran banquete a mil de sus príncipes, y en presencia de los mil bebía vino. Belsasar, con el gusto del vino, mandó que trajesen los vasos de oro y de plata que Nabucodonosor su padre había traído del templo de Jerusalén, para que bebiesen en ellos el rey y sus príncipes, sus mujeres y sus concubinas. Entonces fueron traídos los vasos de oro que habían traído del templo de la casa de Dios que estaba en Jerusalén, y bebieron en ellos el rey y sus príncipes, sus mujeres y sus concubinas. Bebieron vino, y alabaron a los dioses de oro y de plata, de bronce, de hierro, de madera y de piedra. En aquella misma hora aparecieron los dedos de una mano de hombre, que escribía delante del candelero sobre lo encalado de la pared del palacio real, y el rey veía la mano que escribía” (Daniel 5: 1-5).

Fueron los babilonios los que destruyeron Jerusalén completamente en el año 586 Antes de Cristo, y trajeron a su capital todos los vasos sagrados que eran utilizados para el uso en el Templo de Salomón, el cual también fue destruido. Dios había permitido esto por la desobediencia del pueblo judío a las leyes y ordenanzas que les había dado en el monte Sinaí, por intermedio de Moisés. Pero no estaba dispuesto a permitir que los objetos sagrados, destinados a la alabanza de su nombre fueran utilizados para alabar a dioses paganos. También hoy debemos tener cuidado de no profanar las cosas sagradas. En esa circunstancia aparece una mano que realiza una escritura en la pared, a la vista de todos los que estaban participando de la fiesta.

Aquí se menciona que “Belsasar, con el gusto del vino, mandó que trajesen los vasos de oro y de plata que Nabucodonosor su padre había traído del templo de Jerusalén”. Sabemos que Belsasar era hijo de Nabonido, pero era llamado Nabucodonosor por Daniel, y según datos históricos participó en la toma de Jerusalén y su destrucción. No existen datos fidedignos sobre quién fue el encargado de transportar esos vasos sagrados desde Jerusalén a Babilonia.

“Entonces el rey palideció, y sus pensamientos lo turbaron, y se debilitaron sus lomos, y sus rodillas daban la una contra la otra. El rey gritó en alta voz que hiciesen venir magos, caldeos y adivinos; y dijo el rey a los sabios de Babilonia: cualquiera que lea esta escritura y me muestre su interpretación, será vestido de púrpura, y un collar de oro llevará en su cuello, y será el tercer señor en el reino” (Daniel 5: 6-7).

                Belsasar no era el rey sino el regente que gobernaba en nombre del rey Nabonido, su padre. Según datos históricos, en ese día se celebraban festividades en homenaje a dioses paganos, que muchas veces terminaban en orgías. Su actitud demuestra una actitud de total desprecio por el Dios verdadero, a quien debía conocer por las experiencias que tuvo su padre Nabonido. En su desesperación por saber que significaba esa escritura llama a todos los sabios, magos, caldeos y adivinos, pero Daniel no es llamado, lo que demuestra que los creyentes no eran tenidos en cuenta en su reino, tal como pasa en la actualidad con la mayoría de los gobiernos del mundo.

Entonces fueron introducidos todos los sabios del rey, pero no pudieron leer la escritura ni mostrar al rey su interpretación” (Daniel 5: 8).

Tal como había acontecido con su padre varios años antes en oportunidad del sueño de Nabonido, historia relatada en el capítulo II de Daniel, los sabios paganos de Babilonia no pudieron interpretar la escritura en la pared. Vemos que el Señor Dios revela en ciertos casos su voluntad solo a los que son fieles hijos suyos, y que lo han aceptado como el Señor de sus vidas.

“Entonces el rey Belsasar se turbó sobremanera, y palideció, y sus príncipes estaban perplejos. La reina, por las palabras del rey y de sus príncipes, entró a la sala del banquete, y dijo: Rey, vive para siempre; no te turben tus pensamientos, ni palidezca tu rostro. En tu reino hay un hombre en el cual mora el espíritu de los dioses santos, y en los días de tu padre se halló en él luz e inteligencia y sabiduría, como sabiduría de los dioses; al que el rey Nabucodonosor tu padre, oh rey constituyó jefe sobre todos los magos, astrólogos, caldeos y adivinos, por cuanto fue hallado en él mayor espíritu y ciencia y entendimiento, para interpretar sueños y descifrar enigmas y resolver dudas; esto es, en Daniel al cual el rey puso por nombre Beltsasar. Llámese, pues, ahora a Daniel, y él te dará la interpretación.” (Daniel 5: 9-12).

