LA SEGUNDA VENIDA

           El Regreso de Jesús al Final de la Historia

                          A) Términos de la Segunda Venida

 

                   Los verdaderos creyentes de todas las épocas, desde los tiempos de Jesús en adelante, esperaron y aguardan aún el cumplimiento de esa promesa.

                   Hubo épocas en que la Segunda Venida del Señor era esperada con mucho más interés que en otras. Ya en tiempos de los apóstoles los creyentes aguardaban que se cumpliera ese gran evento. También esa venida era esperada con mucho entusiasmo en tiempos de la Reforma y épocas posteriores, hasta nuestros días. Actualmente, a principios del siglo XXI se percibe mucho desinterés por dicho acontecimiento, el cual sucederá muy pronto.

                   Entre las muchas señales que se están cumpliendo en los últimos años, podemos mencionar por ejemplo:

                   El pueblo judío, conforme a lo profetizado por Daniel: “…Y cuando se acabe la dispersión del poder del pueblo santo, todas estas cosas serán cumplidas.”(Daniel 12:7).

                   Sabemos que esta profecía se ha cumplido hace menos de un siglo. Israel ya es nuevamente una nación independiente y soberana, y pese a que sus más acérrimos enemigos quieren destruirla a cualquier precio, no lo han logrado. Conforme a esa profecía desde la constitución del estado de Israel, comenzaron a cumplirse todas las profecías que se relacionan con los últimos tiempos, inmediatamente antes de la venida de nuestro Señor Jesucristo.

                   La corrupción que existe actualmente en el mundo se asemeja a los tiempos de Noé: “Mas como en los días de  Noé, así será la venida del Hijo del Hombre. Porque como en los días antes del diluvio estaban comiendo y bebiendo, casándose y dando en casamiento, hasta el día en que Noé entró en el Arca, y no entendieron hasta que vino el diluvio y se los llevó a todos, así será también la venida del Hijo del Hombre” (Mateo 24: 37-39).

                   Si analizamos detenidamente esta profecía predicha por el mismo Señor, nos damos cuenta de que estamos actualmente en ese momento de la Historia. Ya casi nadie espera su venida, la gente está ocupada en sus propios asuntos. La gente de aquella época no le creyó a Noé su predicación relacionada con el advenimiento del diluvio, que luego sí ocurrió, perdiendo su vida todos los habitantes de la tierra, salvo ocho personas que entraron en el arca construido por el patriarca Noe, por orden de Dios. Jesús dijo que cuando el venga a buscar a los suyos el mundo estará en una situación similar, y todos aquellos que no lo esperan se perderán por toda la eternidad, sin ninguna esperanza de salvación. Es importante por lo tanto no cometer el mismo error de aquellos, sino por el contrario estar con el corazón preparado para recibirlo como él lo merece.

                   Los habitantes del mundo practican pecados tan aberrantes como lo hacían en Sodoma y Gomorra: “Asimismo como sucedió en los días de Lot; comían, bebían, compraban, vendían, plantaban, edificaban;  mas el día en que Lot salió de Sodoma, llovió del cielo fuego y azufre, y los destruyó a todos. Así será el día en que el Hijo del Hombre se manifieste. (Lucas 17: 28-30).

                   Tales prácticas aberrantes también existían en casi todos los imperios del mundo, como por ejemplo Babilonia, cuya moralidad dejaba mucho que desear, al igual que en Grecia y en Roma. Si bien tales prácticas fueron abandonadas (por lo menos en forma pública), resurgen en la actualidad con una fuerza que asombra, y a escala mundial.

                   Estos acontecimientos que ocurren en nuestros días, debe llamar nuestra atención, y debe ser motivo para, no solo no tomar parte en prácticas tan aberrantes, sino con corazón humillado y sincero ponernos en las manos de Dios para salir airosos de estas  pruebas a las que nos tentará nuestro enemigo el Diablo, sabiendo que el día de nuestra redención está cerca.

                   En la actualidad casi nadie espera la Segunda Venida de nuestro Señor Jesucristo. Pero pese a eso, él vendrá, porque así lo ha prometido cuando estuvo en este mundo. “…Pero cuando venga el Hijo del Hombre, ¿Hallará fe en la tierra? (Lucas 18:8).

                   En las Sagradas Escrituras, se designa a ese evento como el más importante para todos aquellos que creen en el Señor Jesús y lo aceptaron como su salvador.

