HECHOS DE LOS APÓSTOLES

 

TEMA 1) INTRODUCCIÓN

Podríamos decir que el Nuevo Testamento se divide claramente en dos secciones casi iguales. La primera parte se compone de los cuatro evangelios que relatan el nacimiento, la vida, la muerte, la resurrección y la ascensión de nuestro Señor Jesucristo.

La segunda, que comienza con la Epístola a los Romanos, tiene que ver con las iglesias que surgieron después de la ascensión de Jesús. Entre ambas secciones encontramos un libro que se llama: “Hechos de los apóstoles”

Autor: el autor de este libro es Lucas. (También es autor del evangelio que lleva ese nombre). Al principio ambos. vangelio y Hechos, eran una sola obra. Posteriormente al unir los cuatro evangelios, el libro de los Hechos de los Apóstoles quedó separado. Fue escrito aproximadamente entre los años 62 a 64 de nuestra era, teniendo en cuenta que no menciona la ejecución de Pablo.

La mejor manera de valorar este libro dándole su verdadera importancia es imaginarse una Biblia en la que el libro de los Hechos no figurara. Podríamos leer la vida de Jesús, iluminada por cuatro autores diferentes, y luego seguir con el libro de Romanos, y las demás cartas, escritas por varios autores. Es obvio que falta algo. Sin Hechos, el Nuevo Testamento salta, sin previo aviso, de una ordenada historia acerca de un hombre, Jesús, a un conjunto de cartas. El libro de los Hechos de los Apóstoles es una conexión entre la obra de Jesús, y esas cartas.

Su título sugiere que contiene la historia detallada del nacimiento de la iglesia, pero esto no es tan así. No es la historia de todos los apóstoles sino solo de algunos, en especial Pedro en los primeros capítulos y luego Pablo que pasa a ser el personaje principal en la segunda parte del libro. El tema central tiene que ver más con el testimonio que los apóstoles y otros discípulos dan acerca de la vida muerte y resurrección de Jesús. Se origina en Jesús mismo y se convierte en una fuerza irresistible cuando Dios envía su Espíritu a los que creen en él.

Se detalla allí como fueron gestándose las distintas iglesias, los problemas que surgían, y las soluciones que los apóstoles daban a cada uno de esos problemas.

Jesús mismo había trazado el plan maestro cuando pronuncia sus últimas palabras dichas en la tierra, y registrada en Hechos 1:8: “pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria y hasta lo último de la tierra.” Este libro sigue ese plan.

Los primeros siete capítulos tienen como centro de atención a Jerusalén (hasta la muerte de Esteban); los cinco siguientes a Judea y Samaria; y el resto del libro, a partir del capítulo 13, comienza con el primer viaje misionero de Pablo, habla sobre la extensión del evangelio hasta los más remotos lugares de la civilización Romana, llegando en el capítulo 28 a la capital del imperio: Roma. También se visualiza el triunfo de la predicación del evangelio, que pese a las persecuciones de que fueron objeto los primeros cristianos, en tan solo unos 35 años de la ascensión, ese grupo de 12 discípulos, luego 120 (Hechos 1:15), que era el grupo inicial en el día de Pentecostés, pasan a ser una fuerza, incontenible, primero entre los judíos, luego en Asia, después penetra en la cultura griega, y llega a la capital del imperio romano.

Esta fuerza pujante que exhibió la iglesia primitiva, tal como se relata en este libro, puede ser de ejemplo para las iglesias actuales. Ellos siguieron ciertas pautas que bien pueden ser tenidas en cuenta para provocar un despertar en este mundo actual, que cada vez está más alejado de Dios.

El primer punto a tener en cuenta para que la iglesia cumpla adecuadamente con su misión en los tiempos actuales es que debe tener confianza en el cumplimiento de las promesas de Dios, tal como la tuvieron los primeros cristianos.

Promesa. (Del lat. promissa, pl. de promissus). f. Expresión de la voluntad de dar a alguien o hacer por él algo. Persona o cosa que promete por sus especiales cualidades. Augurio, indicio o señal que hace esperar algún bien. Ofrecimiento hecho a Dios o a sus santos de ejecutar una obra piadosa.. Der. Ofrecimiento solemne, sin fórmula religiosa, pero equivalente al juramento, de cumplir bien los deberes de un cargo o función que va a ejercerse

En la Biblia, la palabra Promesa generalmente se considera conectada con Juramento, o pacto.

Dios, en muchas oportunidades ha prometido cosas o hechos que tuvieron cumplimento efectivo. En los libros del Antiguo Testamento podemos trazar un esquema de las promesas divinas y su cumplimiento histórico. En esto se diferencia de los hombres y dioses paganos. Dios conoce y dirige el futuro. El punto de convergencia de las promesas hechas a Abraham, Moisés, David, etc., es Jesucristo. Todas las promesas se confirman en Él y por medio de él a la iglesia.

El Libro de los Hechos comienza con un breve detalle de los últimos momentos que Jesús pasó por este mundo, junto a sus discípulos, y les pide que queden en Jerusalén hasta el cumplimiento de una de sus promesas que se cumpliría en breve tiempo: “Y estando juntos, les mandó que no se fueran de Jerusalén, sino que esperasen la promesa del Padre, la cual, les dijo, oísteis de mí. Porque Juan ciertamente bautizó con agua, mas vosotros seréis bautizados con el Espíritu Santo dentro de no muchos días” (Hechos 1:4 - 5).

La promesa del Espíritu Santo la había realizado Jesús con anterioridad, antes de su crucifixión en Juan 14: 15-26. “Si me amáis, guardad mis mandamientos. Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre: el Espíritu de verdad, al cual el mundo no puede recibir, porque no le ve, ni le conoce; pero vosotros le conocéis, porque mora con vosotros, y estará en vosotros. No os dejaré huérfanos, vendré a vosotros. Todavía un poco, y el mundo no me verá más; pero vosotros me veréis; porque yo vivo, vosotros también viviréis. En aquel día vosotros conoceréis que yo estoy en mi Padre, y vosotros en mí y yo en vosotros. El que tiene mis mandamientos, y los guarda, ése es el que me ama; y el que me ama, será amado por mi Padre, y yo le amaré y me manifestaré a él. Le dijo Judas (no el Iscariote): Señor, ¿cómo es que te manifestarás a nosotros y no al mundo? Respondió Jesús y le dijo: El que me ama, mi palabra guardará; y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada con él. El que no me ama, no guarda mis palabras; y la palabra que habéis oído no es mía, sino del Padre que me envió. Os he dicho estas cosas estando con vosotros. Mas el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y los recordará todo lo que yo os he dicho”.

Durante el juicio de Jesús, su crucifixión, su muerte y posterior resurrección, los apóstoles prácticamente se olvidaron de sus enseñanzas y de sus promesas. Claro, ellos esperaban que Jesús cumpliría su ministerio sentándose en el trono de David y liberando al pueblo judío de la esclavitud de Roma.

En Lucas leemos el relato de dos discípulos que iban camino a Emaús: “Y he aquí, dos de ellos iban el mismo día a una aldea llamada Emaús, que estaba a sesenta estadios de Jerusalén. E iban hablando entre sí de todas aquellas cosas que habían acontecido. Sucedió que mientras hablaban y discutían entre sí, Jesús mismo se acercó, y caminaba con ellos. Mas los ojos de ellos estaban velados, para que no le conociesen. Y les dijo: ¿Qué pláticas son estas que tenéis entre vosotros mientras camináis, y por qué estáis tristes? Respondiendo uno de ellos les dijo: ¿Eres tú el único forastero de Jerusalén que no has sabido las cosas que en ella han acontecido en estos días? Entonces él les dijo: ¿Qué cosas? Y ellos le dijeron: De Jesús nazareno, que fue varón profeta, poderoso en obra y en palabra delante de Dios y de todo el pueblo; y cómo le entregaron los principales sacerdotes y nuestros gobernantes a sentencia de muerte, y le crucificaron. Pero nosotros esperábamos que él era el que había de redimir a Israel; y ahora, además de todo esto, hoy es ya el tercer día que esto ha acontecido. Aunque también nos han asombrado unas mujeres de entre nosotros, las que antes del día fueron al sepulcro; y como no hallaron su cuerpo, vinieron diciendo que también habían visto visión de ángeles quienes dijeron que él vive. Y fueron algunos de los nuestros al sepulcro, y hallaron así como las mujeres habían dicho, pero a él no le vieron” (Lucas 24: 13-24).

Analizando esta conversación realizada por dos de los discípulos de Jesús de nos damos cuenta de que hasta ellos mismos esperaban que Jesús iba a proclamarse el Rey de los judíos, e iba a liberar al pueblo judío de la esclavitud en la que vivían hacía más de 600 años. Desde que el rey babilónico Nabucodonosor, tomara el país y destruyera el templo, en el año 586 antes de Cristo, habían perdido su libertad política y no la habían recuperado aún hasta esa fecha. Jesús se encarga de aclararles que él no había venido para ser Rey de Reyes en ese tiempo, sino que había venido para liberar a toda la humanidad de la esclavitud del pecado.

“Entonces él les dijo: ¡Oh insensatos, y tardes de corazón para creer todo lo que los profetas han dicho! ¿No era necesario que el Cristo padeciera estas cosas, y que entrara en su gloria? Y comenzando desde Moisés, y siguiendo por todos los profetas, les declaraba en todas las Escrituras lo que de él decían” (Lucas 24: 25-27).

Es evidente que sus discípulos no habían entendido las enseñanzas que Jesús les impartiera mientras duró su ministerio en esta tierra. mas él, en el mismo día de su resurrección, se encarga de recordarles sus enseñanzas, que coincidían plenamente con lo que de él decían las Sagradas Escrituras.

“Y aconteció que estando sentado con ellos a la mesa, tomó el pan y lo bendijo, lo partió y les dio. Entonces les fueron abiertos los ojos, y le reconocieron; mas él se desapareció de su vista. Y se decían el uno al otro: ¿No ardía nuestro corazón en nosotros, mientras nos hablaba en el camino, cuando nos abría las Escrituras? Y levantándose en la misma hora volvieron a Jerusalén, y hallaron a los once reunidos, y a los que estaban con ellos, que decían: Ha resucitado el Señor verdaderamente, y ha aparecido a Simón. Entonces ellos contaban las cosas que les habían acontecido en el camino, y como le habían reconocido al partir el pan” (Lucas 24: 30-35).

Fue en ese día cuando los discípulos de Jesús comprendieron el motivo de su venida a este mundo, no como Rey sino como siervo, que terminaría su ministerio ofrendando su vida para la salvación de todos los hombres que creyeran en él. Comprendieron entonces cuán grande era el amor de Dios para con los hombres que estuvo dispuesto a mandar a su Hijo para que todos pudieran llegar a ser salvos y tener derecho a la vida eterna. Era el día de pascua de resurrección. Cincuenta días después de estos acontecimientos, en el día de pentecostés, nace la iglesia, que predica desde entonces al mundo lo que Jesús había hecho a favor de la humanidad, tarea que continúa hasta la fecha, y seguirá hasta que Jesucristo retorne a este mundo

. Después de la ascensión de Jesús, los discípulos continuaron en el aposento alto, donde moraban algunos de los discípulos, esperando la promesa de la venida del Espíritu Santo, prometido por el mismo Jesús, quién les guiaría en la titánica tarea de predicar ese evangelio de salvación a todos los hombres,.

“Todos éstos perseveraban unánimes en oración y ruego, con las mujeres, y con María la madre de Jesús, y con sus hermanos” (Hechos 1:14).

Ellos, antes de iniciar la gran obra de predicación del evangelio de salvación de Jesucristo a todo el mundo, comenzaron con un período de oración, en forma unánime, (o sea sin discrepancias), todos con el mismo sentir, todos sujetos completamente a la voluntad del Señor Jesús.

En éste versículo se nombra a María, la madre de Jesús. Es la última vez que se la menciona en la biblia..

TEMA 2) EL NACIMIENTO DE LA IGLESIA

Cincuenta días después de la pascua judía, se celebraba otra fiesta importantes: Pentecostés, o también llamada Fiesta de las Semanas. Según una tradición rabínica, la Fiesta de las Semanas celebraba el aniversario de la entrega de la Ley en el Sinaí. En la festividad de ese año, fue utilizada por el mismo Dios para hacer oír su voz por todas las naciones de la tierra, que vinieron ese año a conmemorar dicha fiesta (Setenta según el cómputo rabínico).

“Cuando llegó el día de Pentecostés, estaban todos unánimes juntos. Y de repente vino del cielo un estruendo como de un viento recio que soplaba, el cual llenó toda la casa donde estaban sentados; y se le aparecieron lenguas repartidas como de fuego, asentándose sobre cada uno de ellos. Y fueron todos llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en otras lenguas, según el
Espíritu les deba que hablasen” (Hechos 2:1-4)
.

Como vemos, estaban todos unánimes juntos, tal como les había solicitado el Divino Maestro, diez días antes, en el día de su ascensión a los cielos para estar con el Padre. Estaban todos esperando el cumplimiento de su promesa, teniendo confianza plena en su efectivo cumplimiento. Así debiéramos tener confianza en el día de hoy, nosotros, los que creemos en él y esperamos su pronta venida.

El versículo cuatro dice que todos “Fueron llenos del Espíritu Santo”. No podemos decir que era la primera vez que interviene el Espíritu Santo. La confesión de Pedro que dijo: “Tú eres el Cristo, el hijo del Dios Viviente”, también surge por el mismo poder, según palabras de Jesús.

En esta oportunidad aparece en forma impactante para la gran cantidad de personas judías de todos los países que se encontraban en ese momento en Jerusalén.

“Moraban entonces en Jerusalén judíos, varones piadosos, de todas las naciones bajo el cielo” (Hechos 2:5).

Por la desobediencia del pueblo judío al Dios verdadero, muchos de ellos fueron transportados muchos siglos antes de estos acontecimientos, primero Israel por el imperio Asirio, y luego Judá por el Babilónico. Con Esdras y Nehemías vuelven solo algunos. La mayoría queda en esos y otros países, adoptando su lengua y su cultura, Por esa razón la mayoría no entendía el idioma hablado en Jerusalén.

Luego de escuchar el estruendo se reúnen para averiguar lo que había acontecido. Se mencionan muchos de los países de donde ellos provenían: “Y hecho este estruendo, se juntó la multitud y estaban confusos, porque cada uno les oía hablar en su propia lengua. Y estaban atónitos y maravillados, diciendo: Mirad. ¿No son galileos todos estos que hablan? ¿Cómo, pues, les oímos nosotros hablar cada uno en nuestra lengua en la que hemos nacido? Partos, Medos, Elamitas, y los que habitamos en Mesopotamia, en Judea, en Capadocia, en el Ponto y en Asia, en Frigia y Panfilia, en Egipto y en las regiones de África más allá de Cirene, y romanos aquí residentes, tanto judíos como prosélitos, cretenses y árabes, les oímos hablar en nuestras lenguas las maravillas de Dios. Y estaban todos atónitos y perplejos, diciéndose unos a otros: ¿Qué quiere decir esto?” (Hechos 2: 6-12).

¿Qué importancia puede tener este acontecimiento en los tiempos actuales?

Lo importante de esto, para nosotros hoy, es que los apóstoles, y otros creyentes, en número de 120 confiaron en que las promesas de Jesús se cumplirían. Esperaron 10 días para esto. Así nació la primera iglesia. Con el advenimiento del Espíritu Santo en ese día y en forma milagrosa, recordaron las enseñanzas de Jesús en su totalidad. Comenzó así la gran expansión que en poco más de 30 años cubrió gran parte del mundo entonces conocido.

Es importante resaltar que “todos escucharon el mensaje de salvación en su propio idioma, y pudieron comprender perfectamente el mensaje dado por los apóstoles. También es de destacar que hablaban en un idioma que cada uno conocía. Actualmente hay grupos en donde algunos hablan en “lenguas” pero que a los oídos de quienes los escuchan son extrañas, no entendiendo por ende el significado de lo que se dice. Es evidente que al hablar en lenguas, el mensaje dado debe ser entendido por todos los que escuchan el mensaje dado, Caso contrario no tendría ningún sentido. Jesús, durante su ministerio terrenal siempre habló con mensaje simple y claro, de modo que todos los que escuchaban sus palabras las pudieron entender.

Además debemos considerar la importancia de la fecha en que ocurrió. En ese día, como ya fue mencionado, había en Jerusalén prosélitos de muchas naciones, cercanas y lejanas, según hemos mencionado, que al retornar a sus respectivos lugares llevaron consigo la experiencia vivida. Resultó más fácil a los apóstoles, en especial a Pablo, proclamar el mensaje de Salvación en esos lugares.

Nosotros hoy, tal como lo hicieron los apóstoles, debemos confiar asimismo en dichas promesas, pues Dios jamás dejó de cumplir ninguna de ellas.

“…y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo” (Mat.28:20)

“Amados, esta es la segunda carta que os escribo, y en ambas despierto con exhortación vuestro limpio entendimiento, para que tengáis memoria de las palabras que antes han sido dichas por los santos profetas, y del mandamiento del Señor y Salvador dado por vuestros apóstoles; sabiendo primero esto, que en los postreros días vendrán burladores, andando según sus propias concupiscencias, y diciendo: ¿Dónde está la promesa de su advenimiento? Porque desde el día en que los padres durmieron, todas las cosas permanecen así como desde el principio de la creación” ”El Señor no retarda su promesa, según algunos la tienen por tardanza, sino que es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento” “Pero nosotros esperamos, según sus promesas, cielos nuevos y tierra nueva, en los cuales mora la justicia” (2da. Pedro 3:1-4; 9; 13).

Mientras los primeros cristianos esperaban la promesa de la nueva venida de Cristo, y los nuevos cielos y la nueva tierra, la iglesia se lanzó a la obra misionera con la seguridad de su presencia, y con las noticias de que la promesa del Padre, el Espíritu Santo fue dado tanto a judíos como a gentiles. Se cumple así la promesa hecha a Abraham, de bendición universal a todos los pueblos de la tierra. La promesa se relaciona con la fe. Y está a disposición de todos los que, al imitar la fe de Abraham, se convierten en “hijos de la promesa”.

Nosotros como seguidores de Cristo debemos tener la misma confianza en el cumplimiento de las promesas de Dios, esperando por un lado su venida, pero continuando mientras tanto con la tarea encomendada por Jesús antes de partir de este mundo para estar junto al Padre Celestial. Hagamos esa tarea, cada uno en su ámbito y por medio de los dones que ha recibido. Si no claudicamos tendremos una iglesia pujante y victoriosa tal como lo fueron las distintas iglesias que nacieron con la predicación realizada por los apóstoles primero y luego sus seguidores.

TEMA 3) LA PRESENTACIÓN DEL MENSAJE

Para que la iglesia cumpla adecuadamente con su misión en los tiempos actuales, debe seguir ciertos parámetros, normas o pautas que siguieron los apóstoles en el primer siglo, quienes cumplieron fielmente con las instrucciones impartidas por el Divino Maestro, y cuyos ejemplos y resultados podemos ver en el libro de los Hechos de los Apóstoles.

Debe ser realizada por personas transformadas como Pedro.

“Entonces Pedro, poniéndose en pie con los once, alzó la voz y les habló diciendo: Varones judíos, y todos los que habitáis en Jerusalén, esto os sea notorio, y oíd mis palabras. Porque éstos no están ebrios, como vosotros suponéis, puesto que es la hora tercera del día. Mas esto es lo dicho por el profeta Joel: Y en los postreros días, dice Dios, Derramaré de mi Espíritu sobre toda carne, y vuestros hijos y vuestras hijas profetizarán; Vuestros jóvenes verán visiones, y vuestros ancianos soñarán sueños; y de cierto sobre mis siervos y sobre mis siervas en aquellos días derramaré de mi Espíritu, y profetizarán, y daré prodigios arriba en el cielo, y señales abajo en la tierra, sangre y fuego y vapor de humo; el sol se convertirá en tinieblas, y la luna en sangre, antes que venga el día del Señor, grande y manifiesto; y todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo” (Hechos 2: 14-21).

“Porque David dice de él: Veía al Señor siempre delante de mí; porque está a mi diestra, no será conmovido. Por lo cual mi corazón se alegró, y se gozó mi lengua, y aun mi carne descansará en esperanza; porque no dejarás mi alma en el Hades, ni permitirás que tu Santo vea corrupción. Me hiciste conocer los caminos de la vida; Me llenarás de gozo con tu presencia” (Hechos 2: 25-28).

“Porque David no subió a los cielos; pero él mismo dice: Dijo el Señor a mi Señor: siéntate a mi diestra, hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies” (Hechos 2: 34-35).

El apóstol Pedro había dado muestras de ser un hombre muy impulsivo antes de que ocurrieran estos acontecimiento, Durante el arresto de Jesús, Pedro actuó con violencia cuando vio que el Señor Jesús sería arrestado:: “Simón Pedro tenía una espada, la desenvainó, e hirió al siervo del sumo sacerdote, y le cortó la oreja derecha” (Juan 18:10), pero frente a la desaprobación del Maestro, huyó del lugar al igual que los demás discípulos Lo sigue de lejos y termina negando por tres veces que lo conocía, tal como lo había anunciado el Señor.

Después de la resurrección, el Apóstol Pedro tiene un encuentro especial con Jesús: “Cuando hubieron comido, Jesús dijo a Simón Pedro: Simón, hijo de Jonás, ¿me amas más que éstos? Le respondió: Sí, Señor; tú sabes que te amo. Él le dijo: apacienta mis corderos. Volvió a decirle la segunda vez: Simón, hijo de Jonás, ¿Me amas? Pedro le respondió: Sí, Señor; tú sabes que te amo. Le dijo: pastorea mis ovejas. Le dijo la tercera vez: Simón, hijo de Jonás, ¿me amas? Pedro se entristeció de que le dijese la tercera vez; ¿Me amas? Y le respondió: Señor, tú lo sabes todo; tú sabes que te amo. Jesús le dijo: apacienta mis ovejas” (Juan 21:15-17). Vemos aquí que el mismo Jesús le restaura en su puesto como Apóstol. Ya no es tan impulsivo como antes. Con el poder conferido por el mismo Señor Jesucristo por medio del Espíritu Santo, les predica en ese día de pentecostés, un mensaje desafiante que sólo podía ser pronunciado por una persona transformada por el poder de Dios.

Debe ser realizada por personas capaces de contradecir las calumnias.

             “Entonces Pedro, poniéndose en pie con los once, alzó la voz y les habló diciendo: varones judíos, y todos los que habitáis en Jerusalén, esto os sea notorio, y oíd mis palabras. Porque éstos no están ebrios, como vosotros suponéis, puesto que es la hora tercera del día” (Hechos 2: 14-15).

Ya desde sus comienzos, el pueblo de Dios que deseaba seguir a Cristo fue víctima de las calumnias. Ante la maravillosa obra provocada por el Espíritu Santo, algunos llegaron a decir que los apóstoles estaban “borrachos”. Los dos aspectos relacionados con la contradicción de dicha calumnia son todo un ejemplo para la iglesia contemporánea, la iglesia de hoy:

Las calumnias deben contradecirse partiendo de una sólida comunión. (Hechos. 2.14).

Pedro fue quien llevó la voz cantante, pero los “once” estuvieron al lado de él, dándole todo su respaldo. Una iglesia con un liderazgo unido de forma monolítica como vemos en este caso hace frente a cualquier tipo de conflicto, con una visión victoriosa.