Al ver tan desesperado al rey, interviene su madre. Esposa de Nabonido, llamado por Daniel Nabucodonosor, y le recuerda lo acontecido años antes, relacionado con el sueño que tuvo, historia relatada en el capítulo segundo de Daniel. Es indudable que la madre del rey recordaba con detalles dicha experiencia, y le recomienda a su hijo que Daniel, llamado Beltsasar, sea llamado, ya que él podría descifrar la escritura.

“Entonces Daniel fue traído delante del rey. Y dijo el rey a Daniel; ¿Eres tú aquel Daniel de los hijos de los cautivos de Judá, que mi padre trajo de Judea? Yo he oído de ti que el espíritu de los dioses santos está en ti, y que en ti se halló luz, entendimiento y mayor sabiduría. Y ahora fueron traídos delante de mí sabios y astrólogos para que leyesen esta escritura y me diesen su interpretación; pero no han podido mostrarme la interpretación del asunto. Yo, pues, he oído de ti que puedes dar interpretaciones y resolver dificultades. Si ahora puedes leer esta escritura y darme su interpretación, serás vestido de púrpura, y un collar de oro llevarás en tu cuello, y serás el tercer señor en el reino” (Daniel 5: 13-16).

Vemos que Daniel es traído ante el rey, y que éste reconoce que en Daniel existía mayor luz, mayor entendimiento y mayor sabiduría que en los demás sabios. Es común en este mundo que los hombres prefieren pedir consejos a hombres que no son siervos del Dios de los cielos. Estos, en la mayoría de los casos, no tienen una respuesta correcta, o simplemente dan consejos equivocados. En muchos casos hasta los mismos hijos de Dios se sienten inclinados a buscar consejos en otros hombres en lugar de implorar a Dios que les guíe en sus caminos. El rey le promete a Daniel muchas cosas, entre ellas nombrarlo tercer Señor en el reino, que serían: Nabonido (Nabucodonosor), Su hijo Belsasar en calidad de Regente, y en tercer lugar Daniel.

“Entonces Daniel respondió y dijo delante del rey: Tus dones sean para ti, y da tus recompensas a otros. Leeré la escritura al rey, y le daré la interpretación. El Altísimo Dios, oh rey, dio a Nabucodonosor tu padre el reino y la grandeza, la gloria y la majestad. Y por la grandeza que le dio, todos los pueblos, naciones y lenguas temblaban y temían delante de él. A quien quería mataba, y a quien quería daba vida; engrandecía a quien quería, y a quien quería humillaba. Mas cuando su corazón se ensoberbeció, y su espíritu se endureció en su orgullo, fue depuesto del trono de su reino, y despojado de su gloria. Y fue echado de entre los hijos de los hombres, y su mente se hizo semejante a la de las bestias, y con los asnos monteses fue su morada. Hierba le hicieron comer como a buey, y su cuerpo fue mojado con el rocío del cielo, hasta que reconoció que el Altísimo Dios tiene dominio sobre el reino de los hombres, y que pone sobre él al que le place. Y tú, su hijo Belsasar, no has humillado tu corazón, sabiendo todo ello; sino que contra el Señor del cielo te has ensoberbecido, e hiciste traer delante de ti los vasos de su casa, y tú y tus grandes, tus mujeres y tus concubinas, bebisteis vino en ellos, además diste alabanza a dioses de plata y de oro, de bronce, de hierro, de madera y de piedra, que ni ven, ni oyen, ni saben; y al Dios en cuya mano está tu vida, y cuyos son todos sus caminos, nunca honraste. Entonces de su presencia fue enviada la mano que trazó esta escritura. Y la escritura que trazó es: MENE, MENE, TEKEL, UPARSIN. Esta es la interpretación del asunto: MENE: Contó Dios tu reino, y le ha puesto fin. TEKEL: Pesado has sido en balanza, y fuiste hallado falto. PEREZ: Tu reino ha sido roto, y dado a los medos y a los persas” (Daniel 5: 17-28).

Daniel rechaza en primer lugar los obsequios que recibiría en caso de interpretar la escritura. Luego le aclara al rey los motivos por los cuales el Señor del cielo ha resuelto castigar al rey y dar el reino a los Medos y Persas. Lo que terminó por indignar a Dios fue el mal uso que hizo el rey con los vasos de oro y plata, que estaban destinados para la alabanza de Dios, y no para la alabanza de los dioses paganos. Cuidemos nosotros de alabar solo a Dios, y no ofrecerlos a otros dioses. Daniel le recrimina al rey que, aunque sabía lo acontecido a su padre Nabonido, que es echado del palacio, perdiendo el reino, su dignidad y su gloria, siendo obligado a comer hierba al igual que los animales. Por su soberbia no prestó atención a ese castigo que le fue advertido en varias oportunidades. Él, su hijo, hace cosas peores, como era el de utilizar los vasos sagrados del templo de Dios en Jerusalén para honrar dioses paganos.