                   El apóstol Pablo en 1ra. Corintios 1: 7-8 dice: “de tal manera que nada os falta en ningún don, esperando la manifestación de nuestro Señor Jesucristo; el cual también os confirmará hasta el fin, para que seáis irreprensibles en el día de nuestro Señor Jesucristo”. (1ra. Corintios 1: 7-8)

                   En este texto vemos que Pablo recomienda a los cristianos esperar ese día, trabajando para él en la predicación del evangelio, en forma pura y sin contaminación de enseñanzas del mundo, y que sean irreprensibles, o sea que no se les pueda objetar nada que pueda separarlos del amor de Cristo.

                   En Filipenses 1: 6, Pablo dice: “estando persuadido de esto, que el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo”, lo que quiere decir que los creyentes no serán abandonados, sino serán fortalecidos por el Espíritu Santo, y serán perfeccionados cada vez más, hasta ese día.

                   En Filipenses 1: 10 leemos: “para que aprobéis lo mejor, a fin de que seáis sinceros e irreprensibles para el día de Cristo”. Vuelve a mencionar el término irreprensibles, o sea  que nuestra conducta no debe merecer ningún reproche. Además debemos ser sinceros en nuestros pensamientos y acciones, actuar con franqueza, ser sencillos en nuestra manera de ser, veraces en nuestro hablar, o sea ser verdaderos discípulos de Cristo.

                   Nos dice también Pablo en 1ra Tesalonicenses 5: 2-3: “Porque vosotros sabéis perfectamente que el día del Señor vendrá así como ladrón en la noche; que cuando digan: Paz y seguridad, entonces vendrá sobre ellos destrucción repentina, como los dolores a la mujer encinta, y no escaparán”. Es indudable que la segunda venida del Señor se producirá en un momento dado de la historia, cuando casi nadie lo espera, no será anunciado con bombos y platillos para que estemos de pié para recibirlo como él se merece. Todo lo contrario, vendrá como viene un ladrón a robar. Cuando nos demos cuenta ya será demasiado tarde. Estemos por lo tanto alertas en todo momento, no dejándonos llevar por las tentaciones que el mundo ofrece a cada momento, sino debemos ser fieles en todo momento, hasta que nos toque partir de este mundo, o hasta que suene la trompeta final y Él aparecerá a llevar a los suyos, tal como lo prometió

                   El Apóstol Pedro, en su segunda carta Capítulo 3, versos 3 al 12 dice: “sabiendo primero esto, que en los postreros días vendrán burladores, andando según sus propias concupiscencias, y diciendo: ¿Dónde está la promesa de su advenimiento? Porque desde el día en que los padres durmieron, todas las cosas permanecen así como desde el principio de la creación.  Estos ignoran voluntariamente, que en el tiempo antiguo fueron hechos por la palabra de Dios los cielos, y también la tierra, que proviene del agua y por el agua subsiste, por lo tanto el mundo de entonces pereció anegado en agua; pero los cielos y la tierra que existen ahora, están reservados por la misma palabra, guardados para el fuego en el día del juicio y la perdición de los hombres impíos. Mas, oh amados, no ignoréis esto; que para con el Señor un día es como mil años, y mil años como un día. El Señor no retarda su promesa, según algunos la tienen por tardanza, sino que es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento. Pero el día del Señor vendrá como ladrón en la noche; en el cual los cielos pasarán con grande estruendo, y los elementos ardiendo serán deshechos, y la tierra y las obras que en ella hay serán quemadas. Puesto que todas estas cosas han de ser deshechas, ¡Cómo no debéis vosotros andar en santa y piadosa manera de vivir, esperando y apresurándoos para la venida del día de Dios, en el cual los cielos, encendiéndose, serán deshechos y los elementos, siendo quemados, se fundirán!”

                   Pedro nos está diciendo aquí que los burladores de los últimos días dirán que Jesús nunca volverá, pero él refutó sus argumentos explicando el plan maestro de Dios en el tiempo. Los postreros días es el tiempo intermedio entre la primera y la segunda venida de Cristo. En ese sentido nosotros, como Pedro, estamos viviendo en los postreros días. Debemos cumplir por lo tanto con la tarea a la que Dios nos ha llamado y creer que volverá tal como lo prometió. En el versículo 6 manifiesta que el mundo antiguo fue anegado en agua. Se refiere al tiempo de Noé, en el cual el mundo corrupto de ese entonces fue juzgado mediante el diluvio. En la segunda venida de Cristo, el mundo y sus habitantes serán juzgados por el fuego.