Las calumnias deben contradecirse con argumentos contundentes. (v.15)

 Muchas veces, como resultado de una mal entendida espiritualidad, las iglesias cristianas no salen a contradecir contundentemente las calumnias que se levantan en su contra. Aquí vemos a Pedro, valiéndose de la lógica más elemental para contradecir a quienes los calumniaban: ellos no podían estar borrachos pues eran apenas las nueve de la mañana.

Debe ser presentada con una clara fundamentación bíblica.

“Mas esto es lo dicho por el profeta Joel: Y en los postreros días, dice Dios, derramaré de mi Espíritu sobre toda carne, y vuestros hijos y vuestras hijas profetizarán; vuestros jóvenes verán visiones, y vuestros ancianos soñarán sueños; Y de cierto sobre mis siervos y sobre mis siervas en aquellos días derramaré de mi Espíritu, y profetizarán. Y daré prodigios arriba en el cielo, y señales abajo en la tierra, sangre y fuego y vapor de humo; el sol se convertirá en tinieblas, y la luna en sangre, antes que venga el día del Señor, grande y manifiesto; y todo aquel que invocare el nombre del Señor será salvo” (Hechos 2: 16-21).

Más allá de los argumentos lógicos, lo que más le interesó a Pedro fue explicar cuál era la fundamentación escritural de lo que había sucedido. Con nosotros debe pasar lo mismo. Todo lo que decimos debe ser fundamentado bíblicamente. Las Escrituras se referían a la obra milagrosa de Dios. Para explicar lo que había sucedido, Pedro cita al profeta Joel (2:28-32) según la Septuaginta (versión griega del Antiguo Testamento, llamada así porque fue efectuada por setenta sabios). Hace ver cómo lo acontecido no es más que el cumplimiento de lo profetizado varios siglos atrás. Es evidente que la relación con lo sucedido en Pentecostés se limita a los versículos 17 y 18, pero es posible que Pedro cite todo el texto para enfatizar el llamado a la salvación que figura implícitamente en el versículo 21.

Además Pedro mostró con sus dichos el fiel cumplimento de las profecías mesiánicas

“Porque David dice de él: veía al Señor siempre delante de mí; porque está a mi diestra, no seré conmovido. Por lo cual mi corazón se alegró, y se gozó mi lengua, y aun mi carne descansará en esperanza; porque no dejarás mi alma en el Hades, ni permitirás que tu Santo vea corrupción. Me hiciste conocer los caminos de la vida; Me llenarás de gozo con tu presencia” (Hechos 2: 25-28).

“Porque David no subió a los cielos; pero él mismo dice: Dijo el Señor a mi señor: Siéntate a mi diestra, hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies” (Hechos 2: 34-35).

El Apóstol Pedro citó dos salmos atribuidos a David, el 16 y el 110, para hacer ver cómo la muerte, resurrección y exaltación de Cristo formaban parte del plan de Dios, mucho antes de que se produjeran concretamente. Esto es lo que deben hacer los predicadores en el día de hoy: todo lo que se diga tiene que estar fundamentado en la Palabra de Dios, sin agregados de ninguna naturaleza.

Debe hacer énfasis en la resurrección y el señorío de Jesucristo.

Ya en este primer sermón el apóstol Pedro se refiere a los dos temas centrales de la proclamación del evangelio: la resurrección y el señorío de Cristo, que nunca debieron ceder su lugar a otros énfasis dentro de la iglesia cristiana.

La vida de Jesús demostró la aprobación de Dios. “Varones israelitas, oíd estas palabras: Jesús nazareno, varón aprobado por Dios entre vosotros con las maravillas, prodigios y señales que Dios hizo entre vosotros por medio de él, como vosotros mismos sabéis” (Hechos 2: 22).

Pedro destacó que Jesús había demostrado plenamente la aprobación de Dios mediante las obras poderosas que hizo mientras estaba en este mundo. (Una traducción más precisa de la palabra griega Dynamis; “maravillas”, según la versión Reina Valera del 60), los prodigios y las señales (de la palabra griega traducida así, semeion, proviene del término “semiología”: parte de la medicina que estudia los síntomas) que había realizado durante su ministerio terrenal.

La muerte de Jesús formó parte de los planes de Dios: “A este, entregado por el determinado consejo y anticipado conocimiento de Dios, prendisteis y matasteis por manos de inicuos, crucificándole” (Hechos 2:23).

Jesús no sufrió porque el Padre se haya descuidado y haya dejado que se impusieran los intereses políticos de los herodianos o la confabulación de los fariseos y de los saduceos acompañados por la pasividad del procurador romano. No. El murió porque para eso vino. De allí la expresión tan especial de Juan 19:30: “entregó el espíritu” y no “exhaló el espíritu”, con la que generalmente se señala en griego la muerte de alguien.

La resurrección de Jesús confirmó su naturaleza divina: “Al cual Dios levantó, sueltos los dolores de la muerte, por cuanto era imposible que fuese retenido por ella” (Hechos 2: 24)

Al levantarse triunfante de la muerte, Jesús demostró que era quien dijo ser, el Hijo de Dios. Y la convicción de que esto era así llevó a Pedro, a los apóstoles y a la iglesia primitiva en general, a una visión de triunfo. Hoy en día debemos volver a tener esta visión de la resurrección de Jesús. La iglesia cristiana contemporánea no debe conformarse con recordar la resurrección de Jesús el domingo de Pascua. Para cumplir con su misión la iglesia debe señalar constantemente la resurrección como fundamento de su fe. Bien expresó el apóstol Pablo escribiéndole a los corintios: “si Cristo no resucitó, vana es entonces nuestra predicación, vana es también vuestra fe” (1 Cor. 15:14). Así también nosotros debemos predicar el evangelio de salvación, sobre la base de la resurrección de Jesús en el día de Pascua. Así también resucitaremos en el día postrero, y estaremos siempre con él.

                   Debe resaltar que la victoria de Jesús sobre la muerte le ha hecho Señor..

Así como Jesús había recibido la máxima humillación al morir en la cruz por nuestros pecados, así también con su resurrección de entre los muertos recibió la máxima exaltación de Dios, el Padre. En su segunda venida vendrá a buscar a los suyos, no como un siervo sufriente, sino como Rey de Reyes y Señor de Señores.

Dios lo exaltó a su diestra: “A este Jesús resucitó Dios, de lo cual todos nosotros somos testigos. Así que, exaltado por la diestra de Dios, y habiendo recibido del Padre la promesa del Espíritu Santo, ha derramado esto que vosotros veis y oís” (Hechos 2: 32-33).

Después de la ascensión de Jesús, fue llevado ante el Padre Eterno, sentándose a su diestra, y desde ese lugar de privilegio intercede por cada uno de nosotros, desde esa fecha hasta ahora, y lo continuará haciendo hasta que suene la trompeta que marcará el momento preciso en que volverá a buscar a los suyos. Desde ese lugar envió ese día al Espíritu Santo prometido, quien se encarga de recordar a los apóstoles todo lo que les había enseñado, y les da el valor de llevar su evangelio hasta lo último de la tierra,

Lo indica como el ungido de Dios: “Sepa pues, ciertísimamente toda la casa de Israel, que a este Jesús a quien vosotros crucificasteis, Dios le ha hecho Señor y Cristo” (Hechos 2:36)

La victoria de Jesús sobre la muerte fue también una clara demostración de que era el Cristo, el Mesías tantas veces prometido y anunciado en el Antiguo Testamento.

El hecho de distanciarse de ese girar en torno al señorío de Cristo, ha sido fatal para las iglesias que así lo han hecho. Para cumplir con esta misión toda iglesia cristiana debe proclamar el Señorío de Cristo, siguiendo el ejemplo de los ángeles que así lo anunciaron cuando se refirieron a su nacimiento: “Os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es CRISTO, el Señor” (Lucas 2:11) y del apóstol Pablo que condicionó la salvación a la confesión oral del señorío de Jesús: “si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo” (Romanos 10:9) reflejando con ello lo que era el centro mismo de la predicación de la iglesia primitiva.

La predicación del mensaje debe conducir al arrepentimiento de los pecados

La iglesia cristiana que quiera cumplir con su misión de acuerdo con la voluntad de Dios debe atender cuidadosamente las lecciones que extraemos de este mensaje de Pedro. La proclamación del evangelio de Jesucristo debe conducir necesariamente al arrepentimiento de los pecados de quienes escuchan la palabra de Dios, por lo que aquí no vemos esas frases ambiguas con la que más de un predicador de campañas trata de convencer a su auditorio hacia la toma de una decisión que sirve más a su ego y a inflar las estadísticas que al crecimiento del reino de Dios.

“Al oír esto, se compungieron de corazón, y dijeron a Pedro y a los otros apóstoles: Varones hermanos, ¿qué haremos? (Hechos 2:37).

El arrepentimiento parte de la conciencia de pecado: Si una persona no ha tomado conciencia de los resultados de su naturaleza pecaminosa no se puede arrepentir. Es por eso que todo predicador debería procurar ser un instrumento del Espíritu Santo para que sus oyentes no renacidos se convenzan “de pecado” y puedan reaccionar como aquellos que escucharon a Pedro: sus corazones habían sido trasladados (este es el sentido original del verbo traducido “compungieron”) de tal manera que les preguntaron a los apóstoles qué debían hacer.

Pedro Les dijo: Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo” (Hechos 2: 38).

El arrepentimiento garantiza perdón, y nueva vida. El arrepentimiento, y no el arrepentimiento más el bautismo, es el que garantiza el perdón de nuestros pecados y la posibilidad de una nueva vida al recibir “el don del Espíritu Santo”. El bautismo es mas bien una señal externa o testimonio del arrepentimiento tal y como lo vemos en el v. 41. El pasaje nos habla de un sermón. Cada creyente debería tomar en cuenta este modelo, sobre todo en cuanto a que el centro de la predicación sea Jesús. Es por eso que las iglesias que cumplan bien con su misión, son aquellas en las que sus miembros practiquen un testimonio, una predicación, una proclamación cuyo centro sea única y exclusivamente Jesucristo.

Como resultado de ese primer mensaje en el día de Pentecostés, se agregan a los Apóstoles tres mil personas en un solo día: “Así que, los que recibieron su palabra fueron bautizados y se añadieron aquel día como tres mil personas” (Hechos 2: 41).

TEMA 4) LAS PERSECUCIONES

Otro de los temas que encontramos en el Libro de los Hechos, que abarca el capítulo 3 y parte del 4, nos relata la historia de la curación del cojo y sus implicancias posteriores, como ser la primera persecución de que fue objeto la primera iglesia. Encontramos en estos textos cómo enfrentaron los apóstoles dicha persecución, lo que puede servirnos de ejemplo para nosotros en la actualidad.

Cuenta la historia que en una oportunidad, uno de los genios militares más grandes de todos los tiempos, Alejandro Magno, estaba enfermo de fiebre. Su médico personal le preparó una medicina para la ocasión. En el preciso momento en que debía tomar la medicina preparada, Alejandro Magno recibió una carta anónima en la que se acusaba al facultativo de traidor. El Rey leyó la carta y luego se la dio a leer al médico. Mientras éste lo miraba sorprendido sin poder decir palabra ante dicha circunstancia, Alejandro tomó la medicina ofrecida. Poco tiempo después desaparecía la fiebre del rey, gracias a la confianza que había depositado en su médico personal.

Mucho mayor que la confianza que depositó Alejandro Magno en su médico, es la que la iglesia debe depositar en Jesucristo. Por eso, porque ese Jesucristo es nuestro Señor y nuestro Rey, al cumplir con su misión encomendada por ese Señor a quien seguimos, que es el de predicar el evangelio a toda criatura, toda persona convertida, toda iglesia cristiana, debe estar preparada y dispuesta a enfrentar con valentía la persecuciones que puedan surgir.

La persecución es la reacción satánica frente a una iglesia activa

Es una realidad el hecho de que apenas una iglesia comienza a comprometerse en serio con el Señor y a cumplir, por ende, con su misión, inmediatamente empieza a tener dificultades, o las que tiene se ven aumentadas en gran manera. En la actualidad, en algunos países continúan las persecuciones que incluso llevan a la muerte a aquellos que no reniegan de su fe. En otros casos consisten en burlas, desprecio hacia quienes desean seguir las enseñanzas de nuestro Señor Jesucristo, tildando a los cristianos de anticuados, etc.

Los cristianos deben ser activos y atender las necesidades físicas de sus miembros

“Pedro y Juan subían juntos al templo a la hora novena, la de la oración. Y era traído un hombre cojo de nacimiento, a quien ponían cada día a la puerta del templo que se llama La Hermosa, para que pidiese limosna de los que entraban en el templo. Este, cuando vio a Pedro y a Juan que iban a entrar en el templo, les rogaba que le diesen limosna” (Hechos 3: 1-3).

Pedro y Juan se dirigían a las tres de la tarde para participar de la oración que se realizaba en el templo cosa que hacían con regularidad. En una oportunidad se encontraron con un hombre con una necesidad física que requería ser satisfecha urgentemente: estaba lisiado de sus pies y por ende nunca había caminado y subsistía gracias a las limosnas que recibía por parte de aquellos que ingresaban en el templo. Aquel hombre vio en Pedro y en Juan a dos personas que le podían ayudar con sus limosnas. En realidad ese hombre inválido no esperaba otra cosa que esa ayuda para su subsistencia. Pero los apóstoles le darían mucho más que esto: serían instrumentos mediante los cuales la gracia divina le permitiría empezar a caminar.

Se debe dar una respuesta adecuada a las necesidades físicas de sus miembros

Pedro, con Juan, fijando en él los ojos, le dijo; míranos. Entonces él les estuvo atento, esperando recibir de ellos algo. Mas Pedro dijo: no tengo plata ni oro, pero lo que tengo te doy; en el nombre de Jesucristo de Nazaret, levántate y anda. Y tomándole por la mano derecha le levantó; y al momento se le afirmaron los pies y tobillos; y saltando, se puso en pie y anduvo; y entró con ellos en el templo, andando, y saltando, y alabando a Dios. Y todo el pueblo le vio andar y alabar a Dios. Y le reconocían que era el que se sentaba a pedir limosna a la puerta del templo la Hermosa; y se llenaron de asombro y espanto por lo que le había sucedido. Y teniendo asidos a Pedro y a Juan el cojo que había sido sanado, todo el pueblo, atónito, concurrió a ellos al pórtico que se llama de Salomón” (Hechos 3: 4-11)

Pedro y Juan pudieron decir simplemente que ellos no tenían dinero como para darle al cojo la limosna que él esperaba. Como muchos hoy, podrían haber mirado a otro lado, o disculparse por no poder hacer nada por el lisiado. Sin embargo Pedro y Juan se interesaron por el necesitado que Dios había puesto en su camino y en el nombre de Jesucristo le proveyeron de una solución total. En nuestros días encontramos muchas personas con necesidades físicas insatisfechas, como ser falta de alimentos, de ropas para cubrir su cuerpo o protegerse del frío, medicinas, etc. También hoy los que se consideran verdaderos cristianos deben ayudar a esos necesitados, atendiendo sus necesidades físicas para que, de ese modo, puedan conocer al Señor Jesucristo por medio de nuestras acciones y nuestra predicación que podemos dar en ese momento. El Señor Jesús en todas las ocasiones en que ayudaba físicamente a algún necesitado, también atendía sus necesidades espirituales, ya que en la mayoría de las ocasiones las enfermedades o problemas que podemos tener, tienen relación con algún problema espiritual.

Se deben atender las necesidades espirituales, 

“Viendo esto Pedro, respondió al pueblo: varones israelitas, ¿Por qué os maravilláis de esto? ¿O por qué ponéis los ojos en nosotros, como si por nuestro poder o piedad hubiésemos hecho andar a este? El Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, el Dios de nuestros padres, ha glorificado a su Hijo Jesús, a quien vosotros entregasteis y negasteis delante de Pilato, cuando éste había resuelto ponerle en libertad. Mas vosotros negasteis al Santo y al Justo, y pedisteis que se os diese un homicida, y matasteis al autor de la vida, a quien Dios ha resucitado de los muertos, de lo cual nosotros somos testigos. Y por la fe en su nombre, a éste, que vosotros veis y conocéis, le ha confirmado su nombre; y la fe que es por él ha dado a éste esta completa sanidad en presencia de todos vosotros” (Hechos 3: 12-16).

Pedro y Juan no se atribuyeron un poder personal, sino que apuntaron a quien era el verdadero sanador, al “autor de la vida”: o sea Jesucristo. De igual manera los líderes cristianos y las iglesias actuales deben reconocer que toda satisfacción que puedan lograr, tienen como fuente el amor y el poder de Dios y no una virtud personal o grupal. Debemos reconocer ante el mundo que lo que hacemos en beneficio de otros, atendiendo sus necesidades, tanto físicas como espirituales, es por el amor que tenemos hacia nuestro Señor y Salvador Jesucristo, quien nos da la capacidad de actuar de esa forma. Recordemos que la predicación del evangelio no siempre se realiza con palabras elocuentes, sino con una vida consagrada a nuestro Dios. Aquellos que nos rodean y que no han aceptado a Jesús como Salvador y Señor de sus vidas nos ven y pueden llegar al conocimiento de la verdad con ver la forma en que vivimos, no para nosotros mismos sino que con nuestra vida servimos al Divino Maestro.

Los predicadores deben llamar al arrepentimiento y a la conversión.

“Mas ahora, hermanos, sé que por ignorancia lo habéis hecho, como también vuestros gobernantes. Pero Dios ha cumplido así lo que había antes anunciado por boca de todos sus profetas, que su Cristo había de padecer. Así que, arrepentíos y convertíos para que sean borrados vuestros pecados; para que vengan de la presencia del Señor tiempos de refrigerio, y él envíe a Jesucristo, que os fue antes anunciado; a quien de cierto es necesario que el cielo reciba hasta los tiempos de la restauración de todas las cosas, de que habló Dios por boca de sus santos profetas que han sido desde tiempo antiguo. Porque Moisés dijo a los padres: El Señor vuestro Dios os levantará profeta de entre vuestros hermanos, como a mí; a él oiréis en todas las cosas que os hable; y toda alma que no oiga a aquel profeta, será desarraigada del pueblo. Y todos los profetas desde Samuel en adelante, cuantos han hablado, también han anunciado estos días. Vosotros sois los hijos de los profetas, y del pacto que Dios hizo con nuestros padres, diciendo a Abraham: en tu simiente serán venditas todas las familias de la tierra. A vosotros primeramente, Dios, habiendo levantado a su Hijo, lo envió para que os bendijese, a fin de que cada uno se convierta de su maldad” (Hechos 3: 17-26).

Así como Pedro aprovechó la oportunidad que provocaba la admiración de la gente, para predicar el verdadero mensaje de salvación, y que ese Jesús que era el centro de la predicación de los apóstoles fue anunciado por la mayoría de los profetas del antiguo testamento, las iglesias actuales deberían relacionar todo su quehacer con un constante llamado al arrepentimiento y la conversión, porque aunque podamos gozarnos de contribuir a satisfacer las necesidades físicas, debemos ser conscientes de que mucho más importante es satisfacer las necesidades espirituales. Además debemos tener en cuenta que, según las escrituras el hombre es un ser integral con necesidades a satisfacer., tanto físicas como espirituales. Si leemos los evangelios que nos cuentan la vida y obra de Jesús, veremos que él utilizó este sistema para predicar el evangelio de Salvación. El proveía de bienes materiales a quienes lo necesitaban, pero ponía mucho más énfasis a la parte espiritual del hombre, que lo lleva al arrepentimiento de los pecados cometidos, a aceptar su obra expiatoria en la cruz, e iniciar una nueva vida que nos llevará en el futuro a vivir por la eternidad con él.

Hay una historia que nos cuenta el apóstol Juan, lo que buscaba realmente la gente: “Y hallándose al otro lado del mar, le dijeron: Rabí, ¿cuándo llegaste acá? Respondió Jesús y les dijo: De cierto os digo que me buscáis, no porque habéis visto las señales, sino porque comisteis el pan y os saciasteis. Trabajad, no por la comida que perece, sino por la comida que a vida eterna permanece, la cual el Hijo del Hombre os dará; porque a éste señaló Dios el Padre. Entonces le dijeron: ¿Qué debemos hacer para poner en práctica las obras de Dios? Respondió Jesús y les dijo: Esta es la obra de Dios, que creáis en el que él ha enviado” (Juan 6: 25-29).

En el capítulo 6 del evangelio de Juan, se encuentra descripto la historia de la alimentación de los cinco mil. Luego del milagro realizado, Jesús se retira al monte solo mientras los discípulos entran a una barca para ir al otro lado del mar de Galilea. Jesús se les reúne después, caminando sobre las aguas, y así llegan al lugar adonde iban. La gente que estuvo en ese lugar y fue testigo del milagro de la multiplicación de los panes y los peces, busca a Jesús hasta encontrarle. Es en esa oportunidad en que se entabla ese diálogo entre la gente y Jesús. El Señor les recalca que lo estaban buscando porque querían aprovecharse de los bienes materiales recibidos. Él les dice que debían buscar primeramente los bienes espirituales. En esa oportunidad les subraya que debían realizar las obras de Dios, que consiste en creer en Jesucristo, en su obra redentora que habría de realizar por todos los hombres del mundo.

Las persecuciones no deben frenar los frutos del Pueblo de Dios

Hablando ellos al pueblo, vinieron sobre ellos los sacerdotes con el jefe de la guardia del templo, y los saduceos, resentidos de que enseñasen al pueblo, y anunciasen en Jesús la resurrección de entre los muertos. Y les echaron mano, y los pusieron en la cárcel hasta el día siguiente, porque era ya tarde. Pero muchos de los que habían oído la palabra, creyeron; y el número de los varones era como cinco mil” (Hechos 4: 1-4).

Los dirigentes religiosos judíos se sintieron profundamente molestos por lo efectuado por Pedro y Juan. De allí que procedieron a encarcelarlos de inmediato. Sin embargo “muchos de los que habían oído la palabra, creyeron” También en el día de hoy podemos sufrir persecuciones, tanto físicas como psicológicas, para tratar de frenar la predicación del mensaje de salvación. Satanás sabe que tiene poco tiempo, por lo que hará todo lo posible para entorpecer la obra del pueblo de Dios, para que no puedan entrar en el reino de Dios que nuestro Señor Jesucristo está preparando para todos los que creen en él. Vemos que al final del versículo cuatro menciona que el número de convertidos en ese día eran como cinco mil varones, sin contar las mujeres y los niños. También en el día de hoy este hecho nos debe incentivar para que continuemos hablando de Cristo, de su plan de Salvación, de su obra expiatoria en la cruz, que puede llevar al pie de la cruz a mucha gente. Esto debemos hacer para cumplir con el mandato que el mismo Jesús impartiera a los discípulos antes de su ascensión a los cielos. Hagámoslo así.

La persecución no puede detener los frutos de la iglesia.

             “Aconteció al día siguiente, que se reunieron en Jerusalén los gobernantes, los ancianos y los escribas, y el sumo sacerdote Anás, y Caifás y Juan y Alejandro, y todos los que eran de la familia de los sumos sacerdotes, y poniéndoles en medio, les preguntaron: ¿Con qué potestad, o en qué nombre habéis hecho vosotros esto? Entonces Pedro, lleno del Espíritu Santo, les dijo: gobernantes del pueblo, y ancianos de Israel: Puesto que hoy se nos interroga acerca del beneficio hecho a un hombre, de qué manera éste haya sido sanado, sea notorio a todos vosotros, y a todo el pueblo de Israel, que en el nombre de Jesucristo de Nazaret, a quien vosotros crucificasteis y a quien Dios resucitó de los muertos, por él este hombre está en vuestra presencia sano. Este Jesús es la piedra reprobada por vosotros los edificadores, la cual ha venido a ser cabeza del ángulo” (Hechos 4: 5-11).