“Entonces mandó Belsasar vestir a Daniel de púrpura, y poner en su cuello un collar de oro, y proclamar que él era el tercer señor del reino. La misma noche fue muerto Belsasar rey de los caldeos. Y Darío de Media tomó el reino, siendo de sesenta y dos años” (Daniel 5: 30-31).

Las festividades relatadas aquí no las celebraban solo los gobernantes y príncipes, sino todo el pueblo. Este hecho produjo un descuido en el cuidado de los muros y puertas de acceso a Babilonia, permitiendo así que el rey persa Ciro, pudiera entrar y tomar dicha ciudad prácticamente sin luchar. Belsasar, el rey que gobernaba como regente pierde su vida y desde ese día Babilonia es incorporada al imperio medo-persa. En cuanto al rey Nabonido (Nabucodonosor), se creyó durante mucho tiempo que fue hecho prisionero, pero según versiones históricas más recientes, Ciro lo nombró gobernador en la provincia de Carmania, al Sur de Irán.

DANIEL EN EL FOSO DE LOS LEONES

“Pareció bien a Darío constituir sobre el reino ciento veinte sátrapas, que gobernasen en todo el reino. Y sobre ellos tres gobernadores, de los cuales Daniel era uno, a quienes estos sátrapas diesen cuenta, para que el rey no fuese perjudicado. Pero Daniel mismo era superior a estos sátrapas y gobernadores, porque había en él un espíritu superior; y el rey pensó en ponerlo sobre todo el reino” (Daniel 6: 1-3).

Darío fue nombrado por Ciro para gobernar Babilonia, divide el reino administrativamente en 120 distritos, constituyendo en cada uno de ellos un gobernador o sátrapa. Sobre ellos tres gobernadores, a quienes debían dar cuenta de sus actos los 120 sátrapas, esto para no perjudicar a quien estaba al frente del reino. Actualmente se utiliza un sistema similar en algunos países, donde el rey o presidente coloca al frente a un primer ministro, quien es responsable de todos los actos de gobierno. En caso de suscitarse algún problema el rey o presidente no es el responsable. Leemos aquí que Daniel era superior a todos los gobernadores y sátrapas, y el rey pensó ponerlo sobre todo el reino, algo parecido a un primer ministro.

Entonces los gobernadores y sátrapas buscaban ocasión para acusar a Daniel en lo relacionado al reino, mas no podían hallar ocasión alguna o falta, porque él era fiel, y ningún vicio ni falta fue hallado en él.” (Daniel 6: 4).

Los gobernadores y los sátrapas se llenaron de envidia contra Daniel y buscaban oportunidad para destruirlo. No pudieron encontrar ni una sola falta en su accionar, porque él era fiel en todo lo que hacía dentro del gobierno civil de ese reino. Es indudable que en nuestros tiempos sería muy difícil para los verdaderos cristianos tener una conducta intachable como la tuvo Daniel, porque serían objeto de persecuciones de todo tipo por parte de aquellos que sí son corruptos.

“Entonces dijeron aquellos hombres: No hallaremos contra este Daniel ocasión alguna para acusarle, si no la hallamos contra él en relación con la ley de su Dios. Entonces estos gobernadores y sátrapas se juntaron delante del rey y le dijeron así: ¡Rey Darío, para siempre vive! Todos los gobernadores del reino, magistrados, sátrapas, príncipes y capitanes han acordado por consejo que promulgues un edicto real y lo confirmes, que cualquiera que en el espacio de treinta días demande petición de cualquier dios u hombre fuera de ti, oh rey, sea echado en el foso de los leones. Ahora, oh rey, confirma el edicto y fírmalo, para que no pueda ser revocado, conforme a la ley de Media y de Persia, la cual no puede ser abrogada. Firmó, pues, el rey Darío el edicto y la prohibición” (Daniel 6: 5-9).

Vemos que prácticamente todos los gobernadores y sátrapas del reino de Babilonia se pusieron de acuerdo para destruir a Daniel. No habían entendido que su Dios era superior a cualquiera de los dioses que ellos adoraban. Pensaron que el poder de ese Dios era similar a cualquier dios pagano de ellos. El rey se sintió homenajeado por la oferta recibida de ser objeto de adoración exclusiva de todo el pueblo, sin excepciones, por lo que firma el edicto correspondiente sin problemas. También en la actualidad tenemos gobernantes que pretenden un trato similar de parte de sus súbditos, especialmente si no son creyentes en Cristo, ni creen en la infalibilidad de la Palabra de Dios, que dice que el único que merece toda alabanza y toda adoración es el Cordero de Dios, que dio su vida para nuestra salvación eterna.

Cuando Daniel supo que el edicto había sido firmado, entró en su casa, y abiertas las ventanas de su cámara que daban hacia Jerusalén, se arrodillaba tres veces al día, y oraba y daba gracias delante de su Dios, como lo solía hacer antes” (Daniel 6: 10).

Leyendo este párrafo podría pensarse que Daniel hizo esto para provocar a los otros pares, pero al leer que habría las ventanas para orar y dar gracias, “como lo solía hacer antes”, nos damos cuenta que no hubo ningún cambio en su forma de adoración. Recordemos que los judíos oraban tres veces al día, adorando en dirección al lugar en que se ubicaba la capital de su pueblo: Jerusalén, y en donde se ubicaba el templo, que a esa fecha estaba destruido.

Entonces se juntaron aquellos hombres, y hallaron a Daniel orando y rogando en presencia de su Dios. Fueron luego ante el rey y le hablaron del edicto real: ¿No has confirmado edicto que cualquiera que en el espacio de treinta días pida a cualquier dios u hombre fuera de ti, oh rey, sea echado en el foso de los leones? Respondió el rey diciendo: Verdad es, conforme a la ley de Media y de Persia, la cual no puede ser abrogada. Entonces respondieron y dijeron delante del rey: Daniel, que es de los hijos de los cautivos de Judá, no te respeta a ti, oh rey, ni acata el edicto que confirmaste, sino que tres veces al día hace su petición” (Daniel 6: 11-13).

En este párrafo vemos que esos hombres lograron su objetivo, para destruir totalmente a ese Daniel, que se encontraba sobre ellos, y gozaba de mejor aprecio por parte del rey, gracias a su capacidad, y también porque realizaba sus tareas en el reino con total fidelidad.

Recordemos que Daniel a esa fecha ya era un anciano de más de ochenta años. Fue llevado prisionero en el año 605 Antes de Cristo, teniendo a esa fecha entre 15 a 20 años, y este acontecimiento sucede después del año 539 A. de Cristo, fecha en que Darío es nombrado gobernador de la provincia de Babilonia, o sea que Daniel tenía entre 81 y 86 años.

Otro cambio que vemos es el medio de ejecución. Los babilonios ejecutaban a los condenados a muerte por medio de un horno de fuego. Para los persas el fuego era algo sagrado, y por lo tanto los condenados a muerte eran arrojados a un foso con leones hambrientos.

“Cuando el rey oyó el asunto, le pesó en gran manera, y resolvió librar a Daniel; y hasta la puesta del sol trabajó para librarle. Pero aquellos hombres rodearon al rey y le dijeron: Sepas, oh rey, que es ley de Media y de Persia que ningún edicto u ordenanza que el rey confirme puede ser abrogado” (Daniel 6: 14-15).

El rey Darío se dio cuenta de que había caído en una trampa, y trató por todos los medios de librar a Daniel pero no pudo, ya que una ley firmada y sellada con el sello real debía ser cumplida. No había autoridad alguna que pudiera cambiar dicha norma o hacer excepciones. También hoy podemos tomar decisiones que podrían parecernos buenas, pero que al final resultan malas. Como cristianos debemos tener cuidado de que lo que hagamos esté de acuerdo con la voluntad de Dios y sus leyes.

“Entonces el rey mandó, y trajeron a Daniel. Y le echaron en el foso de los leones. Y el rey dijo a Daniel: El Dios tuyo, a quien tú continuamente sirves, él te libre. Y fue traída una piedra y puesta sobre la puerta del foso, la cual selló el rey con su anillo y con el anillo de sus príncipes, para que el acuerdo acerca de Daniel no se alterase. Luego el rey se fue a su palacio, y se acostó ayuno, ni instrumentos de música fueron traídos delante de él, y se le fue el sueño” (Daniel 6:16-18).

El edicto del rey fue finalmente cumplido, siendo arrojado Daniel al foso de los leones. Vemos que el rey, pese a ser pagano, pone su esperanza en el Dios de Daniel. La frase que dice: “El Dios tuyo, a quien tú continuamente sirves, él te libre” nos dice que el Rey Darío se había arrepentido de la mala decisión tomada. Las palabras del rey nos dicen también que Daniel no renegaba de Dios, sino que lo servía siempre, dando buen testimonio de su fe ante un mundo corrupto e incrédulo. Pronto llegará el día, cuando el anticristo tenga todo el poder, será un momento difícil de ser fiel a Dios, pero aquellos que tengan que pasar por esa prueba pueden tener la seguridad que el Señor no los abandonará en los momentos de prueba, como tampoco abandonó a Daniel en ese momento.

Es interesante ver que aquellos hombres que querían destruir a Daniel tomaron todos los recaudos para que la pena de muerte se cumpliera en su totalidad, y así se verían librados de ese funcionario que era un ejemplo de honestidad, requisito que ellos no cumplían, al igual que la mayoría de los funcionarios que están al frente de los gobiernos en la actualidad.