En vez de reaccionar con argumentos netamente humanos, Pedro y Juan volvieron a insistir en que solamente habían sido los instrumentos en las manos de Jesucristo: era su poder y no el poder de los apóstoles el que había logrado la sanidad del inválido. También en nuestros días podemos sufrir este tipo de persecuciones, tratando de que el verdadero evangelio de Jesucristo no sea predicado con claridad, que aquellos que se encuentran perdidos y/o con dudas no puedan llegar a la verdad, pero no debemos claudicar aunque nos amenacen. El Señor espera que nosotros, sus verdaderos hijos cumplamos con nuestra tarea de predicar ese mensaje de salvación hasta lo último de la tierra. Recordemos que éste es el requisito que debe cumplirse para que el venga a buscar a su iglesia: “Y será predicado este evangelio del reino en todo el mundo, para testimonio a todas las naciones, y entonces vendrá el fin” (Mateo 24:14).

La persecución no debe detener los frutos del la predicación hecha por los siervos del Señor. 

“Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos” (Hechos 4:12).

Alguien ha dicho que uno sostiene sus opiniones, pero las convicciones lo sostienen a uno. Pedro y Juan sostuvieron con convicción su pensamiento, destacando que aquel Jesús a quien eran fieles y por quien el cojo había sido sanado era el único con capacidad de dar plena salvación.

Frente a lo que un autor contemporáneo ha llamado “el supermercado de las sectas”, debido a su diversidad y a la posibilidad de que cada hombre encuentre alguna que se ajuste a sus condiciones como un traje a medida, es importante que el pueblo de Dios proclame con convicción que sólo Jesucristo salva. Lejos de dejarse arrastrar por las ideas predominantes en nuestros días, en que se da importancia a otros temas, como lo social, las necesidades físicas, la salud, etc. que también son importantes, las iglesias cristianas deben insistir en que sólo Cristo puede salvar y que más que una religión, lo que el hombre necesita es un encuentro personal con el Hijo de Dios.

La persecución de los saduceos no pudo frenar la conversión de más personas mediante el ministerio de los apóstoles, ni el fervor de Pedro y Juan. El número de convertidos siguió aumentando. En la actualidad, ninguna persecución, sea esta directa o indirecta, puede frenar los frutos de los que hemos recibido la antorcha de quienes nos precedieron en la fe.

Las Persecuciones son derrotadas por la firmeza de sus líderes

“Entonces viendo el denuedo de Pedro y de Juan, y sabiendo que eran hombres sin letras y del vulgo, se maravillaban; y les reconocían que habían estado con Jesús” (Hechos 4:13).

Pedro y Juan eran “hombres sin letras y del vulgo”, o sea que no habían seguido estudios rabínicos y eran, además, hombres comunes, del pueblo. Sin embargo enfrentaron a las autoridades religiosas judías con denuedo, o sea con valentía, con osadía, con entereza, porque “habían estado con Jesús”. Esa comunión con el Señor era palpada por sus adversarios como debe ser palpada por aquellos que se oponen a nuestro ministerio, al ministerio de la iglesia, en la actualidad. Esto demuestra que no es necesario tener estudios universitarios o superiores para predicar el mensaje de salvación. Tanto Pedro como Juan eran en sus orígenes simples pescadores.

“Y viendo al hombre que había sido sanado, que estaba en pie con ellos, no podían decir nada en contra” (Hechos 4: 14).

El que había sanado estaba allí, con ellos, y por eso no podían decir nada en contra. Los perseguidores se quedaron sin argumentos. Sería bueno que nuestro ministerio, en la actualidad. fuera de tal calidad, con frutos tan evidentes, que dejemos sin argumentos a nuestros adversarios y oponentes.

“Mas Pedro y Juan respondieron diciéndoles: juzgad si es justo delante de Dios obedecer a vosotros antes que a Dios; porque no podemos dejar de decir lo que hemos visto y oído. Ellos entonces les amenazaron y les soltaron, no hallando ningún modo de castigarles, por causa del pueblo; porque todos glorificaban a Dios por lo que se había hecho, ya que el hombre en quien se había hecho este milagro de sanidad, tenía más de cuarenta años” (Hechos 4: 19-22).

La respuesta de Pedro y de Juan ante las amenazas de sus perseguidores fue categórica: no podían desobedecer a Dios dejando de decir lo que habían visto y oído. Y esta es la base de la firmeza de los líderes cristianos y demás creyentes en todo tiempo y lugar: el disponerse a obedecer al Señor. Cuando asumimos esta disposición no hay ninguna amenaza que nos pueda apartar de nuestro camino.

El Triunfo sobre la Persecución y la Comunión

                  “Y puestos en libertad, vinieron a los suyos y contaron todo lo que los principales sacerdotes y los ancianos les habían dicho” (Hechos: 4:23).

                   Es emocionante ver con los ojos de nuestra imaginación a Pedro y Juan dirigirse hacia donde estaban los demás cristianos y contarles las amenazas recibidas. ¡Qué lección espiritual encontramos en ese posesivo “suyos” que traduce la palabra griega “idios” que significa también propio, particular, privado. Los líderes cristianos pueden tener mucha fidelidad y firmeza, pero necesitan el respaldo del resto de los hermanos que integran una congregación. Es importante por lo tanto que los integrantes de una congregación oren a Dios suplicando que quienes tengan la responsabilidad de predicar la palabra o estar al frente de esa congregación, sean investidos el Espíritu Santo para realizar su tarea conforme a la voluntad de Dios.

                  “Y ellos, habiéndolo oído, alzaron unánimes la voz a Dios, y dijeron: Soberano Señor, tú eres el Dios que hiciste el cielo y la tierra, el mar y todo lo que en ellos hay; que por boca de David tu siervo dijiste: ¿Por qué se amotinan las gentes, y los pueblos piensan cosas vanas? Se reunieron los reyes de la tierra, y los príncipes se juntaron en uno contra el Señor, y contra su Cristo. Porque verdaderamente se unieron en esta ciudad contra tu santo Hijo Jesús, a quien ungiste, Herodes y Poncio Pilato, con los gentiles y el pueblo de Israel, para hacer cuanto tu mano y tu consejo habían antes determinado que sucediera” (Hechos 4: 24-28)

                     La reacción de los creyentes de Jerusalén fue reconocer que el poder creador de Dios (v.24) y su control sobre la historia (v. 25-28) evidenciaban que él y solamente él es el Señor del universo, el Soberano que rige el destino de la humanidad. Hoy, como ayer, debería poder decirse lo mismo de los hijos de Dios. También hoy los cristianos deben tener la confianza plena en Dios y su Hijo Jesucristo,creer que Él tiene el control de todo lo que sucede en este mundo y no hay nada que escape a su voluntad.

                     La Petición: más coraje y más milagros.

                    "Ahora, Señor, mira sus amenazas, y concede a tus siervos que con todo denuedo hablen tu palabra, mientras extiendes tu mano para que se hagan sanidades y señales y prodigios mediante el nombre de tu santo Hijo Jesús” (Hechos 4: 29-30).

                    Cuando los creyentes de Jerusalén reconocieron la soberanía de Dios, hicieron una petición: le rogaron al Señor que les diera más coraje para hablar de Jesús y predicar su evangelio. Esto en el marco de la obra milagrosa de Dios. Si bien en la actualidad ya no suceden esos milagros, como lo hicieron Pedro y Juan, pero sí se puede predicar el mensaje de salvación a todos los hombres, porque esto es lo que El Señor requiere de nosotros: predicar el mensaje hasta lo último de la tierra, de manera que todos los habitantes de este mundo puedan escuchar este evangelio de salvación.

                    La respuesta recibida estuvo acorde con la petición

                    “Cuando hubieron orado, el lugar en que estaban congregados tembló; y hablaban con denuedo la palabra de Dios” (Hechos: 4:31).

                     Los cristianos perseguidos no le pidieron a Dios que eliminara sus problemas. No. Todo lo contrario, pidieron tres cosas relacionadas con su testimonio y recibieron las respuestas tal y como lo solicitaron: pidieron que Dios considerara las amenazas y él hizo temblar la cosa donde estaban; que Dios extendiera su mano con señales y él los llenó con su Espíritu; y que Dios les diera firmeza y osadía para predicar y eso es lo que hacen después de verse fortalecidos en su fe y en su valor.

                     De una y otra manera los cristianos, si somos fieles y cumplimos con nuestra misión somos y seremos perseguidos de alguna manera, tal vez en forma muy subjetiva, que casi no nos damos cuenta, que pueden ser burlas, desprecio, etc. Nuestra reacción frente a esas persecuciones debería ser igual o similar a la que tuvieron los cristianos de Jerusalén.

            TEMA 5) LOS PROBLEMAS INTERNOS                                                  

Las Iglesias deben resolver sus problemas internos

En muchas ocasiones los problemas que enfrenta la iglesia son externos, como puede ser la persecución, las trabas, las críticas de los no creyentes, etc. pero en la mayor parte de los casos los problemas más serios y graves que debe enfrentar una iglesia son los problemas internos.

La iglesia primitiva enfrentó en sus comienzos dos problemas internos muy serios: aquel que proviene de aquellos que atentan contra la pureza, y de los que promueven el espíritu de división

Tener en cuenta esos ejemplos de la iglesia de Jerusalén en estos aspectos nos ayudará a que las iglesias cristianas de la actualidad cumplan mejor con su misión. Si desde los comienzos del cristianismo se hubieran tenido en cuenta los ejemplos dejados por los apóstoles, no tendríamos en la actualidad tantas divisiones o grupos de cristianos.

Las iglesias deben disciplinar a aquellos que atentan contra la pureza:

Disciplina es una palabra que por lo general provoca reacciones negativas en aquellos que la escuchan o que la leen. Sin embargo todo discípulo (nosotros somos discípulos de Cristo) debe atenerse a una disciplina determinada.

En una familia es indispensable tener algún tipo de disciplina. Pensemos por un momento en un hogar donde cada uno hace lo que quiere, sin considerar a los demás que habitan en ese lugar. Lo ideal es que los padres impartan disciplina a sus hijos para encaminarlos por la senda correcta. Los niños deben ser enseñados para que aprendan donde terminan sus derechos y comienzan los derechos de los demás. Podemos observar que en la actualidad la disciplina impartida se ha relajado mucho. En Proverbios 2: 6 leemos: “ Instruye al niño en su camino, y aun cuando fuere viejo no se apartará de él”. Si este consejo se cumpliría en nuestros días, los problemas de conducta se verían disminuidos en gran manera.

                   También es importante ejercer algún tipo de disciplina en las escuelas, a fin de que los niños aprendan a respetar a los maestros y profesores que les imparten la enseñanza necesaria para poder desempeñarse a lo largo de la vida. Luego, cuando sean adultos, tendrán respeto a los mayores, a sus padres, a los ancianos, etc.

En las iglesias también es necesario a veces impartir algún tipo de disciplina, a fin de encaminar a los creyentes por los caminos del Señor, cuando por algún momento tiendan a apartarse de alguna manera de las verdades enseñadas por Jesús. Recordemos que “disciplina” no es sinónimo de “castigo”. El castigo casi siempre es contraproducente, porque puede apartar al caído de los caminos del Señor. La disciplina en cambio, si es administrada correctamente puede restaurar al caído.

El pecado de Ananías y Safira

               “Pero cierto hombre llamado Ananías, con Safira su mujer, vendió una heredad, y sustrajo del precio, sabiéndolo también su mujer; y trayendo sólo una parte, la puso a los pies de los apóstoles. Y dijo Pedro: Ananías, ¿por qué llenó Satanás tu corazón para que mintieses al Espíritu Santo, y sustrajeses del precio de la heredad? Reteníéndola, ¿no te quedaba a ti? Y vendida, ¿no estaba en tu poder? ¿Por qué pusiste esto en tu corazón? No has mentido a los hombres, sino a Dios” (Hechos 5:1-4)

Para entender en qué consistió el pecado de Ananías y Safira, debemos tomar en cuenta el contexto inmediato anterior, o sea Hechos 4: 32-37. Según éstos versículos los cristianos de Jerusalén que poseían propiedades las vendían y entregaban el precio de lo vendido a un fondo común, de manera que nadie pasare necesidad entre los creyentes (en esos tiempos no había seguridad social, o jubilación o pensión). En ese entonces las viudas, los huérfanos, los extranjeros, los desposeídos y toda otra persona que no tenía bienes o padecía de alguna enfermedad, pasaban necesidades, si no tenía parientes que se ocuparan de ellos.

                   Ananías “vendió una propiedad y sustrajo del precio (v. 1b y 2 a).

               Evidentemente Ananías tenía una propiedad que podía vender. El problema es que quiso aparentar una piedad que no tenía. Posiblemente, movido por una actitud de envidia hacia Bernabé, quien aparece destacado entre aquellos que donaron el precio de sus bienes. Esta hipocresía de Ananías se nota en el hecho de que él “sustrajo del precio”, es decir, que tomó (o se guardó) parte del precio que le pagaron por su propiedad y entregó el resto a los apóstoles. Es significativo que el verbo griego traducido “sustrajo” (nosfidzo) es el mismo que aparece en Josué 7:1. O sea que se puede trazar un paralelo entre la sustracción que efectuó Acán del anatema y la que realizó Ananías del precio de su propiedad. Podría haber dado una parte y guardarse el resto, no estaba obligado a entregar todo, pero él hizo esto para demostrar piedad, cosa que no tenía.

                   Safira, su mujer, actuó como cómplice (v.2b).

                   Por lo que leemos en la escritura, Safira actuó como cómplice de su esposo. Así lo indica claramente el significado del verbo griego traducido “sabiéndolo” (súnoida), ser confidente, cómplice. Fue una desafortunada integración matrimonial, En vez de estar orientada hacia el servicio, lo estuvo en relación con la simulación y la mentira.

                   Ananías dejó que el diablo llenara su corazón (v. 3 a)

                  El diablo es presentado en 1ra. Pedro como “león rugiente” que anda alrededor buscando a quien devorar (1 Pedro 5:8) y según puede observarse encontró en Ananías una presa propicia. Lamentablemente muchos cristianos han caído y continúan cayendo, al igual que Ananías, en las garras del enemigo, por no actuar tal y como aconseja Santiago 4:7: “Someteos a Dios...resistid al diablo y huirá de vosotros”. Es verdad que el diablo ataca, pero el responsable por su propio pecado es el creyente y no Satanás.

                   Ananías quiso mentirle al Espíritu Santo (v. 3b y 4)

                   Ananías se propuso engañar a los cristianos de Jerusalén pero no se dio cuenta de que al hacerlo estaba mintiéndole al Espíritu Santo. Quizás lo más importante en relación con esto es el hecho que se muestra claramente el carácter personal del Espíritu Santo. Dicho de otra manera, si una persona le puede mentir al Espíritu Santo es porque él es una persona y no un fluido, como sostienen algunos grupos pseudo cristianos.

                   El castigo: la muerte de ambos

                   “Al oír Ananías estas palabras, cayó y Expiró. …” (Hechos 5:5 a)

                   “Y levantándose los jóvenes, lo envolvieron, y sacándolo, lo sepultaron” Hechos 5:6).

                   “Y Pedro le dijo: ¿Por qué convinisteis en tentar al Espíritu del Señor? He aquí a la puerta los pies de los que han sepultado a tu marido, y te sacarán a ti. Al instante ella cayo a los pies de él, y expiró; y cuando entraron los jóvenes, la hallaron muerta; y la sacaron, y la sepultaron junto a su marido” (Hechos 5: 9-10).

                   Podríamos pensar que el castigo que recibieron ambos, Ananías y Safira, nada menos que la muerte, es demasiado severo. Pero fue el mismo castigo que recibiera mucho tiempo atrás el otro “sustractor”, Acán, cuya historia se encuentra el libro de Josué 7: 22-25. No se registra en la biblia otro caso en que por un pecado cometido por algún integrante de la iglesia haya sufrido la muerte de esa manera, pero sí es verdad que aquellos que no aceptan la disciplina de sus mayores, o de los que son responsables de la pureza doctrinal de la iglesia, pueden sufrir en el futuro la muerte eterna,

                   El impacto causado: temor sobre propios y extraños

                   “Y vino un gran temor sobre todos los que lo oyeron” (Hechos 5: 5b).

                   “Y Vino gran temor sobre toda la iglesia, y sobre todos los que oyeron estas cosas” (Hechos 5: 11).

     La disciplina ejercida sobre Ananías y Safira tenía un propósito ejemplarizante. A raíz de lo sucedido a Ananías y Safira no sólo los creyentes, sino todos los que se enteraban del hecho eran invadidos por un “gran temor”. La disciplina correctiva a cristianos evidencia que un hijo de Dios no puede vivir de cualquier manera, sino que la iglesia tiene autoridad para ejercer sobre cualquiera de sus miembros medidas punitivas que lo lleven a una purificación espiritual, para restaurar su comunión con el Señor y con su cuerpo, la iglesia.

    TEMA 6) LAS DIVISIONES INTERNAS

                   La iglesia debe resolver los peligros de divisiones internas que puedan surgir. Hemos visto cómo debe enfrentarse el problema de la impureza espiritual, ahora veremos cómo reaccionar ante los peligros de división del cuerpo de Cristo.

                   La causa en la iglesia de Jerusalén: la desatención de las viudas helenística

“En aquellos días, como creciera el número de los discípulos, hubo murmuración de los griegos contra los hebreos, de que las viudas de aquellos eran desatendidas en la distribución diaria” (Hechos 6:1).

Es curioso que el otro gran problema que debió enfrentar la iglesia primitiva tenía que ver también con la decisión de tener un fondo común. En este caso, dado que la iglesia había crecido mucho, las viudas helenistas, o sea de lengua griega, se quejaron de no ser bien atendidas en la “distribución diaria”. En la actualidad las insuficiencias de los necesitados son cubiertas por la seguridad social, como ser una jubilación, o una pensión en caso de las viudas. Los problemas de salud se cubren con la obra social que puedan tener. También existen los hospitales públicos que atienden en forma gratuita a los más necesitados o indigentes. Pero en la cultura del primer siglo no existía ninguna de estas ayudas, por lo que las necesidades debían ser cubiertas por sus familiares. Muchas veces las viudas no tenían familiares y debían recurrir a la mendicidad para cubrir sus necesidades básicas. Esta es la tarea que se impuso la iglesia primitiva al atender a las viudas que no tenían bienes para cubrir su sustento diario.

La solución propuesta por los apóstoles: la división del trabajo

Entonces los doce convocaron a la multitud de los discípulos, y dijeron: No es justo que nosotros dejemos la palabra de Dios, para servir a las mesas…Y nosotros persistiremos en la oración y en el ministerio de la palabra” (Hechos 6: 2 y 4).

Lejos de disculparse o buscar alguna excusa, como haríamos muchos de nosotros hoy en día cuando recibimos una queja, los apóstoles reconocieron la dificultad y propusieron una solución. Esta incluía dos aspectos:

El nombramiento de encargados de “servir a las mesas”

“No es justo que nosotros dejemos la palabra de Dios, para servir a las mesas. Buscad, pues, hermanos, de entre vosotros a siete varones de buen testimonio, llenos del Espíritu Santo y de sabiduría, a quienes encarguemos de este trabajo” (Hechos 6: 2 b y 3)

Había una necesidad y los apóstoles pensaron que lo más conveniente era, en vez de recargarse de trabajo, promover que fueran elegidos otros hermanos para cumplir con la tarea práctica de servir las mesas. Sin embargo, hay que destacar que para una tarea como esa, la de servir, los apóstoles establecieron requisitos espirituales: los siete que fueran elegidos debían ser “de buen testimonio, llenos del Espíritu Santo y de sabiduría”. Es una actitud digna de imitarse en las iglesias actuales. Se debe pensar en esos requisitos cuando elegimos a un hermano como responsable en algún ministerio dentro de la congregación, aunque sea el más humilde de todos.

La continuidad de los apóstoles en el ministerio de la palabra

“Entonces los doce convocaron a la multitud de los discípulos y dijeron…nosotros persistiremos en la oración y en el ministerio de la palabra” (Hechos 6: 2 a y 4).

Los apóstoles, con gran sabiduría no cayeron en la trampa de llenarse de ocupaciones, sino que consideraron “la oración” y “el ministerio de la palabra” como prioridades en el ejercicio de su liderazgo. Una lección muy importante en los tiempos actuales, para los pastores, líderes, ancianos, etc., que en muchos casos descuidan el ministerio de la oración y el ministerio de la palabra para atender aspectos administrativos y para las iglesias que presionan para que así lo hagan. Las iglesias actuales deberían buscar que el pastor o encargado se dedique por entero a la predicación de la palabra y que otros hermanos se ocupen de las tareas administrativas.

La solución ejecutada: nombramiento de seis helenistas y un prosélito.

“Agradó la propuesta a toda la multitud; y eligieron a Esteban, varón lleno de fe y del Espíritu Santo, a Felipe, a Prócoro, a Nicanor, a Timón, a Parmenas y a Nicolás prosélito de Antioquía; a los cuales presentaron ante los apóstoles, quienes orando, les impusieron las manos” (Hechos 6: 5-6).

Todos los elegidos eran de nombre griego y uno de ellos un prosélito, o sea que era de origen gentil. Esto nos habla de la amplitud de criterio que se impuso en la iglesia, con base a la recomendación de los apóstoles Notemos que los elegidos fueron griegos, hombres llenos de fe y del Espíritu Santo. Dos de ellos se destacaron grandemente en su ministerio: Esteban, el primer mártirquien fue lapidado por su fe y testimonio de Jesús, y Felipe, un gran predicador del evangelio en Samaria.

El efecto provocado: multiplicación de los creyentes, liderazgo de Esteban

Y crecía la palabra del Señor, y el número de los discípulos se multiplicaba grandemente en Jerusalén; también muchos de los sacerdotes obedecían a la fe. Y Esteban, lleno de gracia y de poder, hacía grandes prodigios y señales entre el pueblo” (Hechos 6: 7-8).

La sabia decisión de la iglesia, que se atuvo a la propuesta de los apóstoles, provocó que continuara el crecimiento de la iglesia, sobre la base de la predicación de la palabra de Dios. Pero además, el reconocimiento de las cualidades espirituales de Esteban por parte de “la multitud” contribuyó a que éste comenzara su ministerio bendecido, demostrando mediante “grandes prodigios y señalesque estaba “lleno de gracia y de poder”. Esteban no se limitó a desarrollar la tarea para la que fue elegido, sino que se dejó guiar por el Espíritu Santo en el cumplimiento de un ministerio mucho más amplio, surgiendo un verdadero líder entre los cristianos. Es así como surgen los verdaderos líderes, los que son siervos de Jesucristo, dejándose guiar totalmente por el Espíritu de Dios.

Para cumplir con su misión, la iglesia en Jerusalén resolvió sus problemas internos, Para cumplir con su misión en la actualidad, las iglesias cristianas también deben superar los problemas internos en sus respectivas iglesias, tanto los problemas de pecado de sus miembros mediante la disciplina, como así también los peligros de división mediante la adecuada distribución del trabajo y no que todas las tareas las realicen pocas personas.