“El rey., pues, se levantó muy de mañana, y fue apresuradamente al foso de los leones. Y acercándose al foso llamó a voces a Daniel con voz triste, y le dijo: Daniel, siervo del Dios viviente, el Dios tuyo, a quien tú continuamente sirves, ¿te ha podido librar de los leones? (Daniel 6: 20).

Darío no pudo dormir esa noche, pensando en lo acontecido, que en definitiva era su exclusiva responsabilidad. Se levanta muy de mañana para ir al lugar donde se encontraba el foso de los leones y pregunta con voz triste si Daniel había sido librado de esa muerte tan horrenda. Tenía la esperanza remota que el Dios de Daniel tenía el poder de librarlo de los leones hambrientos, cosa que él como rey no pudo hacer. Al decir “Daniel, siervo del Dios viviente, el Dios tuyo, a quien continuamente sirves” está reconociendo el poder superior que tenía el Dios del cielo.

“Entonces Daniel respondió al rey: Oh Rey, vive para siempre. Mi Dios envió su ángel, el cual cerró la boca de los leones, para que no me hiciesen daño, porque ante él fui hallado inocente, y aun delante de ti, oh rey yo no he hecho nada malo” (Daniel 6: 21-22).

Daniel prontamente responde a la pregunta del rey, afirmando que su Dios envió su ángel para salvarle su vida, manifestando además que ante ese Dios fue hallado inocente, y proclama ante el rey que él no había hecho nada malo como para merecer la pena de muerte.

“Entonces se alegró el rey en gran manera a causa de él, y mandó sacar a Daniel del foso; y fue Daniel sacado del foso, y ninguna lesión se halló en él, porque había confiado en su Dios” (Daniel 6: 23).

El rey ordena sacar del foso de los leones a Daniel, constatando que no había sufrido ningún daño, porque había confiado en su Dios. También nosotros debemos confiar en nuestro Dios, como lo hizo Daniel, ya que así daremos un buen testimonio del Dios a quien servimos, y por añadidura tendremos un lugar en el reino de los cielos, lugar que nos está preparando el mismo Señor Jesucristo.

“Y dio orden el rey, y fueron traídos aquellos hombres que habían acusado a Daniel, y fueron echados en el foso de los leones ellos, sus hijos y sus mujeres; y aún no habían llegado al fondo del foso, cuando los leones se apoderaron de ellos y quebraron todos sus huesos” (Daniel 6: 24).

El castigo recibido por aquellos hombres que habían denunciado a Daniel fue la muerte de ellos y sus respectivas familias, la misma muerte que ellos habían planeado dar a Daniel. Si bien parece excesivo el castigo que Dios les dio a esos hombres, no olvidemos que Daniel era un testigo fiel en medio de esa sociedad corrupta. También debemos tener en cuenta que algún día no muy lejano se terminará el tiempo de la gracia, sonará la trompeta de Dios, y vendrá el Señor Jesús, ya no como el siervo sufriente que dio su vida por los pecados del mundo sino como el Juez que juzgará a todas las personas que habitaron alguna vez esta tierra, según sus obras. Será la muerte eterna de todos los que no quisieron recibir a Jesús como Señor. Solo se salvarán aquellos que se arrepintieron de sus pecados y aceptaron el sacrificio de Jesús, y sí lo recibieron como el Señor de sus vidas.

“Entonces el rey Darío escribió a todos los pueblos, naciones y lenguas que habitan en toda la tierra: Paz os sea multiplicada. De parte mía es puesta esta ordenanza: Que en todo el dominio de mi reino todos teman y tiemblen ante la presencia del Dios de Daniel, porque él es el Dios viviente y permanece por todos los siglos, y su reino no será jamás destruido, y su dominio perdurará hasta el fin. El salva y libra, y hace señales y maravillas en el cielo y en la tierra; él ha librado a Daniel del poder de los leones. Y este Daniel prosperó durante el reinado de Darío y durante el reinado de Ciro el persa.

Darío termina reconociendo la superioridad de Dios sobre todos los dioses paganos que él adoraba. Le reconoce como Dios supremo y ordena a todos los habitantes de su reino que teman y tiemblen ante la presencia del Dios de Daniel., pero no lo recibe como su Dios y su Señor. Tampoco ordena que sea adorado como el único Dios, y que los dioses paganos sean desechados. Recordemos también que la escritura dice: “También los demonios creen, y tiemblan”.

El capítulo termina diciendo: “Y este Daniel prosperó durante el reinado de Darío y durante el reinado de Ciro el persa”. Los acontecimientos de este capítulo tienen lugar al comienzo del reinado de Darío, en una fecha cercana al año 538 o 539 Antes de Cristo. Daniel permanece algún tiempo en ese reino, pero posteriormente fue llevado por Ciro a Persia, donde pasa los últimos años de su vida.