TEMA 7) LA ATENCIÓN SIMULTÁNEA DE INDIVIDUOS Y GRUPOS

Al disponerse a cumplir con su misión, la iglesia debe contestar un interrogante: ¿A quién atender con más énfasis, a los individuos, o a los grupos? El ejemplo dado por los primeros cristianos nos muestra que la iglesia debe y puede atender simultáneamente a grupos e individuos.

Los esparcidos difunden el Evangelio a grupos de personas

“Y Saulo consentía en su muerte. En aquel día hubo una gran persecución contra la iglesia que estaba en Jerusalén; y todos fueron esparcidos por las tierras de Judea y de Samaria, salvo los apóstoles. Y hombres piadosos llevaron a enterrar a Esteban, e hicieron gran llanto sobre él. Y Saulo asolaba la iglesia, y entrando casa por casa, arrastraba a hombres y a mujeres los entregaba en la cárcel. Pero los que fueron esparcidos iban por todas partes anunciando el evangelio” (Hechos 8: 1-4).

Hemos visto que la iglesia debe enfrentar muchas veces la persecución. Ahora bien, hay ocasiones en que la persecución es el instrumento que utiliza el Señor para empujar a la iglesia al cumplimiento de su misión, y esto fue lo que sucedió con la iglesia primitiva, según el relato del libro de los hechos 8:1-4. La palabra griega traducida “esparcidos” en los versículos 1 y 4 se usa solamente una vez más en el Nuevo Testamento: en Hechos 11:19, versículo que retoma la narración de lo que sucedió con los cristianos perseguidos. La definición etimológica de este término (“sembrar semilla alrededor”) nos muestra lo que debe ser la tarea constante de todo hijo de Dios: la de sembrar continuamente la semilla del evangelio.

La Multitud atendida por Felipe

Felipe había sido uno de los siete elegidos para “servir a las mesas”, pero al igual que Esteban, cuya historia se relata en Hechos 6: 8 – 7: 60), desarrolló un ministerio que trascendió la tarea que le fuera asignada originalmente. Felipe fue el hombre usado por Dios para llevar el evangelio a Samaria, la que, a pesar de estar incluida en el bosquejo de Hechos 1:8, no había sido atendida por los apóstoles como campo misionero hasta ese momento.

La multitud reaccionó positivamente ante las señales de Felipe

“Entonces Felipe, descendiendo a la ciudad de Samaria, les predicaba a Cristo. Y la gente, unánime, escuchaba atentamente las cosas que decía Felipe, oyendo y viendo las señales que hacía Porque de muchos que tenían espíritus inmundos, salían éstos dando grandes voces; y muchos paralíticos y cojos eran sanados; así que había gran gozo en aquella ciudad” (Hechos 8: 5-8).

Felipe, desde que llegó a Samaria, les proclamó a Cristo a sus habitantes y éstos reaccionaron de manera altamente positiva, ya que lo escucharon atentamente. El escritor bíblico explica que tal cosa se debía a que Felipe no sólo presentaba la palabra, sino que hacía “señales”. El versículo siete indica que estas señales consistían en la expulsión de espíritus inmundos y también en la sanidad recibida por cojos y paralíticos. El resultado inmediato de todo esto fue que hubo “gran gozo” entre los samaritanos. ¡Qué hermosa experiencia vive el pueblo de Dios cuando, como en el caso que estamos viendo, la proclamación del evangelio de Jesucristo y la atención de las necesidades integrales del hombre provocan el gozo de aquellos que reciben el mensaje y son beneficiarios en la atención de sus necesidades!

La atención superficial de Simón, el mago:

La multitud samaritana escuchaba a Felipe, pero hubo alguien que si bien los escuchó no entendió en qué consistía su mensaje. Este hombre era un mago cuyo nombre era Simón.

Era muy popular por sus hechicerías.

“Pero había un hombre llamado Simón, que antes ejercía la magia en aquella ciudad, y había engañado a la gente de Samaria, haciéndose pasar por algún grande. A éste oían atentamente todos, desde el más pequeño hasta el más grande, diciendo: Este es el gran poder de Dios. Y le estaban atentos, porque con sus artes mágicas les había engañado mucho tiempo “(Hechos 8: 9-11)

El caso de Simón es todo un ejemplo del cuidado que debe tenerse con aquellos que ostentan aparente o efectivamente un poder especial. Lamentablemente, así como los samaritanos creían que el poder que actuaba en Simón era el poder de Dios, en la actualidad muchos cristianos creen ver el poder de Dios en toda demostración de poder. Se olvidan de las palabras de Jesús tan rotundas que dicen: “No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos. Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros? Y entonces les declarará; apartaos de mí, hacedores de maldad” (Mateo 7: 21-23).

Creyó intelectualmente y se bautizó:

Pero cuando creyeron a Felipe, que anunciaba el evangelio del reino de Dios y el nombre de Jesucristo, se bautizaban hombres y mujeres. También creyó Simón mismo, y habiéndose bautizado, estaba siempre con Felipe; y viendo las señales y grandes milagros que se hacían, estaba atónito” (Hechos 8: 12-13).

Las cosas que pasaron después, pusieron en evidencia que Simón no llegó a creer en el evangelio de manera ortodoxa, o sea entregándose al señorío de Cristo y disponiéndose a que el Espíritu de Dios transformara su vida. No, lo que sucedió con Simón fue que ante el impacto que le causó el observar las señales de Felipe quiso pertenecer al grupo de hombres como Felipe. Fue así como este hombre se bautizó y pasó a la historia como uno de esos casos en que el bautismo no es nada más que un simple baño, ya que cuando el bautismo no es precedido de una fe auténtica no tiene sentido.

Simón tiene el gran honor de haber dado nombre a una de las grandes aberraciones que se pueden dar en el terreno religioso: la simonía, Efectivamente, el hecho de que él quisiera comprar la capacidad de transmitir el don del Espíritu Santo, convirtió a Simón en el precursor de aquellos que a lo largo del cristianismo han pretendido comprar el perdón de Dios, o la Salvación. También en el día de hoy hay personas que aparentemente se convierten, pero no entregan sus vidas al señorío de Cristo en forma total. Piensan tal vez que asistiendo asiduamente a los servicios en la iglesia, ayudar con ofrendas, e incluso ejercer algún ministerio ya tienen ganada la entrada al reino de los cielos. Debemos recordar que lo más importante es aceptar a Jesús como salvador, que mediante su sacrificio en la cruz nos abrió las puertas para poder volver al Padre, y también como Señor total de sus vidas.

La intervención de los Apóstoles Pedro y Juan enviados desde Jerusalén

“Cuando los apóstoles que estaban en Jerusalén oyeron que Samaria había recibido la palabra de Dios, enviaron allá a Pedro y a Juan; los cuales, habiendo venido, oraron por ellos para que recibiesen el Espíritu Santo; porque aún no había descendido sobre ninguno de ellos, sino que solamente habían sido bautizados en el nombre de Jesús. Entonces les imponían las manos, y recibían el Espíritu Santo” (Hechos 8: 14-17).

Con la intervención de Pedro y Juan, apóstoles de Jesucristo, comienza oficialmente la obra en el pueblo de Samaria, lugar al que el Mismo Jesús, antes de su ascensión a los cielos, les ordenó que predicasen (Hechos 1:8). Si bien Felipe había predicado fielmente el evangelio de Jesucristo y su plan de salvación, incluyendo el bautismo, los apóstoles completan la obra con la imposición de manos para que ellos también reciban el Espíritu Santo.

La petición de Simón el mago

“Cuando vio Simón que por la imposición de manos de los apóstoles se daba el Espíritu Santo, les ofreció dinero, diciendo: dadme también a mí este poder, para que cualquiera a quien yo impusiere las manos reciba el Espíritu Santo” (Hechos 8: 18-19).

El pedido de Simón demuestra que él no había entendido el plan de Dios para salvar a la humanidad de la esclavitud del pecado, y que esa salvación se obtiene gratuitamente, y sólo gratuitamente, Muchos a través de los siglos de cristianismo quisieron y quieren hacer lo mismo: comprar por dinero esa salvación. Lo que el mago quería era tener el poder de otorgar el Espíritu Santo a todo aquel que él quisiera dársela. Cuidémonos nosotros de hacer lo mismo o enseñar doctrinas parecidas. Sí debemos enseñar a todos que la salvación se obtiene por gracia y sólo por gracia, sin pagos de ninguna naturaleza. Sólo se requiere un arrepentimiento sincero y una entrega total de nuestra vida al Señorío de Cristo, aceptando su plan de salvación que se encuentra explicado en la Palabra de Dios.

Pedro reaccionó duramente ante el pedido de Simón

“Entonces Pedro le dijo: Tu dinero perezca contigo, porque has pensado que el don de Dios se obtiene con dinero. No tienes tú parte ni suerte en este asunto, porque tu corazón no es recto delante de Dios. Arrepiéntete, pues, de esta tu maldad, y ruega a Dios, si quizá te sea perdonado el pensamiento de tu corazón; porque en hiel de amargura y en prisión de maldad veo que estás. Respondiendo entonces Simón, dijo: rogad vosotros por mí al Señor, para que nada de esto que habéis dicho venga sobre mí.” (Hechos 8: 20-24).

Las palabras empleadas por Pedro nos pueden sonar a excesivamente fuertes. Sin embargo debemos considerar la importancia de mantener la sana doctrina en los inicios del pueblo cristiano. Esa importancia no ha disminuido por más que hayan pasado veinte siglos del acontecimiento que nos ocupa. Quizás si tuviéramos una actitud más enérgica ante los brotes de problemas como éstos, no llegarían al desarrollo que muchos tienen. Claro, muchos pueden preguntarse ¿Quién es el indicado para detectar lo que se aparta de la sana doctrina? Y la respuesta es también simple; pero no por ello menos profunda: el siervo de Dios, que está constantemente en comunión con Dios, como Jesús lo estaba y buscaba su dirección, que se encuentra lleno del Espíritu Santo, que tiene la humildad que tuvo Cristo y los primeros apóstoles, puede espontáneamente corregir y reprender con la autoridad que ha recibido de parte del Señor.

Los apóstoles completan la obra iniciada por Felipe

Y ellos, habiendo testificado y hablado la palabra de Dios, se volvieron a Jerusalén, y en muchas poblaciones de los samaritanos anunciaron el evangelio” (Hechos 8: 25).

Felipe había actuado como el pionero, el precursor, en la evangelización de los samaritanos, y ahora los apóstoles, mientras volvían a Jerusalén, iban anunciando el evangelio. Podríamos preguntarnos si los apóstoles hubieran predicado en Samaria sin el antecedente de Felipe; eso no lo sabemos, pero lo que sí sabemos con seguridad es que la obra es del Señor y él usa a cada uno de sus siervos conforme a su voluntad. La obra misionera no es obra de superestrellas. La predicación del evangelio no debe depender de una persona o de unos cuantos. El ministerio de la evangelización pertenece al pueblo cristiano en su conjunto y en él, cada crecente debe participar según su propio don y su propio llamamiento

TEMA 8: LA ATENCIÓN DE INDIVIDUOS                                                               

 

El individuo al que debió atender Felipe

Felipe estaba participando de todo un avivamiento y seguramente que se sentía muy a gusto predicando el evangelio en Samaria. Sin embargo recibió el mandato de Dios de dejar aquel campo de servicio y dirigirse a un lugar desierto. Allí debía encontrarse con un solo hombre a quien debía anunciarle a Cristo. Puede parecernos raro, fuera de lugar, que un evangelista como Felipe debía dejar un campo tan fructífero para dedicarle tiempo a un solo hombre, uno solo. Pero analizando la experiencia de Felipe nos ayuda a entender que Jesús es el Señor, es él quien debe determinar cuándo y cómo servir a la causa del evangelio, y cómo sujetarnos a su voluntad.

Felipe se atuvo a las instrucciones divinas

“Un ángel del Señor habló a Felipe, diciendo: Levántate y ve hacia el sur, por el camino que desciende de Jerusalén a Gaza, el cual es desierto. Entonces él se levantó y fue. Y sucedió que un etíope, eunuco, funcionario de Candace reina de los etíopes, el cual estaba sobre todos sus tesoros, y había venido a Jerusalén para adorar, volvía sentado en su carro, y leyendo al profeta Isaías. Y el Espíritu dijo a Felipe: Acércate y júntate a ese carro” (Hechos 8: 26-29).

Obedeció de inmediato (v. 26-27-a) El siervo de Dios no está para discutir con Dios, sino para someterse a sus mandatos y así lo entendió Felipe claramente. No sabemos si tuvo dudas antes de obedecer, pero lo importante es que hizo lo que el ángel le indicó, o sea que obedeció la orden impartida por Dios.

Fue guiado por el Espíritu Santo para saber a quien evangelizar (v. 27b-29) El individuo a quien Felipe debía evangelizar parecía reunir todas las características como para no merecer su atención: era rico (ya que era el ministro de economía de Etiopía), era gentil (y sabemos que para los judíos, los gentiles eran asquerosos “perros”) y para colmo era eunuco (y según Deuteronomio 23:1 los mismos no tenía cabida en la congregación de los israelitas). A veces a nosotros también nos toca evangelizar a aquellos que no parecen ser las personas idóneas, según nuestros criterios humanos, para escuchar el mensaje del evangelio ¡Cómo debemos sujetarnos a la guía del Espíritu Santo y aprender a erradicar de nuestra mente todo tipo de discriminación!

Felipe desarrolló una acción evangelizadora modelo

“Acudiendo Felipe, le oyó que leía al profeta Isaías, y dijo: Pero: ¿Entiendes lo que lees? El dijo: ¿Y cómo podré, si alguno no me enseñare? Y le rogó a Felipe que subiese y se sentara con él. El pasaje de la Escritura que leía era este: Como oveja a la muerte fue llevado; Y como cordero mudo delante del que lo trasquila. Así no abrió su boca. En su humillación no se le hizo justicia; Mas su generación, ¿Quién la contará? Porque fue quitada de la tierra su vida. Respondiendo el eunuco, dijo a Felipe: Te ruego que me digas: ¿De quién dice el profeta esto; de sí mismo, o de algún otro? Entonces Felipe, abriendo su boca, y comenzando desde esta escritura, le anunció el evangelio de Jesús” (Hechos 8: 30-35).

Tenemos mucho para aprender de la labor evangelística de Felipe en relación con el eunuco etíope.

Comenzó aclarando las dudas del evangelizado (vv 30-35a). El eunuco etíope era un gentil que había encontrado en el judaísmo algo superior a lo que ofrecía el pensamiento religioso de su propio pueblo y es por eso que cuando Felipe lo encuentra viene de haber adorado en Jerusalén. Este hombre era lo que se denominaba un “temeroso de Dios” y como tal estaba interesado en conocer el Antiguo Testamento: es por eso que Felipe lo encuentra leyendo un texto del profeta Isaías. Sin embargo, el tesorero de Candace (Nombre que recibían las reinas etíopes, así como Faraón era el título de los soberanos egipcios) no podía entender cabalmente a qué se refería el profeta. Felipe, antes de hablarle al funcionario etíope de Cristo, se refirió al pasaje que leía este. ¡Qué importante es también en nuestro tiempo partir de donde está el evangelizado (comenzar desde lo que sabe) y a partir de su experiencia desarrollar nuestro ministerio evangelístico!

Centró su mensaje en la persona de Jesús (v. 35b) El evangelista comenzó su mensaje a partir de Isaías, pero inmediatamente después le presentó al eunuco a aquel a quien se había referido el profeta: a Jesús. Como Felipe, nosotros también debemos evitar que otros temas o intereses nos distraigan de lo que debe ser nuestro objetivo fundamental: presentar a quien no es creyente al hijo de Dios y su plan de salvación.

La reacción del eunuco ante el mensaje de Felipe

“Y yendo por el camino, llegaron a cierta agua, y dijo el eunuco: Aquí hay agua, ¿qué impide que yo sea bautizado? Felipe dijo: Si crees de todo corazón, bien puedes. Y respondiendo, dijo: Creo que Jesucristo es el Hijo de Dios. Y mandó parar el carro; y descendieron ambos al agua, Felipe y el eunuco, y le bautizó. Cuando subieron del agua, el Espíritu del Señor arrebató a Felipe, y el eunuco no le vio más, y siguió gozoso su camino” (Hechos 8: 36-39).

La reacción del eunuco es una clara evidencia de la efectividad del mensaje de Felipe. Podemos observar sus dos actitudes:

El eunuco pidió el bautismo (v.36) Es posible que el eunuco pensara que durante algún tiempo no iba a poder moverse de su patria y entonces quiso que la predicación de Felipe se completara al bautizarlo. Lo cierto es que la petición del etíope pone de manifiesto su deseo de comprometerse de lleno con la causa del Jesucristo.

Después del bautismo el etíope “siguió gozoso su camino” (vv. 38-39) El gozo es uno de los elementos constitutivos de la vida cristiana, ya que forma parte del fruto del Espíritu. El hecho de que el etíope siguiera su camino gozoso señala claramente la transformación que operó el Espíritu Santo en él. No tenemos noticias de lo que sucedió posteriormente con el eunuco y su pueblo, pero debemos considerar que la palabra de Dios que sembramos no vuelve a Él vacía.

Felipe y la perseverancia de su ministerio

“Pero Felipe se encontró en Azoto; y pasando, anunciaba el evangelio en todas las ciudades, hasta que llego a Cesarea” (Hechos 8: 40).

Después de que evangelizara al eunuco, Felipe volvió a los grupos. Predicó el evangelio en Azoto y desde este lugar hasta Cesarea fue haciendo lo mismo en todas las ciudades por donde pasaba. Es justamente en Cesarea donde lo volvemos a encontrar en el relato de Hechos 21: 8-9, teniendo el privilegio de que sus hijas siguieran su ejemplo de servicio y convertidas en “profetisas”. El ejemplo de Felipe nos muestra claramente que la propuesta no es “grupos” o “individuos”, sino “grupos e individuos. Que Dios nos bendiga para que no sólo lo podamos entenderlo así, sino para que vivamos y sirvamos de acuerdo con este principio bíblico.

TEMA 9) LA TAREA DEBE REALIZARSE DE COMÚN ACUERDO ENTRE LÍDERES Y CONGREGACIÓN

Hay ocasiones en que la iglesia cristiana no cumple adecuadamente su misión en este mundo, porque la visión de los miembros de la iglesia no coincide con la del pastor o siervo puesto por Dios, o con el grupo de ancianos o colaboradores, o los responsables de los distintos grupos, o por quien está a cargo de dicha iglesia, para que la guíe en el ejercicio de su ministerio.

En el libro de Los Hechos, encontramos una iglesia, que podría tomarse como ejemplo en cuanto a la relación que existía entre sus líderes, y entre los líderes y los miembros de la misma: la iglesia de Antioquia.

Surgimiento de un líder Cristiano

“Saulo, respirando aún amenazas y muerte contra los discípulos del Señor, vino al sumo sacerdote, y le pidió cartas para las sinagogas de Damasco, a fin de que si hallase algunos hombres o mujeres de este camino, los trajese presos a Jerusalén. Mas yendo por el camino, aconteció que al llegar cerca de Damasco, repentinamente le rodeó un resplandor de luz del cielo; y cayendo en tierra, oyó una voz que le decía: Saulo, Saulo, ¿Por qué me persigue? Él dijo: ¿Quién eres, Señor? Y le dijo: Yo soy Jesús, a quien tú persigues, dura cosa te es dar coces contra el aguijón. Él, temblando y temeroso, dijo: Señor, ¿Qué quieres que yo haga? Y el Señor le dijo: Levántate y entra en la ciudad, y se te dirá lo que debes hacer. Y los hombres que iban con Saulo se pararon atónitos, oyendo a la verdad la voz, mas sin ver a nadie. Entonces Saulo se levantó de tierra, y abriendo los ojos, no veía a nadie, así que, llevándole por la mano, le metieron en Damasco, donde estuvo tres días sin ver, y no comió ni bebió” (Hechos 9: 1-9).

En la actualidad estamos viviendo un tiempo de gran crisis en el liderazgo, ya sea por falta de compromiso, o por otras causas, lo que lleva a veces a crear instituciones que se dedican a la formación de líderes, a preparar a personas que puedan liderar una congregación o grupo. En algunos casos las iglesias y organizaciones cristianas también parecieran depositar toda su confianza en institutos de liderazgo que, sin ser malos en sí, no pueden ni deberían reemplazar de ninguna manera el llamamiento y la capacitación que vienen como resultado de la obra del Espíritu Santo. De allí que, las enseñanzas que nos deja el libro de los Hechos de los Apóstoles sobre el surgimiento de un gran líder y misionero como fue Pablo, tengan vigencia en la actualidad.

Comienza con un encuentro con Jesucristo (Hechos 9: 1-9)

Es una realidad, y debería ser tenida en cuenta por todos los cristianos, que de entre ellos no se puede levantar un líder que no haya tenido un encuentro previo con el Señor Jesucristo. Sin embargo hay ocasiones en que el liderazgo en algunas iglesias se le da a una persona que no ha tenido ese encuentro, o que no ha nacido de nuevo. No podemos pretender que todos tengan un encuentro tan espectacular como el que tuvo Pablo, pero sí es imprescindible que exista un verdadero encuentro con el Hijo de Dios. Para ser un verdadero líder cristiano, éste debe estar sujetos en todo a Dios y de su hijo Jesús. Sólo de esa manera su liderazgo será positivo y llevará mucho fruto.

Por más distante que se haya estado de él (v.1-2)

Pablo, como buen fariseo, quería erradicar la fe cristiano de la faz de la tierra, y por eso quiso continuar en Damasco la obra que había iniciado en Jerusalén contra los seguidores de Jesús. Años después, al escribir su primera carta a Timoteo, Pablo se mostraba sorprendido de que el Señor lo hubiera llamado: “habiendo yo sido antes blasfemo, perseguidor e injuriador, mas fui recibido a misericordia porque lo hice por ignorancia, en incredulidad” (1 Timoteo 1:13). Es evidente que Pablo actuó contra la voluntad de Dios al perseguir a los cristianos de esa época, pero Dios en su misericordia lo llama a ser un discípulo de Jesucristo. Pablo llega a ser el misionero más importante de todos los tiempos. Con eso vemos que para Dios no es importante nuestro pasado en pecado, sino que con arrepentimiento genuino y aceptando el señorío de Cristo en nuestras vidas podemos serle útil de alguna manera para la expansión de la fe en nuestro mundo cada vez más alejado de Dios.

En el que se debilita el orgullo (v- 3-9)

Hay una expresión popular que dice: este tiene que bajarse del caballo”. También hay otras para referirse al mismo tema, o sea de que alguien tiene que dejar una actitud prepotente hacia aquellos que piensan distinto. Esto fue lo que le pasó a Saulo de Tarso si bien la Biblia no especifica en qué vehículo viajaba cuando cayó en tierra. Leemos en la escritura que él estaba “dando coces contra el aguijón” al perseguir a los cristianos. Es decir que se había estado lastimando a sí mismo al marchar contra los planes de Dios y aquél que iba con postura arrogante tiene que entrar en Damasco de la mano de otros, ya que no se puede valerse por sí mismo. Todo buen cristiano, debe humillarse delante de Dios antes de ejercer su ministerio y depender del Señor en todo cuanto haga.

Parte de una buena atención después del encuentro con Jesús.