ORACIÓN DE DANIEL POR SU PUEBLO

“En el año primero de Darío hijo de Asuero, de la nación de los medos, que vino a ser rey sobre el reino de los caldeos, en el año primero de su reinado, yo Daniel miré atentamente en los libros el número de los años de que habló Jehová al profeta Jeremías, que habían de cumplirse las desolaciones de Jerusalén en setenta años. Y volví mi rostro a Dios el Señor, buscándole en oración y ruego, en ayuno, cilicio y ceniza” (Daniel 9: 1-3).

Este acontecimiento ocurre en el primer año del reinado de Darío de la nación de los medos, que no tenía ningún parentesco con Darío el grande de Persia, quien gobernó entre los años 522 al año 486 Antes de Cristo, luego del fallecimiento de Daniel. Hace alusión a una profecía del profeta Jeremías: “Porque así dijo Jehová: Cuando en Babilonia se cumplan los setenta años, yo os visitaré, y despertaré sobre vosotros mi buena palabra, para haceros volver a este lugar” (Jeremías 29: 10), y también: “Toda esta tierra será puesta en ruinas y en espanto; y servirán estas naciones al rey de Babilonia setenta años” (Jeremías 25: 11).

Si tenemos en cuenta que Daniel fue llevado cautivo a Babilonia en el año 605 Antes de Cristo, los 70 años se cumplirían en el año 535 Antes de Cristo. Hace su petición en el primer año del reinado de Darío, o sea el año 539 A. de C. Si bien no se habían cumplido los 70 años predichos por el profeta Jeremías, Daniel hace su oración de petición por el perdón de los pecados del pueblo judío en todos esos años, e implorando que el Señor de Señores los recuerde y les perdone sus pecados, y que en el tiempo señalado puedan retornar a su país.

Esta oración es contestada por Dios inmediatamente. Leemos en el libro de Esdras lo siguiente: “En el primer año de Ciro rey de Persia, para que se cumpliese la palabra de Jehová por boca de Jeremías, despertó Jehová el espíritu de Ciro rey de Persia, el cual hizo pregonar de palabra y también por escrito por todo su reino diciendo: Así ha dicho Ciro rey de Persia: Jehová el Dios de los cielos me ha dado todos los reinos de la tierra, y me ha mandado que le edifique casa en Jerusalén, que está en Judá. Quien haya entre vosotros de su pueblo, sea Dios con él, y suba a Jerusalén que está en Judá, y edifique la casa a Jehová Dios de Israel (él es el Dios), la cual está en Jerusalén. Y a todo el que haya quedado, en cualquier lugar donde more, ayúdenle los hombres de su lugar con plata, oro, bienes y ganados, además de ofrendas voluntarias para la casa de Dios, la cual está en Jerusalén” (Esdras 1: 1-4).

Con este decreto se reúne parte del pueblo que se encontraba disperso en Babilonia y partieron hacia la ciudad amada de Jerusalén con el objeto de reedificar el templo de Salomón que había sido destruido por los caldeos en el mes quinto a los siete días del mes, del año diecinueve de Nabucodonosor rey de Babilonia (año 586 Antes de Cristo).