Había entonces en Damasco un discípulo llamado Ananías, a quien el Señor dijo en visión: Ananías. Y él respondió: Heme aquí, Señor. Y el Señor le dijo: Levántate, y ve a la calle que se llama Derecha, y busca en casa de Judas a uno llamado Saulo de Tarso; porque he aquí, él ora, y ha visto en visión a un varón llamado Ananías, que entra y le pone las manos encima para que recobre la vista. Entonces Ananías respondió: Señor, he oído de muchos acerca de este hombre, cuántos males ha hecho a los santos en Jerusalén; y aun aquí tiene autoridad de los principales sacerdotes para prender a todos los que invocan tu nombre. El Señor le dijo: Ve, porque instrumento escogido me es éste, para llevar mi nombre en presencia de los gentiles, y de reyes, y de los hijos de Israel, porque yo le mostraré cuánto le es necesario padecer por mi nombre. Fue entonces Ananías y entró en la casa, y poniendo sobre él las manos, dijo: Hermano Saulo, el Señor Jesús, que se te apareció en el camino por donde venías, me ha enviado para que recibas la vista y seas lleno del Espíritu Santo. Y al momento se le cayeron de los ojos como escamas, y recibió al instante la vista; y levantándose, fue bautizado. Y habiendo tomado alimento, recobró fuerzas. Y estuvo Saulo por algunos días con los discípulos que estaban en Damasco” (Hechos 9:10-19)   

Dios tenía un plan para la vida de Saulo y es por eso que instruyó a Ananías para que atendiera espiritualmente a quien llegaría a ser el apóstol de los gentiles. En esta labor de discipulado podemos ver dos aspectos fundamentales.

Ejercida por un líder maduro.

Cuando Pablo fue arrestado en Jerusalén, después de una amplia labor misionera, describió a Ananías como un “varón piadoso según la ley, que tenía buen testimonio de todos los judíos que moraban allí, en Damasco. “Entonces uno llamado Ananías, varón piadoso según la ley, que tenía buen testimonio de todos los judíos que allí moraban” (Hechos 22:12). Esa actitud demuestra que el apóstol Pablo estaba muy agradecido de ese encuentro, ya que de perseguidor de la iglesia de Jesucristo pasó a ser el más grande evangelista de todos los tiempos. Es evidente que Dios sabe elegir a sus colaboradores en la tarea de predicar el mensaje, puesto que él conoce el corazón de todos los habitantes del mundo, y sabe quién es útil para cada una de las tareas que son necesarias para dar a conocer su mensaje: que Jesús vino a nuestro planeta para dar su vida por todos sus habitantes sin discriminaciones de ninguna naturaleza.

Ejercida por un líder que prevé que será un discípulo.

La formación más importante que recibe un líder no está basada en principios de las ciencias sociales, aunque éstas puedan tener aplicaciones útiles, sino en la orientación de un siervo de Dios que ve en el discípulo lo que puede llegar a ser bajo la guía del Espíritu Santo. Por lo visto hasta aquí, debemos tener en cuenta que toda iglesia para cumplir adecuadamente con su misión, debe programar un buen ministerio de discipulado. De siervos como Ananías pueden derivar siervos como Pablo. Si bien Ananías tuvo en principio ciertos reparos para ejecutar la misión encomendada por el Señor mediante una visión, luego cumplió con las instrucciones que se le impartieron, recobrando Saulo de Tarso la vista. Desde éste momento pasó a llamarse Pablo, quien además de ser un verdadero misionero, es autor de muchas epístolas del nuevo testamento, en donde se puede ver el profundo cambio que se produjo en su ser, que evidencia un genuino arrepentimiento de las obras de su pasado, sufriendo durante su vida muchas penurias y ofrendando al final su vida por causa del evangelio.

El Ministerio Inicial de un Lider Cristiano

“Ahora bien, los que habían sido esparcidos a causa de la persecución que hubo con motivo de Esteban, pasaron hasta Fenicia, Chipre y Antioquía, no hablando a nadie la palabra sino sólo a los judíos. Pero había entre ellos unos varones de Chipre y de Cirene, los cuales cuando entraron en Antioquía, hablaron también a los griegos, anunciando el evangelio del Señor Jesús. Y la mano del Señor estaba con ellos, y gran número creyó y se convirtió al Señor. Llegó la noticia de estas cosas a oídos de la iglesia que estaba en Jerusalén, y enviaron a Bernabé que fuese hasta Antioquía. Este, cuando llegó, y vio la gracia de Dios, se regocijó, y exhortó a todos a que con propósito de corazón permaneciesen fieles al Señor. Porque era varón bueno, y lleno del Espíritu Santo y de fe. Y una gran multitud fue agregada al Señor. Después fue Bernabé a Tarso para buscar a Saulo; y hallándole, le trajo a Antioquía. Y se congregaron allí todo un año con la iglesia, y enseñaron a mucha gente; y a los discípulos se les llamó cristianos por primera vez en Antioquía” (Hechos 11:19-26)

Pablo no recibió la aceptación por parte de los cristianos de Jerusalén, y era lógico si pensamos que había sido un perseguidor de la iglesia. Es por eso que el Señor utilizó a los creyentes de otra ciudad, a Antioquia de Siria, para que tuviera el respaldo que lo ubicaría en la posición de mensajero del evangelio entre los gentiles. Ejerció su ministerio por todo un año, enseñando la palabra de Dios. Si bien no tenía el respaldo de los Apóstoles, en la iglesia de Antioquía fue bien recibido y pudo realizar su tarea, que le sirvió luego para iniciar la evangelización del mundo griego, y luego el romano.

Un eslabón de una larga cadena (v. 19-24)

Cuando un siervo de Dios inicia determinado ministerio generalmente edifica sobre la base de otro que ha comenzado algo antes. En el caso de Pablo podemos señalar dos ministerios previos:

a) De parte de cristianos anónimos (19-21)

La obra de Dios no es sólo de los líderes, sino de todos los creyentes que cumplen con el deber de testificar de Jesucristo. Sobre todo de quienes tratan de llegar a todo tipo de personas, como fue el caso de algunos de los cristianos perseguidos que comenzaron a evangelizar a los gentiles fuera de Jerusalén y de quienes no tenemos datos. Lo verdaderamente importante aquí no es que no sabemos los nombres de quienes iniciaron esta tarea, sino que hubo resultados concretos, ya que la palabra de Dios menciona que “gran número creyó y se convirtió al Señor”.

b) De parte de buenos líderes (22-24)

De manera similar a lo que sucede con Ananías, también encontramos una hermosa descripción del carácter cristiano de Bernabé: “era varón bueno, y lleno del Espíritu Santo y de fe” (v. 24). Es comprensible que Dios, quien le había concedido tales cualidades, las utilizara para que muchas personas se convirtieran en Antioquia. Uno de esas personas fue Pablo, quien después se transforma en el más grande evangelista conocido hasta la fecha.

Entrar en un ministerio compartido (25-26).

Bernabé no era un líder egoísta, que deseara para sí mismo la gloria de liderar una iglesia. Cuando vio que la labor a desarrollar era amplia pensó en un hermano que pudiera ayudarle en la iglesia de Antioquia y dicho siervo de Dios era Pablo. Gracias a este ministerio compartido se logró lo siguiente:

a) Se alcanzó “a mucha gente” (26a): debemos tener en cuenta que lo que pueda hacer un equipo ministerial, sean estos el Pastor y Diáconos, o los líderes de los distintos ministerios, lo que hagan es más de lo que puede hacer un solo siervo. Por eso es muy importante realizar la tarea sin egoísmo, sino ayudándose unos a otros para llevar a más personas a los pies del Señor Jesucristo..

b) Surgió el apelativo “Cristiano (26b): Fue tal la profundidad con que se vivió el evangelio en Antioquia, que la gente se refirió a los creyentes de esa ciudad como “cristianos” o sea como seguidores o imitadores de Cristo.

Una Iglesia Misionera

“Había entonces en la iglesia que estaba en Antioquía, profetas y maestros: Bernabé, Simón el que se llamaba Niger, Lucio de Cirene, Manaén el que se había criado junto con Herodes el tetrarca, y Saulo. Ministrando éstos al Señor, y ayunando, dijo el Espíritu Santo: apartadme a Bernabé y a Saulo para la obra a que los he llamado. Entonces, habiendo ayunado y orado, les impusieron las manos y los despidieron” (Hechos 13:1-3).

Hemos visto en primer lugar como surge el gran líder que fue Pablo. Luego vimos los frutos de ese liderazgo compartido. Como resultado vemos que esa iglesia luego respalda la iniciación de la obra misionera cristiana más importante de todos los tiempos.

Ejerce los dones espirituales (v-1a: Los dones distribuidos por el Espíritu Santo son distribuidos por gracia, pero tienen como propósito capacitar a los cristianos en el servicio. Así lo entendieron los cristianos de Antioquia, entre quienes hubo una clara diferenciación entre los que habían recibido el don de “profetas” y los que habían recibido el don de “maestros”.

Ejerce el pluralismo (v.1b): Entre los líderes mencionados, uno era de origen fariseo, y nacido en Tarso (Saulo); otro de origen levita y natural de Chipre (Bernabé); uno se había criado con Herodes el Tetrarca (Manaén); otro era un judío con el sobrenombre latino (Simón, llamado “Níger”, Negro en latín), lo que indicaría su buena relación con los romanos y finalmente, alguien que venía de Cirene, al norte de África (Lucio). Como vemos, en Antioquia se dio una amplia variedad en cuanto a la procedencia y nivel socio-cultural-religioso de sus líderes. Eso significa que en la actualidad no se debe hacer discriminaciones por el origen social, raza, etc. ya que el Señor se sirve de cualquiera que esté dispuesto a servirle de todo corazón.

Adora con fervor (v.2-a): La ocasión en que escucharon la voz de Dios fue en un culto en el que estaban ayunando. Así lo indica la palabra griega traducida “ministrando” que era la empleada para referirse a la conducción de un culto. Sería importante que la adoración se diera sobre la base de adorar a Dios en Espíritu y en Verdad, como lo hicieron en Antioquia y no en la base de sensacionalismos o expresiones exteriores. La verdadera adoración es la que nace de lo profundo de nuestro corazón, en humildad, reconociendo al Señor como el ser supremo, y a Jesucristo como el verdadero salvador de nuestras almas, y que por lo tanto es digno de toda alabanza y adoración ahora y por toda la eternidad.

Atiende a la voz del Espíritu Santo (v.2-b): Vemos que la iglesia oyó la voz del Espíritu Santo. Denota que es una decisión de Dios mismo, que por medio del Espíritu Santo dice: “Apartadme a Bernabé y a Saulo para la obra a que los he llamado”.

Es obediente y desprendida (v.3): La iglesia de Antioquia no trató de retener para sí a dos de sus mejores líderes que tenía. Todo lo contrario, los apoyó espiritualmente (oraron por ellos) y se responsabilizó como auspiciadora de la misión encomendada. Así lo vemos en Hechos 14:26-28, cuando Pablo y Bernabé informan a la iglesia de los resultados de su primer viaje misionero. Vemos aquí como Pablo fue usado por Dios para la predicación de su mensaje entre los pueblos gentiles. Vemos asimismo cómo una iglesia como la de Antioquia hizo posible esta obra, y como el Espíritu Santo los puso en relación a uno y a otra, y con eso surgió ese gran movimiento misionero entre los gentiles. Viendo esto debemos pensar que la iglesia actual debería actuar de la misma manera como lo hicieron esos primeros cristianos que produjeron tantos frutos. Recordemos que el mismo Jesús, antes de ascender a los cielos ordenó a sus seguidores predicar el evangelio de Salvación a todos los hombres: “Pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra” (Hechos 1:8). Recordemos también que al día de hoy hay muchos pueblos que no han escuchado de este mensaje y deben ser alcanzados, antes de que Jesucristo venga a buscar a los suyos. Dice la palabra de Dios: “Y será predicado este evangelio del reino en todo el mundo, para testimonio a todas las naciones; y entonces vendrá el fin” (Mateo 24:14).

TEMA 10) LOS PREJUICIOS – COMO SUPERARLOS

La palabra “prejuicio”, conforme al diccionario significa: Juzgar de las cosas antes de tiempo o sin tener un completo conocimiento de ellas”, y se utiliza en muchas ocasiones de manera excesiva y equivocada. Cuando los cristianos son condenados por cualquier pecado cometido de trascendencia social, como la homosexualidad, por ejemplo, nos dicen que tenemos “prejuicios”. Esto no es tan así, ya que como cristianos, debemos amar a nuestros semejantes, sean estos homosexuales, o los que se encuentran en la cárcel por cualquier delito cometido, y también a las madres solteras, etc. Ellos también son seres creados por Dios, con derecho a tener una oportunidad de escuchar el evangelio, y queremos que se arrepientan para que puedan ser liberados de su pecado; pero odiamos el pecado que cometen y por eso lo combatimos abierta y enérgicamente. No obstante muchas veces los hijos de Dios nos vemos frenados en el cumplimiento de nuestra misión por nuestros prejuicios. De allí la importancia de atender a las enseñanzas del texto bíblico y aprender así a superarlos.

Cornelio Recibe un mensaje de Dios

El relato que presenta aquí el Dr. Lucas, autor de este libro es de gran trascendencia desde el punto de vista doctrinal. La presentación también está muy bien lograda. Lo primero que observamos es una descripción del personaje ante quien ha de ministrar el apóstol Pedro y una narración del mensaje que Dios le transmite:

¿Quién era Cornelio?

“Había en Cesarea un hombre llamado Cornelio, centurión de la compañía llamada la italiana, piadoso y temeroso de Dios con toda su casa, y hacía muchas limosnas al pueblo, y oraba a Dios siempre” (Hechos 10: 1-2)Cornelio era un centurión. Un centurión romano era jefe de una centuria y tenía bajo su mando a cien soldados. En el Nuevo Testamento encontramos varias referencias positivas en cuanto a los centuriones. En Mateo 5: 8-13 se encuentra descripta la historia de la curación de un siervo de un centurión por parte de Jesús. En Mateo 27:54 se encuentra la confesión que realiza un centurión al pie de la cruz: “El Centurión, y los que estaban con él guardando a Jesús, visto el terremoto, y las cosas que habían sido hechas, temieron en gran manera, y dijeron: Verdaderamente éste era Hijo de Dios”. En Hechos 27: l y 27: también hay referencias a un centurión. En primer lugar acompaña a Pablo en su viaje a Roma, y luego fue él quien usó de su influencia para salvarle la vida, pero en ningún caso se habla tan bien de un centurión como en el caso de Cornelio.

Era “Piadoso” y “temeroso de Dios”. Cornelio era un hombre que buscaba agradar a Dios dentro de los límites de su iluminación espiritual, siendo uno de aquellos gentiles que había encontrado en el judaísmo una fe digna de abrazar. Muchos cristianos en el día de hoy, cuando observamos su conducta y la vida privada que llevan, nos muestran que no son piadosos y tampoco temen a Dios, ni le dan el respeto que merece.

Ejercía un liderazgo espiritual en su familia: Cornelio no se había conformado con ser piadoso él solo, sino que había conducido a su familia hacia la misma piedad. Es una verdad que deberían tener en cuenta muchos hombres hoy en día, ya que descuidan el liderazgo espiritual en su propio hogar.

Era un hombre generoso y de oración: Cornelio “daba muchas limosnas” y oraba continuamente. Es decir, que no solamente creía, sino que actuaba conforme a su fe. Cornelio buscaba sinceramente a Dios y no tardó en recibir un mensaje divino. Es también un modelo para imitar en nuestros días: ser generosos con nuestros semejantes que padecen necesidad, y tener una vida de oración, que es la forma de estar en comunión con nuestro creador.

Las oraciones y limosnas de Cornelio habían subido como memorial:

“Este vio claramente en una visión, como a la hora novena del día, que un ángel de Dios entraba donde él estaba, y le decía: Cornelio. El mirándole fijamente, y atemorizado, dijo: ¿Qué es, Señor? Y le dijo: Tus oraciones y tus limosnas han subido para memoria delante de Dios” (Hechos 10: 3-4) La palabra traducida “memoria” puede traducirse más precisamente como “memorial”, o sea aquello que hace que se tenga memoria de alguien. Deberíamos preguntarnos cuantos hombres hay a nuestro alrededor (incluyéndonos nosotros en ese grupo) cuyas buenas acciones están subiendo como memorial delante de Dios.    

Debía mandar a buscar a un “vocero” de Dios

            “Envía, pues, ahora hombres a Jope, y haz venir a Simón, el que tiene por sobrenombre Pedro. Este posa en casa de cierto Simón curtidor, que tiene su casa junto al mar; él te dirá lo que es necesario que hagas” (Hechos 10: 5-6) Aunque las palabras finales del vers. 6 no aparecen en los viejos manuscritos, es evidente que Cornelio entendió que debía mandar buscar a alguien que le hablaría de parte de Dios. En ese sentido es un privilegio que tenemos los cristianos en la actualidad de hablar como sus “voceros”.

La cuidadosa evidencia de Cornelio

“Ido el ángel que hablaba con Cornelio, éste llamó a dos de sus criados, y a un devoto soldado de los que le asistían; a los cuales envió a Jope, después de haberles contado todo” (Hechos 10: 7-8). Cornelio, apenas se fue el ángel de su presencia, llamó a “dos de sus criados y un devoto soldado” y los mandó a Jope a buscar al hombre designado por Dios para que le hiciera conocer la voluntad divina. Vemos aquí que no dejó pasar la oportunidad, sino que inmediatamente hace lo que el ángel le indicó. Es evidente que estaba muy interesado en saber lo que Dios tenía que decirle. También nosotros, los cristianos actuales debemos actuar con responsabilidad cuando sentimos que Dios nos está hablando y no demorarnos en realizar las tareas que sentimos que debemos hacer a favor de quienes necesitan de nuestra ayuda o consejo.

Pedro Recibe una lección fundamental

“Al día siguiente, mientras ellos iban por el camino y se acercaban a la ciudad, Pedro subió a la azotea para orar, cerca de la hora sexta. Y tuvo gran hambre, y quiso comer; pero mientras le preparaban algo, le sobrevino un éxtasis; y vio el cielo abierto y que descendía algo semejante a un largo lienzo, que atado de las cuatro puntas era bajado a la tierra; en el cual había de todos los cuadrúpedos terrestres y reptiles y aves del cielo. Y le vino una voz: Levántate, Pedro, mata y come. Entonces Pedro dijo: Señor, no; porque ninguna común o inmunda he comido jamás. Volvió la voz a él la segunda vez: Lo que Dios limpió, no lo llames tú común. Esto se hizo tres veces; y aquel lienzo volvió a ser recogido en el cielo” (Hechos: 10:9-16). Pedro, después de haber sido instrumento en las manos de Dios para la resurrección de Dorcas, se había quedado en casa de “Simón el Curtidor (Historia relatada en Hechos 9:38-43). Allí aprendería algo más sobre su nueva vida en Cristo. Aprendería, por ejemplo que no solo los judíos tenían derecho a la Salvación, sino todos los habitantes de la tierra, sin distinciones de ninguna naturaleza, sean estos ricos o pobres, negros o blancos, hombres o mujeres, judíos o gentiles: Jesús vino a este mundo para ofrecer salvación a todos.

Las Palabras “Señor” y “no” se excluyen mutuamente. A pesar de todo su avance espiritual, Pedro seguía siendo un hombre impulsivo, que creía tener la respuesta justa para todas las ocasiones. Es por eso que Dios tiene que enseñarle que no se puede decir “no” a quien es el Señor. También Pedro debía aprender que Jesús vino a este mundo para salvar a todos los hombres; no solo al pueblo judío. Hasta ese momento los apóstoles se habían abstenido de predicar a aquellos que no eran de esa raza, porque aún creían que los gentiles (o sea todos aquellos que no son judíos) no merecían la salvación.

La limpieza de Dios está por encima de las prescripciones alimenticias. Pedro, como buen judío se atenía a las prescripciones establecidas por la ley sobre los alimentos puros e impuros (Deuteronomio 14:1-20). Pero ahora aprendería que lo que Dios había limpiado no podía seguir siendo considerado impuro. Por extensión debió aprender que no debía seguir considerando impuros a determinados seres humanos, por considerarlas indignos de escuchar el mensaje del evangelio y formar parte del cuerpo de Cristo. El evangelio de la Salvación mediante la fe en Jesucristo está desde ese momento al alcance de todos los hombres que habitan el planeta tierra.

Pedro recibe a los enviados de Cornelio y los acompaña

“Y mientras Pedro estaba perplejo dentro de sí sobre lo que significaría la visión que había visto, he aquí los hombres que habían sido enviados por Cornelio, los cuales, preguntando por la casa de Simón, llegaron a la puerta. Y llamando, preguntaron si moraba allí un Simón que tenía por sobrenombre Pedro. Y mientras Pedro pensaba en la visión, le dijo el Espíritu: He aquí, tres hombres te buscan. Levántate, pues, y desciende y no dudes de ir con ellos, porque yo los he enviado. Entonces Pedro, descendiendo a donde estaban los hombres que fueron enviados por Cornelio, les dijo: He aquí, yo soy el que buscáis; ¿Cuál es la causa por la que habéis venido?= Ellos dijeron: Cornelio, el centurión, varón justo y temeroso de Dios y que tiene buen testimonio en toda la nación de los judíos, ha recibido instrucciones de un santo ángel, de hacerte venir a su casa para oír tus palabras. Entonces, haciéndoles entrar, los hospedó. Y al día siguiente, levantándose, se fue con ellos; y le acompañaron algunos de los hermanos de Jope.” Hechos 10:.17-23). Pedro queda sorprendido y perplejo por la visión que se le había mostrado. Pensando en esto, llegan a la puerta de la casa donde se hospedaba el apóstol unos hombres que lo estaban buscando: los siervos enviados por Cornelio. Se da cuenta inmediatamente del significado de la visión, y por lo tanto recibe con amabilidad a los visitantes. Al día siguiente va con ellos, entendiendo que Dios le estaba mostrando que debía predicar el evangelio de Jesucristo también a los que no eran judíos. Es de destacar que Cornelio estaba buscando hacer la voluntad de Dios con todo su corazón, tal vez con un corazón más sincero que muchos judíos. También en nuestros días podemos encontrar cristianos de hace muchos años, que demuestran menos interés en Jesucristo y la salvación de sus almas, que personas no convertidas aún que buscan fervorosamente encontrar la verdad de Dios, y el camino a la salvación.

Cornelio demuestra su interés convocando a familiares y amigos

“Al otro día entraron en Cesarea. Y Cornelio los estaba esperando, habiendo convocado a sus parientes y amigos más íntimos” (Hechos 10: 24). Las expectativas de Cornelio son claramente demostradas en el hecho de que invitara a sus familiares y amigos más íntimos para que escucharan a aquél que vendría a hablar de parte de Dios. También es importante en nuestros días, cuando nos toca dar un mensaje a alguien que se encuentra receptivo de escuchar la voz de Dios, incluir en el grupo de oyentes a su grupo familiar y/o a sus amigos y parientes. Todos deberían escuchar el mensaje de salvación para que pueda decidir cada uno por si mismos si aceptan el mensaje o lo rechazan.

Cornelio demuestra que su fe es incompleta al querer adorar a Pedro:

“Cuando Pedro entro, salió Cornelio a recibirle, y postrándose a sus pies, adoró. Mas Pedro le levanto, diciendo: levántate, pues yo mismo también soy hombre” (Hechos 10: 25-26). Este es un caso en el que vemos como la guía del Espíritu Santo lleva a Lucas a destacar detalles significativos: el intento de Cornelio de adorar a Pedro nos hace ver como por más buenas intenciones que alguien tenga, mientras no recibe a Cristo como Señor no puede deshacerse de los errores que impiden una completa comunión con Dios. También en nuestros días debemos tener en cuenta que quien oye el mensaje pueda entenderlo perfectamente, y que no queden dudas sobre su verdadero alcance, eliminando de su mente todas aquellas ideas que puedan ser un estorbo para una conversión completa y una relación íntima con Dios y la aceptación plena del plan de salvación eterna que nos da la fe en Jesucristo y su sacrificio en la cruz para el perdón de nuestros pecados. También hoy debemos entender que los mensajeros que predican la palabra son solo servidores de Dios, y por lo tanto es a Él a quién debemos adorar.

Pedro explica la razón de su presencia e inquiere la necesidad de Cornelio

“Y hablando con él, entró y halló a muchos que se habían reunido. Y les dijo: Vosotros sabéis cuán abominable es para un varón judío juntarse o acercarse a un extranjero; pero a mí me ha mostrado Dios que a ningún hombre llame común o inmundo; por lo cual, al ser llamado, vine sin replicar. Así que pregunto: ¿Por qué causa me habéis hecho venir? Hechos 10: 27-29). Pedro hace ver lo extraordinario de su presencia y cómo ello se debe al mensaje que Dios le ha transmitido. Al mismo tiempo pregunta sobre cuál es el motivo por el cual ha sido convocado. Es notable como Dios ha puesto a Pedro y a Cornelio frente a frente, dándole a cada uno una información restringida. De esto aprendemos que Dios no hace aquello que puede o debe hacer el hombre. También nosotros en el día de hoy debemos tener presente que somos los voceros de Dios, y que debemos dar el mensaje de salvación tal como lo enseñara Jesucristo cuando estaba en este mundo, y que se encuentra registrado en los evangelios.

Cornelio relata la visión y se dispone a oír el mensaje de Dios por medio de Pedro

“Entonces Cornelio dijo: Hace cuatro días que a esta hora yo estaba en ayunas; y a la hora novena, mientras oraba en mi casa, vi que se puso delante de mí un varón con vestido resplandeciente, y dijo: Cornelio, tu oración ha sido oída y tus limosnas han sido recordadas delante de Dios. Envía, pues a Jope, y haz venir a Simón el que tiene por sobrenombre Pedro, el cual mora en casa de Simón, un curtidor, junto al mar; y cuando llegue, él te hablará. Así que luego envié por ti; y tú has hecho bien en venir. Ahora, pues todos nosotros estamos aquí en la presencia de Dios, para oír todo lo que Dios te ha mandado” (Hechos 10: 30-33). Así como Pedro había explicado por qué accedió a venir, ahora es Cornelio quien relata el motivo por el cual lo ha mandado a buscar y enfatiza su disposición a escuchar el mensaje que Pedro tiene que transmitirle. Vemos en este ejemplo que este hombre, sin ser judío, estaba ansioso de escuchar el mensaje de Dios. Al escuchar la voz del ángel de Dios, se apresura a enviar a sus siervos para hacer venir a Pedro, quién le trasmitiría, según las promesas del ángel, las verdades del evangelio de Jesucristo. Es un verdadero ejemplo para nuestros días. Hay muchos que en la actualidad están ansiosos de saber la verdad, de escuchar algún mensaje que sea diferente a lo que el mundo les ofrece. Así como el apóstol Pedro no desoyó el mensaje dado por el ángel de Dios, sino que fue inmediatamente a evangelizar a Cornelio y su familia, también hoy debemos dar el mensaje a todos aquellos que lo pidan.

El Sermón de Pedro y sus Resultados

Por primera vez un cristiano judío le presenta a un grupo de gentiles el mensaje de salvación. La trascendencia de ese hecho es de una gran magnitud.

Mantuvo la misma argumentación del sermón que dio Pedro en Pentecostés

En el sermón de Pedro ante Cornelio pueden verse varias coincidencias con su sermón del día de Pentecostés: “Entonces Pedro, abriendo la boca, dijo: En verdad comprendo que Dios no hace acepción de personas, sino que en toda nación se agrada del que le teme y hace justicia. Dios envió mensaje a los hijos de Israel, anunciando el evangelio de la paz por medio de Jesucristo; éste es Señor de todos. Vosotros sabéis lo que se divulgó por toda Judea, comenzando desde Galilea, después del bautismo que predicó Juan: como Dios ungíó con el Espíritu Santo y con poder a Jesús de Nazaret, y cómo éste anduvo haciendo bienes y sanando a todos los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él. Y nosotros somos testigos de todas las cosas que Jesús hizo en la tierra de Judea y en Jerusalén; a quien mataron colgándole en un madero. A éste levantó Dios al tercer día, e hizo que se manifestase; no a todo el pueblo, sino a los testigos que Dios había ordenado de antemano, a nosotros que comimos y bebimos con él después que resucitó de los muertos. Y nos mandó que predicásemos al pueblo, y testificásemos que él es el que Dios ha puesto por Juez de vivos y muertos. De éste dan testimonio todos los profetas, que todos lo que en él creyeren, recibirán perdón de pecados por su nombre” (Hechos 10: 34-43).

El énfasis en el señorío de Cristo

El apóstol Pedro hace énfasis en que Jesucristo es Señor de Todos, y también nos manifiesta que “testificásemos que él es el que Dios ha puesto por Juez de vivos y muertos”. Tanto Pedro como Pablo manifiestan esa verdad y eso lo vemos a través de lo escrito por el Dr. Lucas en el libro de Hechos, como en las cartas escritas por los apóstoles.

El carácter de testigos de los apóstoles

También podemos leer en el sermón que Pedro les predicó a sus oyentes que los apóstoles habían sido constituidos como testigos de la obra hecha por Jesús mientras se encontraba predicando y enseñando a su pueblo, el judío, que compartieron sus enseñanzas, sus milagros, como así también de su muerte en la cruz, su resurrección y ascensión a los cielos, y que habían recibido además el encargo de predicar su mensaje de salvación a todo el mundo.

El énfasis en la resurrección de Cristo

Pedro en su discurso enfatiza el hecho de que Jesucristo fue colgado en un madero, pero que resucitó al tercer día. Podemos decir que todos los apóstoles que se dedicaron a la predicación del evangelio daban la máxima importancia a ese evento, mediante el cual ahora podemos ser salvos y tener plena comunión con el Señor. Su resurrección representa el triunfo de la vida sobre la muerte. Si Cristo resucitó, también nosotros resucitaremos en el día postrero, todos aquellos que creemos en Él y esperamos el cumplimiento de sus promesas.

El perdón de los pecados para quienes creen en Jesucristo

Por último Pedro les comunica a sus oyentes que creyendo en el Señor Jesucristo recibirían el perdón de los pecados, tal como lo dice en Hechos 10: 43: “De éste dan testimonio todos los profetas, que todos lo que en él creyeren, recibirán perdón de pecados por su nombre”

El derramamiento del Espíritu Santo:

“Mientras aún hablaba Pedro estas palabras, el Espíritu Santo cayó sobre todos los que oían el discurso. Y los fieles de la circuncisión que habían venido con Pedro se quedaron atónitos de que también sobre los gentiles se derramase el don del Espíritu Santo. Porque los oían que hablaban en lenguas, y que magnificaban a Dios” (Hechos 10: 44-46).

. El Apóstol Pedro y quienes lo acompañaban vieron con sus propios ojos y con mucha sorpresa, como recibían el bautismo del Espíritu Santo tanto Cornelio como sus familiares, amigos y parientes que habían venido a escuchar el mensaje que daría el apóstol. El evento del derramamiento del Espíritu sobre los gentiles, demostró que no debía haber ninguna duda de que los gentiles podían ser tan hijos de Dios como los judíos

El bautismo del primer grupo gentil:

“Entonces respondió Pedro: ¿Puede acaso alguno impedir el agua, para que no sean bautizados estos que han recibido el Espíritu Santo también como nosotros? Y mandó bautizarles en el nombre del Señor Jesús. Entonces le rogaron que se quedase por algunos días” (Hechos 10: 47-48).

Por primera vez un grupo de gentiles recibió el bautismo cristiano, incorporándose al pueblo de Dios. Esto constituyó una experiencia nueva para los apóstoles y para aquellos que predicaban el evangelio de Jesucristo. Jesús antes de partir de este mundo para estar a la diestra del Padre les había ordenado a sus seguidores que debían predicar el evangelio de salvación hasta lo último de la tierra, o sea todos los pueblos que a esa fecha no conocían a Dios y por ende no conocían el mensaje de salvación. Pedro queda por algunos días con esos primeros cristianos gentiles de la historia.

La defensa de Pedro ante los legalistas

Era de suponer que la inclusión de los gentiles al pueblo de Dios no sería aceptada por los creyentes judíos, por lo que Lucas termina el tema presentándonos la defensa que hizo Pedro de su acción evangelizadora. Ellos pensaban aún que el único pueblo que vino a salvar nuestro Señor Jesucristo era el judío.

    “Oyeron los apóstoles y los hermanos que estaban en Judea, que también los gentiles habían recibido la palabra de Dios. Y cuando Pedro subió a Jerusalén, disputaban con él los que eran de la circuncisión, diciendo: ¿Por qué has entrado en casa de hombres incircuncisos, y has comido con ellos?” (Hechos 11: 1-3).                                                                                                                                                                     Los primeros cristianos que como vimos eran de raza judía seguían cumpliendo rigurosamente con los ritos y ceremonias que se encuentran descriptas en los primeros libros de la biblia, le recriminan a Pedro el hecho de haberse apartado de esos rituales que habían seguido durante siglos. A lo largo de la historia del cristianismo han sido muchos los que han actuado como los judíos, censurando la labor evangelística entre personas que no han sido alcanzadas antes por el evangelio. Es nuestra misión continuar predicando el evangelio a todos los hombres, tal como lo indicara el Divino Maestro.

                    Relato de la experiencia de Cornelio

“Entonces comenzó Pedro a contarles por orden lo sucedido, diciendo: Estaba yo en la ciudad de Jope orando, y vi en éxtasis una visión; algo semejante a un gran lienzo que descendía, que por las cuatro puntas era bajado del cielo y venía hasta mí. Cuando fijé en él los ojos, consideré y vi cuadrúpedos terrestres, y fieras, y reptiles, y aves del cielo. Y oí una voz que me decía: Levántate, Pedro, mata y come. Y dije: Señor, no; porque ninguna cosa común o inmunda entró jamás en mi boca. Entonces la voz me respondió del cielo por segunda vez. Lo que Dios limpió, no lo llames tú común. Y esto se hizo tres veces, y volvió todo a ser llevado arriba al cielo. Y he aquí, luego llegaron tres hombres a la casa donde yo estaba, enviados a mí desde Cesarea. Y el Espíritu me dijo que fuese con ellos sin dudar. Fueron también conmigo estos seis hermanos, y entramos en casa de un varón, quien nos contó cómo había visto en su casa un ángel, que se puso en pie y le dijo: Envía hombres a Jope, y haz venir a Simón, el que tiene por sobrenombre Pedro; él te hablará palabras por las cuales serás salvo tú, y toda tu casa. Y cuando comencé a hablar, cayó el Espíritu Santo sobre ellos también, como sobre nosotros al principio” (Hechos 11: 4-15).

Pedro narró cómo se habían dado los acontecimientos en cuanto a su predicación ante Cornelio, y destacó de manera especial que había seis testigos de todo cuanto había dicho (v. 12). En esto podemos observar que la dirección del Espíritu Santo no es incompatible con la prudencia. Les aclara que como resultado de su predicación cayó el Espíritu Santo sobre los que se encontraban en ese lugar, tal como había sucedido en el día de Pentecostés, cuando el Espíritu Santo cayó sobre los apóstoles.

El argumento Básico: Dios bautizó a los gentiles en el Espíritu

“Entonces me acordé de lo dicho por el Señor, cuando dijo: Juan ciertamente bautizó en agua, mas vosotros seréis bautizados con el Espíritu Santo. Si Dios, pues, les concedió también el mismo don que a nosotros que hemos creído en el Señor Jesucristo, ¿Quién era yo que pudiese estorbar a Dios? Entonces, oídas estas cosas, callaron, y glorificaron a Dios, diciendo: ¡De manera que también a los gentiles ha dado Dios arrepentimiento para vida! Hechos 11: 16-18) Los gentiles no tendrían por qué ser considerados creyentes de segundo orden o como un anexo de los judíos.La igualdad de condiciones en que actuó el Espíritu Santo en Cornelio y los suyos permitió a los “no judíos” el ingreso pleno dentro del pueblo de Dios. La importancia de la conversión de Cornelio, de sus familiares y de sus amigos es de tal trascendencia que aparece cuidadosamente detallada en el relato bíblico. De ella aprendemos que como hijos de Dios debemos superar nuestros prejuicios en el cumplimiento de la misión de le iglesia. Si no hubiera sido así, los gentiles (nosotros) no hubiéramos tenido acceso al evangelio. Con esta primera conversión de gentiles a Jesucristo se inicia la gran expansión del pueblo creyente, que siguió a través de los siglos, con altibajos a lo largo del tiempo, pero que continuará hasta que el mensaje de salvación haya llegado hasta lo último de la tierra, y retorne nuestro Señor Jesucristo como el Rey de Reyes y Señor de Señores a buscar a todos aquellos que creyeron en él y le aceptaron como el Señor de sus vidas.

TEMA 11) EL GOBIERNO DE LA IGLESIA DEBE SER TEO-DEMOCRÁTICO

A lo largo de la historia del cristianismo, muchas iglesias adoptaron un gobierno en donde una persona detenta la máxima autoridad, seguida por sus subalternos, hasta llegar a los fieles. Podríamos llamar a ese sistema de verticalísta, o sea que la jerarquía inferior son los fieles que deben aceptar las directivas de sus superiores. Otras adoptaron un sistema más democrático, donde no existen ese tipo de jerarquías. Muchos en la actualidad cuestionan si realmente hay una base bíblica sólida para mantener este principio, en otras iglesias el gobierno democrático es algo del pasado.

Es posible que el descreimiento o rechazo del gobierno democrático tenga que ver con las malas experiencias vividas, producto a su vez de una mala comprensión de lo que debe ser el ejercicio del gobierno democrático de una iglesia. Muchos se obsesionan por defender sus derechos a participar, de opinar o de decidir, pero en ciertos casos se olvidan que todo debe hacerse en una total dependencia de Dios, bajo la guía del Espíritu Santo.

La iglesia primitiva también tuvo que resolver problemas de este tipo, que fue de una trascendencia tal que difícilmente se pueda superar, ya que estaba en juego nada menos que la definición de la fe cristiana y sus relaciones con sus antecedentes Judíos.

La circuncisión como requisito de la salvación

“Entonces algunos que venían de Judea enseñaban a los hermanos: Si no os circuncidáis conforme al rito de Moisés, no podéis ser salvos” (Hechos 15: 1) El texto bíblico no se explaya mucho, pero nos indica que “algunos” provenientes de Judea procuraban convencer a los cristianos gentiles de que si no se circuncidaban no podían obtener la salvación. Estaban convencidos de que los nuevos convertidos a Cristo debían guardar la Ley de Moisés, dictada en el Sinaí, muchos siglos antes al pueblo judío. No entendían aún que la circuncisión no es requisito para obtener la salvación de los pecados y poder estar en la misma presencia de Dios.

La polémica entre Pablo y Bernabé y los Judaizantes.

“Como Pablo y Bernabé tuviesen una discusión y contienda no pequeña con ellos, se dispuso que subiesen Pablo y Bernabé a Jerusalén, y algunos otros de ellos, a los apóstoles y a los ancianos, para tratar esta cuestión. Ellos, pues, habiendo sido encaminados por la iglesia, pasaron por Fenicia y Samaria, contando la conversión de los gentiles; y causaban gran gozo a todos los hermanos” (Hechos 15: 2-3). Pablo y Bernabé se dieron cuenta que aceptar la posición de aquellos que habían venido de Judea equivalía a desmerecer la fe en Jesucristo como única condición para disfrutar de la salvación. El mantener el requisito de la circuncisión era convertir a los cristianos como pertenecientes a una secta más dentro del judaísmo, sin destacar la novedad de vida que había venido a traer Jesús. Debido a ello Pablo y Bernabé enfrentaron a los “judaizantes” y se dispusieron a aclarar la situación ante los hermanos de Jerusalén.

El testimonio de Pablo y Bernabé enfrentado a la postura de los fariseos.

“Y llegados a Jerusalén, fueron recibidos por la iglesia y los apóstoles y los ancianos, y refirieron todas las cosas que Dios había hecho con ellos. Pero algunos de la secta de los fariseos, que habían creído, se levantaron diciendo: Es necesario circuncidarlos, y mandarles que guarden la ley de Moisés” (Hechos 15: 4-5). Pablo y Bernabé recurrieron al testimonio de lo que Dios había hecho por ellos; pero los fariseos que se habían incorporado a la iglesia insistieron en la necesidad de que los gentiles fueran circuncidados. ¿Qué hacer ante estas dos posturas? La solución encontrada por los apóstoles y ancianos de la iglesia de Jerusalén nos hace ver el camino que debemos transitar nosotros en la actualidad cuando se suscitan problemas similares.

El Papel de los Líderes:

Las iglesias deberían ejercer un gobierno democrático, conforme a la actitud que tuvieron los líderes de la iglesia Primitiva. En ese sentido conviene recalcar que está alejado de un gobierno democrático, tanto el líder autoritario, como el permisivo. El pasaje leído es en realidad el primer concilio que tuvo la iglesia, y que se llama “el Concilio de Jerusalén”. Vemos aquí cómo los líderes de esa iglesia resolvieron el problema que se había planteado.

Hicieron un análisis previo del asunto. 

“Y se reunieron los apóstoles y los ancianos para conocer de este asunto” (Hechos 15: 6).Lo primero que hicieron los apóstoles y los ancianos de Jerusalén fue reunirse en privado para analizar la situación y así poder llevar a la asamblea una recomendación bien fundamentada. Este es un aspecto que muchas veces se deja de lado o se pretende desconocer: la posibilidad de que los líderes de la iglesia puedan presentar a la asamblea una propuesta sobre la base de una consideración previa. El gobierno democrático no se lastima si se procede así, siempre y cuando no haya una manipulación de por medio. Toda resolución o propuesta se debe tomar en oración y con la ayuda del Espíritu Santo. Pero una iglesia puede ser lastimada si se procede por improvisación, ya que eso puede llevar en muchos casos a cometer errores.

Expusieron sus puntos de vista con autoridad:

Es muy importante en el ejercicio del gobierno democrático que los líderes demuestren autoridad cuando se dirigen a la asamblea, y así lo hicieron en esa oportunidad Pedro y Jacobo.

La autoridad del testimonio personal:

“Y después de mucha discusión, Pedro se levantó y les dijo: Varones hermanos, vosotros sabéis cómo ya hace algún tiempo que Dios escogió que los gentiles oyesen por mi boca la palabra del evangelio y creyesen, Y Dios, que conoce los corazones, les dio testimonio, dándoles el Espíritu Santo lo mismo que a nosotros, y ninguna diferencia hizo entro nosotros y ellos, purificando por la fe sus corazones. Ahora, pues, ¿Por qué tentáis a Dios, poniendo sobre la cerviz de los discípulos un yugo que ni nuestros padres ni nosotros hemos podido llevar? Antes creemos que por la gracia del Señor Jesús seremos salvos, de igual modo que ellos” (Hechos 15: 7-11). Vemos que al exponer su punto de vista, Pedro destacó que por experiencia propia había tenido que reconocer que Dios también deseaba alcanzar a los gentiles para que formaran parte del nuevo pueblo establecido por su Hijo. Aunque el proselitismo de los judaizantes había sido tal que Pedro había tomado distancia de los gentiles de Antioquia, ahora el apóstol estaba dispuesto a rechazar la postura legalista y ponerse de parte de Pablo y Bernabé, ya que él mismo había tenido una experiencia similar con Cornelio, sus familiares y amigos, quienes recibieron el Espíritu Santo sin haberse circuncidado antes. Solo oyeron el mensaje y creyeron a la predicación de Pedro.

La autoridad del mensaje profético:

“Y cuando ellos callaron, Jacobo respondió diciendo: varones hermanos, oídme. Simón ha contado cómo Dios visitó por primera vez a los gentiles, para tomar de ellos pueblo para su nombre. Y con esto concuerdan las palabras de los profetas, como está escrito: Después de esto volveré y reedificaré el tabernáculo de David, que está caído; y repararé sus ruinas, y lo volveré a levantar, para que el resto de los hombres busque al Señor, y todos los gentiles, sobre los cuales es invocado mi nombre, dice el Señor que hace conocer todo esto desde tiempos antiguos” (Hechos 15: 13-18).Cuando le llegó el turno de hablar a Jacobo, el hermano del Señor que se había convertido en uno de los líderes de la iglesia, se refirió a algunos pensamientos expresados por el profeta Amós que ratificaban lo expuesto por Pedro. Por ese es bueno que en la exposición de los líderes ante la asamblea, se pueda ver una combinación equilibrada de testimonio personal por un lado y la fundamentación en base a las escrituras por el otro. Es obvio que las escrituras y las palabras dichas por Jesús deben ser el fundamento de todas nuestras decisiones que tomemos.

Su líder natural presentó una moción concreta:

“Por lo cual yo juzgo que no se inquiete a los gentiles que se convierten a Dios, sino que se les escriba que se aparten de las contaminaciones de los ídolos, de fornicación, de ahogado y de sangre. Porque Moisés desde tiempos antiguos tiene en cada ciudad quien lo predique en las sinagogas, donde es leído cada día de reposo. (Hechos 15: 19-21). No sabemos cómo es que Jacobo llegó a ejercer un liderazgo tan destacado. Lo cierto es que Jacobo se animó a presentar una moción concreta en relación con el problema planteado. Les aclara que los requisitos para obtener la salvación es apartarse de los malos caminos y convertirse de corazón a Dios, alejándose de las contaminaciones de los ídolos. Recordemos que en aquellos tiempos los gentiles adoraban a sus dioses. Actualmente hasta muchos que se consideran cristianos, en secreto creen en ídolos de diversa índole como el dinero, el poder, la fama, algún líder humano, y que esos ídolos están por encima de Dios y de nuestro salvador Jesucristo. Además les dice que debían desechar las prácticas inmorales relacionadas con el sexo Dichos pecados se encuentran cada vez más arraigados en nuestro mundo, por lo cual todos los que nos consideramos como seguidores de Jesucristo debemos oponernos a que dichas prácticas proliferen como en la actualidad, especialmente dentro del cuerpo de Cristo.

La Actitud de la Iglesia

En la actitud que tuvo la iglesia en Jerusalén observamos cuatro aspectos que sería interesante que sean tomadas en cuenta por las iglesias de nuestros días.

Guardó silencio ante el argumento de Pedro:

La iglesia aceptó respetuosamente la autoridad del testimonio compartido por uno de sus líderes, nada menos que aquel que había conducido el ministerio entre los judíos. “Entonces toda la multitud calló…” (Hechos 15:12a). También hoy debemos aceptar la autoridades de la iglesia, siempre que sigan rigurosamente con los postulados que el Señor enseñó mientras estaba en este mundo.

Oyó atentamente el testimonio de Bernabé y de Pablo:

“…y oyeron a Bernabé y a Pablo, que contaban cuán grandes señales y maravillas había hecho Dios por medio de ellos entre los gentiles” (Hechos 15: 12b). La iglesia concedió a Bernabé y a Pablo la oportunidad de relatar sus experiencias vividas en el ministerio de los gentiles. Es bueno que podamos nosotros también referir no solo las ideas que tengamos que deben concordar con las sagradas escrituras, sino también las experiencias vividas en el ministerio.