“Y oré a Jehová mi Dios e hice confesión diciendo: Ahora, Señor, Dios grande, digno de ser temido, que guardas el pacto y la misericordia con los que te aman y guardan tus mandamientos; hemos pecado, hemos cometido iniquidad, hemos hecho impíamente, y hemos sido rebeldes y nos hemos apartado de tus mandamientos y de tus ordenanzas. No hemos obedecido a tus siervos los profetas, que en tu nombre hablaron a nuestros reyes, a nuestros príncipes, a nuestros padres y a todo el pueblo de la tierra. Tuya es, Señor, la justicia, y nuestra la confusión de rostro, como en el día de hoy lleva todo hombre de Judá, los moradores de Jerusalén, y todo Israel, los de cerca y los de lejos, en todas las tierras adonde los has echado a causa de su rebelión con que se rebelaron contra ti. Oh Jehová, nuestra es la confusión de rostro, de nuestros reyes, de nuestros príncipes y de nuestros padres; porque contra ti pecamos. De Jehová nuestro Dios es el tener misericordia y el perdonar, aunque contra él nos hemos rebelado, y no obedecimos a la voz de Jehová nuestro Dios, para andar en sus leyes que él puso delante de nosotros por medio de sus siervos los profetas. Todo Israel traspasó tu ley apartándose para no obedecer tu voz; por lo cual ha caído sobre nosotros la maldición y el juramento que está escrito en la ley de Moisés, siervo de Dios, porque contra él pecamos. Y él ha cumplido la palabra que habló contra nosotros y contra nuestros jefes que nos gobernaron, trayendo sobre nosotros tan grande mal; pues nunca fue hecho debajo del cielo nada semejante a lo que se ha hecho contra Jerusalén. Conforme está escrito en la ley de Moisés, todo este mal vino sobre nosotros; y no hemos implorado el favor de Jehová nuestro Dios, para convertirnos de nuestras maldades y entender tu verdad. Por tanto, Jehová veló sobre el mal y lo trajo sobre nosotros; porque justo es Jehová nuestro Dios en todas sus obras que ha hecho, porque no obedecimos a su voz. Ahora pues Señor Dios nuestro, que sacaste tu pueblo de la tierra de Egipto con mano poderosa, y te hiciste renombre cual lo tienes hoy; hemos pecado, hemos hecho impíamente. Oh Señor, conforme a todos tus actos de justicia, apártese ahora tu ira y tu furor de sobre tu ciudad Jerusalén, tu santo monte; porque a causa de nuestros pecados, y por la maldad de nuestros padres, Jerusalén y tu pueblo son oprobio de todos en derredor nuestro. Ahora pues, Dios nuestro, oye la oración de tu siervo, y sus ruegos; y haz que tu rostro resplandezca sobre tu santuario asolado, por amor del Señor. Inclina, oh Dios mío, tu oído, y oye; abre tus ojos, y mira nuestras desolaciones, y la ciudad sobre la cual es invocado tu nombre; porque no elevamos nuestros ruegos ante ti confiados en nuestras justicias, sino en tus muchas misericordias. Oye, ¨Señor; oh Señor, perdona; presta oído, Señor, y hazlo; no tardes por amor de ti mismo, Dios mío; porque tu nombre es invocado sobre tu ciudad y sobre tu pueblo” (Daniel 9:4-19).

Leyendo y estudiando la oración de Daniel, nos damos cuenta que cumple con todos los requisitos para ser escuchado por Dios. Fue hecho con toda humildad, orando por sus propios pecados, luego por los de su familia y su casa, por las autoridades y por los de todo el pueblo. Haciendo un estudio profundo de la historia del pueblo judío (tanto Israel como Judá), vemos que constantemente desobedecían las leyes y ordenanzas que el mismo Señor les había señalado. Daniel reconoce en su oración ese pecado, y que el castigo sufrido por el pueblo era totalmente justo, pero intercede ante el Señor por perdón y misericordia.

En nuestra época también observamos que el mundo entero se está apartando de las leyes y ordenanzas dadas por Dios, cambiando muchas de ellas por otras totalmente contrarias a su voluntad, como ser el matrimonio igualitario, la relajación moral, corrupción en todos los órdenes, etc. Analizando profundamente la situación actual, todo el mundo debería implorar ante nuestro creador por perdón y misericordia, por los castigos que sobrevendrán a nuestro mundo antes de la venida de nuestro Señor y Salvador Jesucristo.

Con respecto a la reconstrucción del templo, objetivo principal que tenían aquellos que volvieron de la cautividad, tuvieron un sinnúmero de dificultades. Fue comenzada la obra en el año 538 Antes de Cristo, suspendida por varios años, y comenzada nuevamente al entrar el Rey Darío el grande en el poder en el año 522 Antes de Cristo. Se completa la obra el tercer día del mes de Adar, en el año sexto del rey Darío (516 A. de Cristo), setenta (70) años y unos meses desde su destrucción, tal como lo había predicho el profeta Jeremías.

EL TIEMPO DEL FIN

“En aquel tiempo se levantará Miguel, el gran príncipe que está de parte de los hijos de tu pueblo; y será tiempo de angustia, cual nunca fue desde que hubo gente hasta entonces; pero en aquel tiempo será liberado tu pueblo, todos los que se hallan escritos en el libro. Y muchos de los que duermen en el polvo de la tierra serán despertados, unos para vida eterna, y otros para vergüenza y confusión perpetua” ( Daniel 12: 1-2).

No se incluyen en este trabajo todas las profecías sino solo algunas. Los dos primero versículos de éste capítulo se refieren a los tiempos del fin. Habla específicamente de la resurrección de todos los hombres que habitaron el planeta tierra desde la creación. Apocalipsis 20: 11- 15 trata este tema en profundidad.

“Los entendidos resplandecerán como el resplandor del firmamento; y los que enseñan la justicia a la multitud, como las estrellas a perpetua eternidad” (Daniel 12: 3).

Estos son los que han creído en el plan de salvación diseñado por el mismo Dios para todos los hombres sin distinción. Los entendidos son los que aceptaron en sus corazones dicho plan de salvación.