Aprobó la moción de Jacobo por unanimidad:

“Entonces pareció bien a los apóstoles y a los ancianos, con toda la iglesia, elegir de entre ellos varones y enviarlos a Antioquía con Pablo y Bernabé: a Judas que tenía por sobrenombre Barsabás, y a Silas, varones principales entre los hermanos” (Hechos 15: 22). Puede ser que algunos no estaban totalmente de acuerdo con la propuesta, o que mantenían sus reservas, pero los miembros de la iglesia manifestaron su total acuerdo con la moción de Jacobo. Eso quiere decir que pese a que en un principio tenían una idea preconcebida sobre el tema, cuando fueron aclarados los hechos y motivos expuestos dejaron de disentir. Es muy importante que en las iglesias actuales se tenga en cuenta este hecho, para solucionar problemas cuando hay desacuerdos por algún tema. Este que solucionaron ellos era de primordial importancia.

            Dejó constancia de su fe en la dirección del Espíritu Santo.

         “Porque ha parecido bien al Espíritu Santo, y a nosotros, no imponeros ninguna carga más que estas cosas necesarias” (Hechos 15: 28). Los cristianos reunidos en aquella importante asamblea en Jerusalén tenían la convicción de que el Espíritu Santo había guiado el debate y también la decisión tomada. Esta es la convicción que debería procurar tener siempre toda iglesia cristiana en sus debates sobre temas espinosos, o de controversia, buscando la dirección del Espíritu Santo como la buscaron ellos. Tengamos en cuenta que con esa decisión se resolvió uno de los problemas surgidos en ese entonces, que se relaciona nada menos que con la base de la salvación, de los cuales nosotros, que descendemos de los pueblos gentiles, estamos usufructuando. Aún hoy hay quienes tratan de agregar algo que ellos piensan que es importante para obtener la salvación. Por lo tanto también hoy es importante solucionar los asuntos de controversia basados en las Sagradas Escrituras y con la dirección del Espíritu Santo.

TEMA 12) EL ESPÍRITU SANTO DEBE SER QUIEN GUIA LOS CAMINOS DE LA IGLESIA

            Como resultado del primer viaje misionero de Pablo, surge el problema de si los nuevos convertidos gentiles debían cumplir también con el mandato contenido en la ley de Moisés, específicamente, el de la circuncisión. Para solucionar este problema se reúne el primer concilio realizado en Jerusalén que dispone, guiados por el Espíritu Santo, no imponerles dicha carga a los pueblos gentiles, sino que guarden las enseñanzas de Jesús en sus vidas, sin contaminarse. Para informar a los nuevos seguidores de Cristo lo resuelto fueron enviados dos personas, Judas y Silas, a las nuevas iglesias por medio de una carta escrita, que causó gran regocijo a los nuevos convertidos.

Pablo, después de algunos días decide iniciar el segundo viaje misionero. Se produce en esa oportunidad una ruptura del equipo, o sea entre Bernabé y Pablo. Este inicia el viaje acompañado de Silas, visitando en el camino a todas las iglesias que habían formado, entregando en cada una las ordenanzas recibidas de los apóstoles en Jerusalén.

El Espíritu les muestra nuevos Pueblos donde predicar

En el primer viaje Pablo y Bernabé predicaron en varias provincias romanas, ubicadas en Asia Menor, lo que hoy es Turquía asiática. Antioquia estaba ubicada en la actual Siria. Entre las Provincias Romanas de Asia Menor se encuentran Siria, Capadocia, Cicilia, Galacia, Licia, Asia, Bitinia y el Ponto al norte, contra el Mar Negro)

Prohibición de continuar en esa zona:

Y atravesando Frigia y la provincia de Galacia, les fue prohibido por el Espíritu Santo hablar la palabra en Asia; y cuando llegaron a Misia, intentaron ir a Bitinia, pero el Espíritu no se lo permitió” (Hechos 16: 6-7)Llegan a Misia, en la parte norte del país, e intentan dirigirse al este, ya que hacia el norte se encontraba el mar negro. Hacia el este donde ellos intentaron dirigirse se encontraban Armenia, Medo-Persia, India, China, Mongolia, Siberia. El Espíritu Santo no les permite dirigirse a predicar en esos lugares. Podríamos destacar que a la mayoría de dichos pueblos no les fue predicado el evangelio por muchos siglos. Los misioneros comenzaron dicha tarea en forma masiva en el siglo XX en adelante.

Aparece un nuevo campo de acción:

“Y pasando junto a Misia, descendieron a Troas. Y se le mostró a Pablo una visión de noche: un varón macedonio estaba en pie, rogándole y diciendo: Pasa a Macedonia y ayúdanos. Cuando vio la visión, en seguida procuramos partir para Macedonia dando por cierto que Dios nos llamaba para que les anunciásemos el evangelio” (Hechos 16: 9-10). Por medio de un sueño, el Espíritu Santo les indica el nuevo campo de acción en el cual predicar el evangelio de salvación, que es inmediatamente aceptada por los misioneros, comenzando de esa manera la gran expansión de la predicación del evangelio, comenzando por Grecia, primer país que recibe el mensaje de salvación en Europa.

El Inicio de la predicación en Europa

“Zarpando, pues, de Troas, vinimos con rumbo directo a Samotracia, y al día siguiente a Neápolis; y de allí a Filipos, que es la primera ciudad de la provincia de Macedonia, y una colonia; y estuvimos en aquella ciudad algunos días” (Hechos 16: 11-12). Para dar cumplimiento con el mandato recibido, Pablo y Silas parten inmediatamente de Troas, lugar donde se encontraban, para ingresar a Samotracia y Neápolis, localidades ubicadas en la actual Turquía europea, para ingresar a Filipos, primera ciudad del continente Europeo en donde es predicada la palabra y se forma una iglesia, salvo la isla de Chipre, localidad donde Pablo y Bernabé visitaron en su primer viaje misionero. En ese entonces era la provincia de Macedonia (imperio romano), actualmente pertenece a Grecia. Se le dio ese nombre en honor de Filipos, padre de Alejandro Magno..

Los primeros frutos

“Y un día de reposo salimos fuera de la puerta, junto al río, donde solía hacerse la oración; y sentándonos hablamos a las mujeres que se habían reunido. Entonces una mujer llamada Lidia, vendedora de púrpura, de la ciudad de Tiatira, que adoraba a Dios, estaba oyendo; y el Señor abrió el corazón de ella para que estuviese atenta a lo que Pablo decía. Y cuando fue bautizada, y su familia, nos rogó diciendo: Si habéis juzgado que sea fiel al Señor, entrad en mi casa, y posad. Y nos obligó a quedarnos” (Hechos 16: 13-15). Como resultado del mensaje dado por Pablo, se producen las primeras conversiones. No eran muchos, pero eran los primeros en aceptar a Jesús como el Señor de sus vidas en continente europeo por la predicación de Pablo, pero la batalla espiritual desatada en Filipos iba favoreciendo a los siervos de Dios, por lo que el diablo no podía quedarse tranquilo. Es así como procede a atacar de una manera sutil, tratando de desprestigiar el evangelio. Sin embargo, una vez más queda claro que ningún ataque demoníaco podía resistir la autoridad de Jesús.

El ataque satánico: un intento por desprestigiar al evangelio

“Aconteció que mientras íbamos a la oración, nos salió al encuentro una muchacha que tenía espíritu de adivinación, la cual daba gran ganancia a sus amos, adivinando. Esta, siguiendo a Pablo y a nosotros, daba voces, diciendo: Estos hombres son siervos del Dios Altísimo, quienes os anuncian el camino de salvación. Y esto lo hacía por muchos días; mas desagradando a Pablo, éste se volvió y dijo al espíritu: Te mando en el nombre de Jesucristo, que salgas de ella. Y salió en aquella misma hora” (Hechos 16:16-18).

El instrumento escogido por Satanás para atacar la obra de Dios en Filipos fue “una muchacha poseída por un espíritu de adivinación, una esclava que adivinando daba de ganar mucho dinero a sus amos” ¿Qué fue lo que hizo? Siguió a Pablo y a su equipo, diciendo a los gritos: “Estos hombres son siervos del Dios Altísimo, que os anuncian el camino de salvación” ¿Qué era lo malo de esto? Lo que pasa es que, aunque dijera la verdad, cualquier cosa sonaba a falsa en los labios de una chica dedicada a la adivinación. Como puede verse, el ataque diabólico consistió en un intento de desprestigio del evangelio.

La defensa divina: la expulsión del demonio de adivinación

Pablo se dio cuenta de que la reiteración en el dicho de la muchacha “esto lo hacía por muchos días”, constituida un serio ataque contra su ministerio y apelando a la autoridad de Jesús, ordeno al espíritu de adivinación que saliera de la esclava, lo que se dio de manera instantánea. Una vez más el Señor había derrotado a Satanás. Cuando la iglesia cumple con su misión, debe ser consciente de que participa de una lucha espiritual y debe creer que la victoria será suya, no por sus propios méritos, sino porque es un instrumento en las manos de Dios.

El nuevo ataque satánico: un proceso de calumnias, azotes y cárcel 

“Y presentándolos a los magistrados, dijeron: Estos hombres, siendo judíos alborotan nuestra ciudad, y enseñan costumbres que no nos es lícito recibir ni hacer, pues somos romanos. Y se agolpó el pueblo contra ellos, y los magistrados, rasgándoles las ropas ordenaron azotarles con varas. Después de haberles azotado mucho, los echaron en la cárcel, mandando al carcelero que los guardase con seguridad. El cual, recibido mandato, los metió en el calabozo de más adentro, y les aseguró los pies en el cepo” (Hechos 16: 29-24).

Como era de esperar, un nuevo ataque satánico se dirigió contra los misioneros. En esta ocasión partió de los amos de la esclava quienes, al ver que había desaparecido la fuente de sus múltiples ganancias, condujeron violentamente a Pablo y Silas a las autoridades. La acusación presentada contra Pablo y Silas se fundamentaba en la calumnia, ya que los mostraba como agitadores (“alborotan nuestra ciudad”. (v. 20 b) y como corruptores (“enseñan costumbres que no nos es licito recibir ni hacer” ( v. 21 a)- Como resultado de esto los magistrados sin investigar el caso, mandaron que Pablo y Silas fueran azotados y encarcelados (v. 22,23 a). Además, dieron instrucciones al carcelero para que tomara con ellos medidas de seguridad y este, sin ningún tipo de contemplaciones, “los metió en el calabozo de más adentro y les aseguro los pies en el cepo” v.24 b). El calabozo de más adentro es el que se encontraba más alejado de la puerta de ingreso. Además era el más sucio y el más desagradable.

La defensa divina: llevar a los misioneros a una profunda adoración

“Pero a medianoche, orando Pablo y Silas, cantaban himnos a Dios, y los presos los oían” (Hechos 16: 25).

Pablo y Silas habían sido calumniados, azotados y encarcelados injustamente, todo por hacer lo correcto en el servicio de la predicación del evangelio. Simplemente predicaron el mensaje de Jesús en esa ciudad, conforme a las instrucciones recibidas directamente de Dios. Ellos podrían haberse resentido con Dios y perder la confianza en la obra divina en sus vidas, cayendo en la depresión y en la desesperación. Sin embargo, se dejaron guiar por el Espíritu Santo y oraron por medio de la alabanza (v.25).

No es posible actuar en ese caso como lo hicieron Pablo y Silas, sin la presencia y guía del Espíritu Santo. Y es por eso que lo que ellos hicieron no debe ser considerado como un hecho aislado, propio de héroes de la fe, sino que puede ser la vivencia de los miembros de la iglesia de todos los tiempos cuando ella cumple su misión con responsabilidad. Puede ser que nunca estemos encarcelados, pero aunque la manera en que nos ataque el enemigo sea otra, si estamos bajo la dirección del Espíritu Santo, podremos adorar con gozo a nuestro Dios y a nuestro Señor Jesucristo aún en medio de las dificultades.

En nuestros días la persecución puede ser psicológica, o por medio de burlas, etc. pero pese a las pruebas que se nos presenten, debemos estar gozosos de haber podido predicar. Siempre habrá alguien que escuche la palabra, la reciba en su corazón y llegará a la salvación eterna. No debemos claudicar, aunque se burlen de nosotros, nos amenacen o traten de hacernos callar para impedir que la Palabra de Dios sea proclamada.

Nos permite convertir a nuestros enemigos

“Entonces sobrevino de repente un gran terremoto, de tal manera que los cimientos de la cárcel se sacudían; y al instante se abrieron todas las puertas, y las cadenas de todos se soltaron. Despertando el carcelero, y viendo abiertas las puertas de la cárcel, sacó la espada y se iba a matar, pensando que los presos habían huido. Mas Pablo clamó a gran voz diciendo: No te hagas ningún mal, pues todos estamos aquí. El Entonces, pidiendo luz se precipitó adentro, y temblando, se postró a los pies de Pablo y de Silas; y sacándolos, les dijo: Señores ¿Qué debo hacer para ser salvo? Ellos dijeron: Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo, tú y tu casa. Y le hablaron la palabra del Señor a él y a todos los que estaban en su casa. Y él, tomándolos en aquella misma hora de la noche, les lavó las heridas; y en seguida se bautizó él con todos los suyos. Y llevándolos a su casa, les puso la mesa; y se regocijó con toda su casa de haber creído a Dios” (Hechos 16: 26-34).

Los cristianos no deberíamos sentirnos enemigos de nadie, aunque siempre habrá personas que se declaren enemigos nuestros. Este era el caso del carcelero, quien maltrato a Pablo y Silas como si fueran los peores delincuentes. No sabía que esos mismos hombres lo llevarían a obtener el mayor tesoro que puede alcanzar un ser humano: la vida eterna. Por eso no debemos desaprovechar cualquier oportunidad que el Señor nos dé para dar testimonio de nuestra fe, tal como lo hicieron Pablo y Silas en esa oportunidad, aunque tal actitud pueda traer problemas, tanto a nosotros como a nuestros familiares y/o amigos.

Impactados por la demostración del poder de Dios (vv. 26-30)

La oración, sobre todo cuando es parte de la alabanza a Dios, tiene gran poder, Así lo vemos en las consecuencias inmediatas de la oración de Pablo y de Silas. No debemos esperar que siempre se produzcan demostraciones de poder como en esta oportunidad. Muchas veces son apenas perceptibles, pero lo importante es el impacto que produce en las personas que pueden ser afectadas por las muestras del poder de Dios, y que ese impacto les pueda producir el arrepentimiento de sus pecados y la aceptación de Cristo como el Salvador y llegue a ser el Señor de sus vidas.

Un fuerte terremoto destruyo las medidas de seguridad (v. 26)

En breves instantes, como sucede con los movimientos sísmicos, las puertas de la cárcel se habían abierto y las cadenas de los presos se soltaron. Todas las medidas de seguridad de la cárcel estaban destruidas. Esto nos demuestra que Dios está por encima de todo y Él tiene el poder para cambiar cosas o leyes de la naturaleza, que a los ojos humanos es un hecho imposible

Los presos se quedaron paralizados en vez de huir (v. 27-28)

Siendo que el carcelero era el responsable por la seguridad de los presos, en ese caso le cabía la pena de muerte y, pensando que estos habían huido, quiso quitarse la vida antes de morir ajusticiado. (Ver Hechos 12: 19). Sin embargo un nuevo milagro se produjo: ninguno de los presos había huido y así se lo hizo ver Pablo. Este hecho impactó de tal manera al carcelero que se arroja a los pies de Pablo y Silas.

El carcelero “a los pies de Pablo y Silas (vv . 29-30)

Desprovisto de todo orgullo y de toda confianza en si mismo, el carcelero reconoció el poder superior que había detrás de Pablo y de Silas y les hizo la pregunta más importante que puede hacer un no creyente: “¿Qué debo hacer para ser salvo?”. Aunque no se presente siempre de una manera tan espectacular, el poder divino, cuando se manifiesta en nuestras vidas, puede llevar a la búsqueda de Dios como en este caso.

Enfrentados ante la palabra de Dios (vv. 31-32)

La respuesta inmediata de Pablo y de Silas al carcelero es uno de los textos de oro de la Biblia: “Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo tú y tu casa” (v.31). Observemos que de una vez se le plantea al carcelero la necesidad de creer en Jesucristo como Señor y no como Salvador solamente. El mensaje de Pablo y de Silas es que cuando Jesucristo es nuestro Señor, la salvación viene por añadidura. Esto significa que si queremos cumplir realmente con nuestra misión debemos volver a evangelizar al mundo, declarando el señorío de Cristo por encima de todo.

Por otro lado, es notable que en vez de desperdiciar la oportunidad, le presentaron al carcelero, y a quienes le acompañaba en su casa “la palabra del Señor”. Esta es una gran lección para nosotros, en un tiempo en que muchos predicadores apelan solamente a las emociones. Por más que el carcelero estaba fuertemente impactado por el poder de Dios, necesitaba, para llegar a ser uno de sus hijos, entender el mensaje de la Palabra. Así sigue y seguirá siendo hasta que el Señor Jesucristo regrese. Si queremos cumplir verdaderamente con nuestra misión encomendada por nuestro Señor Jesucristo antes de partir de éste mundo, demos a la Biblia el lugar que le corresponde.

Transformados en su manera de actuar (v. 33-34)

Antes de su conversión, el carcelero no había tenido piedad con Pablo y Silas. Ahora, transformado por el poder de Dios, demuestra un cambio total en tres aspectos:

Lava las heridas de Pablo y de Silas (v.33). Antes, el estado lamentable de los cuerpos azotados de Pablo y de Silas no le interesaban para nada al carcelero, pero ahora, inspirado por su nueva fe, se dedica a lavarles las heridas.

Invita a comer a Pablo y Silas. (v. 34 a). Ya no los considera sus enemigos. Antes bien, con la transformación que había experimentado el carcelero, entendió que eran sus hermanos en Cristo y por eso los invito a comer a su casa.

Se gozó junto con su familia de haber creído en Dios (v.34 b). El carcelero, quien antes no era creyente y por eso su carácter fue tan frío y cruel ahora se transforma en un hombre dominado por el gozo. Debemos pensar que no siempre las personas que nos atacan, y a quienes queremos evangelizar, cambien de actitud de manera tan instantánea. No obstante si somos fieles a nuestra misión, el Señor nos dará el gozo de ver vidas transformadas por el poder como resultado de nuestra labor evangelística. La dirección del Espíritu Santo es imprescindible en el cumplimiento de la misión de la iglesia. Así lo vemos en el caso de la fundación de la iglesia de Filipos y así lo podemos ver a lo largo de toda la historia del cristianismo. Es por eso que toda iglesia que quiera cumplir hoy con su misión debe dejarse guiar por el Espíritu de Dios en todo lo que planee y realice. Si así lo hacemos veremos maravillas similares a las que hemos tratado.

TEMA 13: PROBLEMAS SURGIDOS EN GRECIA Y ASIA

Luego de la experiencia que tuvo el Apóstol Pablo con el carcelero de Filipos, son soltados de la prisión. Al enterarse que Pablo era ciudadano romano las autoridades tuvieron miedo de lo sucedido, por lo que le rogaron que se fueran de la ciudad: “Y vinieron, les rogaron; y sacándolos, les pidieron que salieran de la ciudad. Entonces, saliendo de la cárcel entraron en casa de Lidia, y habiendo visto a los hermanos, los consolaron, y se fueron” (Hechos 16: 39-40).

Si bien deben retirarse de la ciudad de Filipos, habían dejado en ella un buen testimonio y algunos creyentes que formaron una pequeña iglesia. Años después Pablo les escribe la carta a los Filipenses, desde Roma, prueba que la iglesia de Filipos estaba funcionando.                                                                                                                  

Luego de salir de Filipos, Pablo recorre varias localidades pequeñas, llegando finalmente a la ciudad de Tesalónica.

La predicación de Pablo en Tesalónica y sus resultados:

Pasando por Anfípolis y Apolonia, llegaron a Tesalónica, donde había una sinagoga de los judíos. Y Pablo, como acostumbraba, fue a ellos, y por tres días de reposo discutió con ellos, declarando y exponiendo por medio de las Escrituras, que era necesario que el Cristo padeciese y resucitase de los muertos; y que Jesús, a quien yo os anuncio, decía él es el Cristo” (Hechos 17:1-3)

Como vemos, Pablo no se quedó de brazos cruzados, sino que buscó otros lugares en donde predicar el evangelio de salvación, tal como se lo había encomendado el mismo Señor Jesús. Comenzó exponiendo el evangelio de salvación a los judíos del lugar, tal como acostumbraba. Como vemos, en cada lugar en donde iba comenzaba dicha tarea entre los judíos. Destacaba el hecho de que Jesús había venido a este mundo para salvar a todos los pecadores por su muerte en la cruz; también que no había quedado en la tumba sino que resucitó al tercer día, que todas estas cosas estaban predichas en las escrituras y que los judíos que asistían a la sinagoga conocían perfectamente.

Por lo tanto en la actualidad la predicación del evangelio debe centrarse en la obra que hizo el Señor Jesús mientras estaba en este mundo, especialmente todo lo relacionado con su sacrificio en la cruz, que permitió y permite aún el perdón de los pecados de todos los hombres que habitan este mundo y que la entrada a la nueva vida en la eternidad es posible por esa causa, En su resurrección de entre los muertos, su posterior ascensión a los cielos junto al Padre en donde intercede por cada uno de nosotros, los que creemos en él y le aceptamos como Señor y Salvador podemos tener la seguridad que dicha promesa hecha por el mismo Jesús tendrá pleno cumplimiento.

“Y algunos de ellos creyeron, y se juntaron con Pablo y con Silas; y de los griegos piadosos gran número, y mujeres nobles no pocas” (Hechos 17: 4).

Con lo dicho en el versículo 4 vemos que no solo creyeron algunos de los judíos sino también algunos griegos, que eran gentiles o paganos, y también mujeres nobles que eran de la clase alta de esa sociedad, lo que demuestra que la salvación está al alcance de ricos y pobres, sin distinciones de ninguna naturaleza. Solo es necesario tener el corazón abierto para escuchar con atención al mensaje que nos prediquen, y aceptar ese plan de salvación que el mismo Dios diseñó, y que está disponible para toda la raza humana.

Entonces los judíos que no creían, teniendo celos, tomaron consigo a algunos ociosos, hombres malos, y juntando una turba, alborotaron la ciudad; y asaltando la casa de Jasón, procuraban sacarlos al pueblo. Pero no hallándolos, trajeron a Jasón y a algunos hermanos ante las autoridades de la ciudad, gritando: Estos que trastornan el mundo entero también han venido acá; a los cuales Jasón ha recibido, y todos estos contravienen los decretos de Cesar, diciendo que hay otro rey, Jesús. Y alborotaron al pueblo y a las autoridades de la ciudad, oyendo estas cosas. Pero obtenida fianza de Jasón y de los demás, los soltaron” (Hechos 17: 5-8).

Otra vez fueron perseguidos, como sucedía en casi todos los lugares donde era predicado el evangelio. Había muchos que no querían aceptar dicho mensaje, sino que se oponían abiertamente, hasta con violencia hacia los predicadores y hacia los nuevos creyentes que sí habían aceptado el mensaje aceptando la obra de Cristo en la cruz, obteniendo de esa manera el perdón de los pecados y tener sus nombres escritos en el Libro de la Vida del Cordero, y por lo tanto estarían por la eternidad junco al Salvador, junto a todos los demás que habían creído en él, y con todos los que desde esa fecha en adelante han aceptado asimismo el plan de salvación.

“Inmediatamente, los hermanos enviaron de noche a Pablo y a Silas hasta Berea” Hechos 17: 10a).

La situación de los misioneros se presentaba difícil y peligrosa en Tesalónica, por lo que los creyentes los envían a Berea. Pablo de esa manera no pudo completar su tarea de predicación en tan breve tiempo en ese lugar, pero al enterarse de ciertas dudas que habían quedado, les envía las dos cartas para aclararlas. Es de destacar que dichas cartas fueron escritas, la primera a mediados del año 51 de nuestra era, y la segunda unos seis meses después, que tuvo por finalidad dejar en claro ciertos aspectos de la primera carta que no había sino comprendida, o más bien mal entendidas. También conviene aclarar que en ese tiempo ejercía el poder el Emperador Claudio, gran perseguidor de la iglesia. Esas cartas fueron escritas desde la ciudad de Corinto, en donde se encontró con Aquila y Priscila, dos siervos del Señor, que habían sido expulsados de Roma. También conviene destacar que, si bien el Apóstol Pablo no pudo seguir predicando en Tesalónica, si lo continuaron haciendo algunos de sus colaboradores.

El ejemplo de Berea:

“Y ellos, habiendo llegado, entraron en la sinagoga de los judíos. Y éstos eran más nobles que los que estaban en Tesalónica, pues recibieron la palabra con toda solicitud, escudriñando cada día las Escrituras para ver si estas cosas eran así. Así que creyeron muchos de ellos, y mujeres griegas de distinción, y no pocos hombres” (Hechos 17: 10b-12).

Es muy importante lo que hicieron los de Berea, ya que, en vez de oponerse a las enseñanzas de Pablo, comparaban sus dichos con las sagradas escrituras de la época, verificando de esa manera que el evangelio predicado por los apóstoles se ajustaba totalmente a ellas.

Como resultado de esa predicación vemos que muchos de los ciudadanos de Berea creyeron en el Señor Jesucristo. También mujeres griegas de distinción, o sea de la clase alta de esa sociedad, y también hombres, que normalmente son más reacios a aceptar un cambio tan radical en sus vidas, dejando totalmente sus costumbres paganas, para seguir una vida totalmente transformada, tal como el Señor lo requiere.

Nuestra misión debería ser, en los tiempos actuales, lograr que los creyentes ante nuestra predicación, tanto quienes escuchan por primera vez el mensaje como también los que ya conocen la palabra de Dios y la sana doctrina, comparen también los mensajes que escuchan con las Sagradas Escrituras, para verificar que el mensaje predicado es verídico. Es muy importante en nuestros días seguir fielmente dicha práctica, ya que existen muchos maestros que en sus predicaciones hablan de la palabra con agregados que no son bíblicos, o bien omitiendo enseñanzas fundamentales que hacen a la comprensión del plan de salvación diseñado por Dios. Es una realidad que la única forma de poder discernir correctamente las verdades bíblicas es conocer la Biblia en su totalidad, pues en ella encontramos la respuesta a cada uno de los interrogantes que podemos tener, o estar preparados para darnos cuenta de las falsas enseñanzas que quieran inculcarnos.

En ese aspecto podemos recordar que ni siquiera nuestro Señor Jesucristo estuvo exento de esa experiencia. En Mateo 4: versículos uno al once, se nos relata la tentación del diablo a Jesús. Vemos que a cada una de las ideas de Satanás basadas en las escrituras, pero tergiversadas, el Señor le contestaba con: “Escrito está”.Es innegable que para contestar con tanta seguridad debemos conocer la Biblia en su totalidad. En el versículo 11 podemos ver el resultado final: “El diablo entonces le dejó; y he aquí vinieron ángeles y le servían”.

La misión de los cristianos y/o predicadores en los tiempos que corren debería ser entonces, lograr que todos los creyentes procedan al estudio de la palabra de Dios para tener armas para defenderse de las tentaciones que el diablo nos pone delante y permanecer fieles al Señor hasta que partamos de este mundo, o que el mismo Señor Jesús venga a buscarnos

La experiencia de Pablo en Atenas:

“Mientras Pablo los esperaba en Atenas, su espíritu se enardecía viendo la ciudad entregada a la idolatría” (Hechos 17: 16).

Los gentiles en esa época eran generalmente paganos, adorando diversos dioses, incluso aquellos pueblos que rodeaban al pueblo judío. Al salir Pablo a predicar el evangelio a dichos pueblos encontró en todos ellos costumbres de ese tipo, que consistía en adoración de imágenes, o de monumentos, y también una moralidad, que se encontraba muy lejos de la voluntad de Dios. El hecho que en Atenas su espíritu se enardecía viendo esa ciudad entregada a la idolatría nos hace pensar lo bajo que había caído ese pueblo en ese aspecto. Aún hoy podemos ver en dicha ciudad la gran cantidad de restos de monumentos que nos muestran el grado de idolatría que tenían.

“Así que discutía en la sinagoga con los judíos y piadosos, y en la plaza cada día con los que concurrían” (Hechos 17: 17).

Vemos que el apóstol Pablo no perdió su tiempo y comenzó la predicación; en la sinagoga a los judíos, y en la plaza a los gentiles. Era el deseo de Pablo que ellos también llegasen a comprender y aceptar el plan de salvación para sus vidas.

Y algunos filósofos de los epicúreos y de los estoicos disputaban con él; y unos decían: ¿Qué querrá decir este palabrero? Y otros: Parece que es predicador de nuevos dioses; porque les predicaba el evangelio de Jesús, y de la resurrección. Y tomándole, le trajeron al Areópago, diciendo ¿Podremos saber qué es esta nueva enseñanza de que hablas? Pues traes a nuestros oídos cosas extrañas. Queremos, pues, saber qué quiere decir esto” (Hechos 17: 18-20).

Es evidente que estos filósofos y el pueblo gentil en general no se opusieron en principio a las enseñanzas de Pablo, sino que estaban ansiosos de escuchar lo que tenía que decir, y saber más profundamente acerca del evangelio de Jesucristo. Pablo les predica para que puedan tener mayor conocimiento de esa verdad y que puedan comparar el evangelio de Jesucristo con sus creencias en esos dioses paganos en quienes ellos creían hasta esa fecha. Podemos leer lo siguiente sobre este tema:

“Entonces Pablo, puesto de pie en medio del Areópago dijo: Varones atenienses, en todo observo que sois muy religiosos; porque pasando y mirando vuestros santuarios, hallé también un altar en el cual estaba esta inscripción: AL DIOS NO CONOCIDO: Al que vosotros adoráis, pues sin conocerle, es a quien yo os anuncio” (Hechos 17: 22-23).

 

Vemos que Pablo no habla mal de los dioses de ellos, sino que les explica la diferencia que hay entre los dioses en quienes ellos habían depositado su confianza con las verdades del evangelio, explicando que el Dios de los creyentes en Cristo es un ser espiritual. El resumen de su predicación se encuentra descripta en Hechos 17: 24-31.

Cuando el Apóstol Pablo comienza a exponer el tema de la resurrección, lo más importante para el pueblo cristiano que representa el triunfo de la vida sobre la muerte, sus oyentes comienzan a burlarse de él y otros le hacen saber que no desean escuchar de “resurrección”. La palabra de Dios dice al respecto: “Pero cuando oyeron lo de la resurrección de los muertos, unos se burlaban, y otros decían: ya te oiremos acerca de esto otra vez. Y así Pablo salió de en medio de ellos” (Hechos 17: 32-33).

Es evidente que en el fondo no deseaban cambiar su fe que tenían en sus dioses paganos, por la fe que Pablo les predicaba. Pero no todo fue en vano. La biblia nos relata lo siguiente: “Mas algunos creyeron, juntándose con él; entre los cuales estaba Dionisio el areopagita, una mujer llamada Dámaris, y otros con ellos” Hechos 17:34). Pero la tarea impuesta por el Señor antes de irse de este mundo para reunirse con el Padre, de predicar el evangelio a todos los hombres se había cumplido. Es responsabilidad de los oyentes aceptar o rechazar dicho mensaje. Los cristianos, tanto los de aquella época como en la actualidad no estamos para juzgar a los que no creen sino dar el mensaje a todos. En el juicio ante el gran trono blanco (Apoc. 20: 11-15). el mismo Señor dictará su sentencia conforme a los hechos de cada uno.

Los atenienses en esa oportunidad escucharon el mensaje pero no lo aceptaron sino solo unos pocos. Si comparamos la conducta de la población mundial en nuestros días con los atenienses de esa época, podemos llegar a la conclusión de que en la actualidad la actitud de los hombres en general son iguales o peores que la de los atenienses. La escritura dice: “(Porque todos los atenienses y los extranjeros residentes allí, en ninguna otra cosa se interesaban sino en decir o en oír algo nuevo” (Hechos 17:21). La población de nuestro mundo actual habla y discute sobre muchos temas, por ejemplo la política, la economía, el matrimonio igualitario, el divorcio, el aborto, el amor libre, etc. pero no piensan ni consideran lo que el Señor Dios tiene que decir al respecto, o dicen que tales ideas son anticuadas. Tal como hizo Pablo en Atenas, nosotros los cristianos regenerados por Cristo debemos predicarles a todos los hombres en toda oportunidad que se nos presente a fin de darles el mensaje de salvación. Es responsabilidad de los oyentes aceptar o no dicho mensaje.

El caso de Apolos

Luego de su paso por Atenas, Pablo se dirige a Corinto, que fue en ese entonces un gran centro político y comercial de Grecia, superando incluso a Atenas en importancia. Era famosa por su maldad e inmoralidad. Había allí un templo dedicado a afrodita, diosa del amor y de la guerra. La gente adoraba a la divinidad dando dinero al templo y participando en actos sexuales con hombres y mujeres, que se prostituían en el templo. Pablo vio en Corinto un desafío y una gran oportunidad para su ministerio. Más tarde escribió las cartas a los corintios, ocupándose sobre todo de los problemas de inmoralidad. El Señor le pide que permanezca más tiempo, ya que allí tenía mucho pueblo. Pablo por lo tanto permanece un año y seis meses predicando en dicha ciudad. Allí también se encuentra con Aquila y Priscila, judíos cristianos que habían sido expulsados por el emperador Claudio de Roma. También allí tuvo problemas con los judíos que no aceptaban el mensaje del evangelio predicado por el apóstol Pablo, pero tuvo la protección del Altísimo y pudo continuar con su obra evangelística.

Luego del año y medio que permaneció en Corinto, Pablo inicia su viaje de regreso a Jerusalén en razón de haber hecho un voto. Pasa por Éfeso donde deja a sus amigos Aquila y Priscila, quienes permanecen en Éfeso continuando Pablo su viaje a Palestina, terminando así su segundo viaje misionero.

“Llegó entonces a Éfeso un judío llamado Apolos, natural de Alejandría, varón elocuente, poderoso en las Escrituras. Este había sido instruido en el camino del Señor; y siendo de espíritu fervoroso, hablaba y enseñaba diligentemente lo concerniente al Señor, aunque solamente conocía el bautismo de Juan. Y comenzó a hablar con denuedo en la sinagoga; pero cuando le oyeron Priscila y Aquila, le tomaron aparte y le expusieron más exactamente el camino de Dios. Y queriendo él pasar a Acaya, los hermanos le animaron, y escribieron a los discípulos que le recibiesen; y llegado él allá, fue de gran provecho a los que por la gracia habían creído, porque con gran vehemencia refutaba públicamente a los judíos, demostrando por las Escrituras que Jesús era el Cristo” (Hechos 18: 24-28).

En este párrafo podemos conocer un ejemplo digno de imitar en la actualidad. Vemos que Apolos predicaba con vehemencia el mensaje de salvación en Éfeso, pero en forma incompleta, por desconocer el sacrificio de Jesús en la cruz para la salvación de todos los hombres. Pero Aquila y Priscila no lo corrigieron delante de la gente que le escuchaba, sino que lo llamaron aparte, sin testigos, para enseñarle todo lo referente al tema de la salvación, y la obra que Jesús había realizado. De Éfeso, pasa a Corinto donde, según la última frase del párrafo, predicaba con gran vehemencia, demostrando por medio de las Escrituras que Jesús era el Cristo. También hoy es bueno corregir a los jóvenes que se inician en la predicación en forma privada para no avergonzarlos, sino mas bien darles ánimo para le tarea que comenzaron, pero vigilándolos para que no se aparten de la sana doctrina.

TEMA 14: LA MISIÓN DE LA IGLESIA EN LOS

TIEMPOS ACTUALES

Luego de un pequeño período de descanso Pablo inicia su tercer viaje misionero, recorriendo la región de Galacia y de Frigia, confirmando a todos los hermanos. Luego de recorrer las regiones superiores llega a Éfeso, en donde permanece por espacio de dos años. También allí tiene los mismos problemas que tuvo en otras ciudades donde predicó con anterioridad. En ese tiempo en Éfeso algunos plateros hacían templecillos de plata de la diosa Diana, obteniendo grandes ganancias. Al ver peligrar su negocio arman un alboroto, en el cual los adoradores de esa diosa gritan por casi dos horas: “¡Grande es Diana de los efesios!”. Tal actitud demuestra que no tenían interés en aceptar el evangelio predicado por Pablo, sino que prefirieron anteponer sus intereses económicos y personales antes que convertirse de sus ídolos para adorar al Dios verdadero. Pero el evangelio les había sido predicado y tuvieron la oportunidad de creer en el plan de salvación que el mismo Dios les ofrecía, y por lo tanto, en el juicio ante el gran trono blanco, detallado en Apocalípsis 20: 11-15 recibirán la sentencia que les dictará el Rey de Reyes y Señor de Señores, que será en esa oportunidad el juez que juzgará los hechos de cada uno de los hombres que habitaron esta tierra desde la fundación del mundo.

También hoy podemos ver que ante la predicación del evangelio, muchos prefieren seguir sus propios caminos, apartados de los mandamientos del Señor. Es nuestra obligación como Hijos de Dios, salvados por el sacrificio de Jesucristo, dar a conocer el mensaje a todos los hombres sin distinciones de ninguna naturaleza, para que ellos tengan la oportunidad de convertirse. Vemos en el libro de Hechos de los Apóstoles que ante la predicación de Pablo y otros apóstoles, la mayoría los rechazaba de distintas maneras, pero algunos creían arrepintiéndose de sus pecados y por lo tanto llegaban a ser salvos. Hoy debemos hacer lo mismo. Es el mandato del mismo Jesús.

“Pasadas estas cosas. Pablo se propuso en espíritu ir a Jerusalén, después de recorrer Macedonia y Acaya, diciendo: Después que haya estado allí, me será necesario ver también a Roma” (Hechos 19: 21) Su propósito era ir a la capital del imperio, Roma, para iniciar desde dicha ciudad, la evangelización de la parte occidental del imperio romano.

Casi al final de su tercer viaje escribe la carta a los Romanos, alrededor del año 57 de nuestra era desde la ciudad de Corinto. En dicha carta podemos leer: “Así que, en cuanto a mí, pronto estoy a anunciaros el evangelio también a vosotros que estáis en Roma” (Romanos 1: 14). “Por esta causa me he visto impedido muchas veces de ir a vosotros. Pero ahora, no teniendo más campo en estas regiones, y deseando desde hace muchos años ir a vosotros, cuando vaya a España, iré a vosotros; porque espero veros al pasar, y ser encaminado allá por vosotros una vez que haya gozado con vosotros” (Hechos 15: 22-24).

Como vemos, su proyecto era viajar a esa parte del imperio, porque entendía que en la zona de Asia y Grecia, ya no le quedaba campo para predicar. Recordemos que España era el extremo occidental del imperio romano, y el final del mundo entonces conocido. Es evidente que Pablo tenía muy presente el mandato del Señor de ir a predicar hasta lo último de la tierra.

Luego Pablo regresa a Jerusalén, visitando en el trayecto muchas de las iglesias fundadas por él y sus colaboradores, y despidiéndose de los creyentes de esas iglesias. Pero sus planes sufren un traspié, dado que es tomado prisionero por los judíos en el templo. Se le presentó entonces una oportunidad única para la predicación del evangelio de Jesucristo ante las máximas autoridades religiosas de los judíos, quienes rechazaron su mensaje. En dicha oportunidad recibe un mensaje del Señor mismo: “A la noche siguiente se le presentó el Señor y le dijo: Ten ánimo, Pablo, pues como has testificado de mí en Jerusalén, así es necesario que testifiques también en Roma” (hechos 23:11).

La situación iba empeorando. Pablo se entera que tenían un plan para matarlo, y para salvarle la vida las autoridades romanas lo llevan ante el gobernador Felix quien lo mantiene prisionero. Su sucesor, Festo, queriendo solucionar el problema escucha las acusaciones que hacen los sacerdotes y personas influyentes contra Pablo, quien se defiende de las mismas. La Palabra de Dios menciona el desenlace de esta situación de esta manera:

“Pero Festo, queriendo congraciarse con los judíos, respondiendo a Pablo dijo: ¿Quieres subir a Jerusalén, y allá ser juzgado de estas cosas delante de mí? Pablo dijo: Ante el tribunal de Cesar estoy, donde debo ser juzgado. A los judíos no les he hecho ningún agravio, como tú sabes muy bien. Porque si algún agravio, o cosa alguna digna de muerte he hecho, no rehúso morir; pero si nada hay de las cosas de que éstos me acusan, nadie puede entregarme a ellos. A Cesar apelo” (Hechos 25: 9-11).

Pablo se ve obligado a defenderse de las artimañas de sus enemigos apelando a la autoridad del Cesar, para no ser llevado a Jerusalén donde con seguridad sería asesinado. De esa manera es remitido a Roma, pero no como ciudadano libre sino como prisionero. Luego de un viaje muy difícil con muchos problemas llega finalmente a la capital del imperio, Roma, pudiendo testificar de esa manera de su fe en dicha ciudad.

“Cuando llegamos a Roma, el centurión entregó los presos al prefecto militar, pero a Pablo se le permitió vivir aparte, con un soldado que le custodiase” (Hechos 28:16). Vemos que a Pablo se le permitió ciertas libertades que le permitieron predicar el mensaje de salvación a los habitantes de Roma.

“Y Pablo permaneció dos años enteros en una casa alquilada, y recibía a todos los que a él venían, predicando el reino de Dios y enseñando acerca del Señor Jesucristo abiertamente y sin impedimento” (Hechos 28: 30-31).

Con éste versículo termina el libro de Hechos de los apóstoles. Vemos que se le permite predicar el evangelio sin impedimentos. La tradición dice que después de los dos años que se mencionan, en las que Pablo estaba en Roma con prisión domiciliaria, es juzgado y libertado, permitiéndole realizar nuevos viajes. Después del incendio de Roma provocado por Nerón, se culpa del hecho a los cristianos, y Pablo es nuevamente encarcelado.

En la segunda carta de Pablo a Timoteo, capítulo cuatro versículos 16-18 nos da idea de su final: “En mi primera defensa ninguno estuvo a mi lado, sino que todos me desampararon: no les sea tenido en cuenta. Pero el Señor estuvo a mi lado, y me dio fuerzas, para que por mí fuese cumplida la predicación, y que todos los gentiles oyesen. Así fui librado de la boca del león”. La tradición nos dice que fue condenado a muerte por decapitación. Pero el libro de Hechos de los Apóstoles no registra dichos detalles. En realidad el libro de Hechos no fue escrito como biografía de los principales líderes de ese tiempo, sino nos relata el nacimiento de la iglesia y los principales problemas que tuvieron que enfrentar en sus comienzos. Dichos problemas continúan en la actualidad, provocando todas las divisiones que se produjeron a lo largo de la historia. Pero se puede reconocer en Pablo a un verdadero siervo de Jesucristo, que cumplió el mandato del Señor de predicar el evangelio hasta lo último de la tierra.

A través de los casi dos mil años de esos acontecimientos, los predicadores que nos hablan de los acontecimientos del fin, hacen énfasis en relatarnos como podrían interpretarse dichos hechos. En muchas ocasiones fijan fechas en que podría venir nuestro Señor por segunda vez, pero hasta el día de hoy todas esas profecías han sido equivocadas, y aún seguimos esperando a nuestro Señor. A menudo dichos profetas mencionan interpretaciones sin sustento bíblico.

En el libro de Hechos de los Apóstoles, capítulo 1, versículos seis a nueve nos dice: “Entonces los que se habían reunido le preguntaron diciendo: Señor, ¿Restaurarás el reino a Israel en este tiempo? Y les dijo: No os toca a vosotros saber los tiempos o las sazones, que el Padre puso en su sola potestad; pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra. Y habiendo dicho estas cosas, viéndolo ellos, fue alzado, y le recibió una nube que le ocultó de sus ojos”.

Vemos que los apóstoles querían saber sobre el futuro, que el Señor no les había aclarado cuando les habló sobre los acontecimientos previos de su segunda venida. Pero el Señor Jesucristo les aclara que tales datos no son de incumbencia de los seres humanos. Solo el Padre puso en su sola potestad cómo se irían produciendo los distintos hechos y las fechas en que se producirían. Nosotros los creyentes debemos confiar en que la promesa de Jesús de estar con nosotros hasta su venida se cumplirá. No debemos preocuparnos por el cuándo se producirán. Pero sí debemos cumplir con el último mandato que nos diera el Señor que es el de predicar el evangelio hasta lo último de la tierra.

Los apóstoles, especialmente Pablo tenía muy presente esa orden impartida por el Señor Jesús. Esa tarea continuó durante los veinte siglos que transcurrieron desde la ascensión de Jesús, pero no se ha completado aún. Hay en el día de hoy millones de personas que no conocen el plan de salvación y no escucharon nunca la obra del Señor en la cruz.

En el capítulo 24 del evangelio según San Mateo, nuestro Salvador nos relata los acontecimientos antes del fin. A cada una de las calamidades que sobrevendrán a nuestro mundo las termina con un mensaje: “pero aún no es el fin”; “y todo esto será principio de dolores”; etc. Pero no todo es malo, “Mas el que persevere hasta el fin, éste será salvo” (Mateo 24: 13). Esta advertencia de Jesús nos está diciendo que para irnos con Jesús cuando él venga a buscarnos, debemos perseverar hasta el fin de nuestros días, o hasta la fecha del regreso de Jesús.

“Y será predicado este evangelio del reino en todo el mundo, para testimonio a todas las naciones, y entonces vendrá el fin” (Mateo 24: 14).

Ésta profecía dicha por Jesús mismo, unos días antes de su calvario y su muerte en la cruz, nos está diciendo que el Rey de Reyes y Señores vendrá a este mundo a llevar con él a los creyentes que se mantuvieron fieles hasta el fin. O sea, que la condición que debe cumplirse antes de su venida, es llevar el evangelio de salvación a todos los hombres. Entonces, y solo entonces el Señor vendrá a buscar a los suyos. Es necesario entonces que todos los creyentes que aman su venida, aúnen sus esfuerzos para que esto se haga realidad. No sabremos jamás cuando se haya completado dicha tarea. No os toca a vosotros saber los tiempos o las sazones, que el Padre puso en su sola potestad; dijo Jesús. Los apóstoles iniciaron la obra; muchos otros los siguieron a través de los siglos. Nos toca a nosotros hoy completarla. Con la tecnología disponible en este tiempo es posible. Hagamos esa tarea para que pueda finalmente producirse ese evento tan esperado desde hace veinte siglos por todos los que tienen a Jesús como el Señor de sus vidas. La responsabilidad de cumplir el último mandamiento dado por el Señor antes de su ascensión es nuestra. Hagámosla.

Alberto Juan HILLMANN