“Pero tú, Daniel, cierra las palabras y sella el libro hasta el tiempo del fin. Muchos correrán de aquí para allá, y la ciencia se aumentará” (Daniel 12: 4).

Es posible que Daniel no entendiera dicho mensaje, por lo que el ángel le aclara que no se preocupe, dado que dicha profecía se cumplirá cuando sea el fin de nuestro mundo, cuando Jesús venga tal como lo prometió. Habla de que la ciencia se aumentará: Nunca antes la ciencia ha aumentado en forma tan vertiginosa como en los últimos años, especialmente a partir de mediados del siglo 20.

Y yo Daniel miré, y he aquí otros dos que estaban en pie, el uno a este lado del río, y el otro al otro lado del río. Y dijo uno al varón vestido de lino, que estaba sobre las aguas del río: ¿cuándo será el fin de estas maravillas? Y oí al varón vestido de lino, que estaba sobre las aguas del río, el cual alzó su diestra y su siniestra al cielo, y juró por el que vive por los siglos, que será por tiempo, tiempos, y la mitad de un tiempo. Y cuando se acabe la dispersión del poder del pueblo santo, todas estas cosas serán cumplidas” (Daniel 12: 5-7).

Daniel ve otra señal, incomprensible para él. También se refiere al tiempo previo al fin. En tiempos de Daniel el pueblo judío pierde su libertad política, que no vuelve a recuperar hasta el año 1948 de nuestra era, o sea más de 2.500 años sin libertad, salvo un período de libertad relativa entre los años 164 al año 63 Antes de Cristo, en tiempos de los Macabeos, y la pierde nuevamente a manos del general romano Pompeyo que capturó Jerusalén y sometió todo el reino al dominio de Roma. Cuando leemos que “cuando acabe la dispersión del poder del pueblo santo, todas estas cosas serán cumplidas”, significa que a partir del año 1948 dará comienzo el tiempo del fin. Ese año se constituye nuevamente en nación el estado de Israel.

“Y yo oí, mas no entendí. Y dije: Señor mío, ¿cuál será el fin de estas cosas? El respondió: Anda, Daniel, pues estas palabras está cerradas y selladas hasta el tiempo del fin. Muchos será limpios, y emblanquecidos y purificados; los impíos procederán impíamente, y ninguno de los impíos entenderá, pero los entendidos comprenderán. Y desde el tiempo que sea quitado el continuo sacrificio hasta la abominación desoladora, habrá mil doscientos noventa días. Bienaventurado el que espere, y llegue a mil trescientos treinta y cinco días” (Daniel 12: 8-12).

Otra vez la duda de Daniel. Pregunta: “¿cuál será el fin de estas cosas?” Recibe la misma respuesta. No te preocupes, es para el tiempo del fin. Solo hay una cosa importante en esto: debemos estar preparados debidamente para cuando se produzca la venida de nuestro Señor.

“Y tú irás hasta el fin, y reposarás, y te levantarás para recibir tu heredad al fin de los días” (Daniel 12: 13)

Un final feliz para una vida consagrada como la que vivió Daniel. La promesa de que se levantará para recibir su heredad al fin de los días es la promesa de vida eterna.

Ya se ha mencionado que Daniel pasó sus últimos años en Susa, capital del imperio persa. Allí falleció, se cree en el año 533 Antes de Cristo. En la obra “Atlas Culturales del Mundo –Mesopotamia – Volumen II, podemos leer la siguiente frase: “Susa siguió siendo una ciudad importante mucho después de la caída del imperio persa y la tumba de Daniel, al O. de la Acrópolis, es todavía un importante lugar de peregrinación”

Dicha información nos dice que Daniel es un personaje real, que vivió realmente en esa parte del mundo, fue en toda su vida un fiel siervo de Dios, es realmente un ejemplo de imitar.

Como podemos apreciar, el libro de Daniel nos relata parte de su vida, su fidelidad a Dios en cualquier circunstancia en que le tocó vivir. Él prefirió ofrendar su vida física, antes que renegar del Dios en quien creía. En este libro podemos ver cómo Daniel y sus amigos enfrentaron las dificultades, que pueden ser útiles para los tiempos que se avecinan donde el anticristo ejercerá su poder satánico en todo el mundo. Daniel pudo enfrentar en ese tiempo ese poder con la fuerza que El Señor le dio. Como resultado recibió la promesa de la Vida Eterna. Jesús nos ha prometido vida eterna a todos los que permanecen fieles hasta el final. Daniel propuso en su corazón ser fiel a Dios. Nosotros debemos proponernos serle fiel a Jesús y serle fiel hasta la muerte. Recibiremos la vida eterna, tal como lo prometió.

Alberto Juan Hillmann.

Esperanza, (Pcia. Sta. Fe) 07/05/2020