                   En los versículos 8 y 9 Pedro menciona que algunos creyentes pensaban que Dios estaba actuando en forma muy lenta. Esto sucedía porque los primeros creyentes debían afrontar la persecución cada día y anhelaban ser librados de ella. Pero Dios no es lento y no actúa de acuerdo con nuestra medición del tiempo. En Salmo 90:4 leemos: “Porque mil años delante de tus ojos son como el día de ayer que pasó, y como una de las vigilias de la noche”.  En realidad, Jesucristo está esperando que más pecadores se arrepientan y se vuelvan a él. No debemos sentarnos a esperar el regreso de Cristo, sino vivir con la consigna de que el tiempo es corto y tenemos una tarea importante para realizar. Debemos estar listos para encontrarnos con Cristo en cualquier momento; sin embargo, debemos planificar nuestros pasos y ponernos a su servicio, como si él demorara un tiempo más en volver. Nuestra principal tarea en este último tiempo es el de continuar predicando al mensaje de salvación en cualquier circunstancia que se nos presente, no desperdiciando ninguna oportunidad para hacerlo. No necesitamos ser grandes predicadores para realizar esa tarea. En ocasiones unas simples palabras pueden convertir a un incrédulo y de ese modo él pasará de muerte a vida.

                   La segunda venida de Cristo, tal como la hemos leído, será  sorpresiva y terrible para aquellos que no creen en él. Pero si estamos limpios en lo moral y vigilantes en lo espiritual, no nos tomará por sorpresa.

                   Años atrás, el pasaje que dice “…en el cual los cielos, encendiéndose, serán deshechos, y los elementos, siendo quemados, se fundirán”, eran objeto de burlas de aquellos que no creían en las verdades de la Biblia. Claro, ¿Cómo se podría fundir por ejemplo una piedra? Pero hoy sabemos que con las nuevas armas fabricadas por el hombre, tal cosa es posible. Solo hace falta que alguien la arroje y la haga detonar.

                   El apóstol Juan llama ese día como “día postrero” El pasaje mencionado se encuentra en el evangelio de Juan 12:48, que dice: El que me rechaza, y no recibe mis palabras, tiene quien le juzgue, la palabra que he hablado, ella le juzgará en el día postrero”.  Estas son palabras de Jesús. Hace referencia al resultado final de aquellos que escuchan la palabra de predicación del evangelio, pero la rechazan. El propósito de la primera misión de Jesús sobre la tierra no fue juzgar a las personas, sino mostrarles cómo encontrar la salvación y la vida eterna. Cuando vuelva otra vez, uno de sus principales propósitos será juzgar a las personas según la vida que llevaron en la tierra. Las palabras de Cristo que no quisieron aceptar y obedecer serán las que los condenarán. En el día del juicio quienes aceptaron a Jesús y vivieron según su voluntad serán levantados para vivir eternamente con él. Quienes lo rechazaron y vivieron según su antojo deberán enfrentarse al castigo eterno.

                   El autor de la carta a los Hebreos a su vez dice en el capítulo 10 versículo 25: “no dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos; y tanto más, cuanto veis que aquel día se acerca”. El no asistir a las reuniones cristianas es perder el estímulo y la ayuda de otros cristianos. Nos reunimos para anunciar nuestra fe y fortalecernos los unos a los otros en el Señor. Al acercarnos al fin de los tiempos y al estar próximo el día en que Cristo volverá, afrontaremos, según la palabra de Dios, problemas espirituales, tribulaciones e incluso persecución. No serán siempre violentas como en el primer siglo, o en tiempos de la edad media o el comienzo del tiempo de la reforma, en donde muchos cristianos pagaban con su vida la osadía de confesar que eran siervos de Dios y habían aceptado a Jesucristo como el Salvador y Señor de sus vidas. En la actualidad fuerzas anticristianas crecen en intensidad. A veces son persecuciones psicológicas, o consisten en  burlas, desprecios, otras veces los que profesan ser cristianos deben pagar con su vida tal confesión, como en los países del medio oriente. En ciertos países de religión mahometana, el solo hecho de poseer una biblia o hablar a otras personas de su contenido, puede ser causa de condena a muerte. El verdadero cristiano deberá renunciar a muchas cosas que ofrece el mundo, y que no están de acuerdo a la voluntad de Dios. Pero las dificultades nunca debieran ser excusas para no congregarnos. En cambio, a medida que surgen las dificultades, deberíamos hacer un mayor esfuerzo para ser fieles en la asistencia, y en reunirnos con aquellos que también creen en el mismo Señor y que también aceptaron a Jesús como salvador de sus vidas.

B) Profecías de la Segunda Venida

                   Este evento fue profetizado por muchas personas, especialmente en la época del Nuevo Testamento.

                   1) Fue profetizado por Jesús, antes de su crucifixión.

                   En el evangelio de Mateo, 24.27 leemos: Porque como el relámpago que sale del oriente y se muestra hasta el occidente, así será también la venida del Hijo del Hombre”. Este dato lo proporciona Jesús en el momento en que enseña a sus discípulos los acontecimientos que sucederán antes del fin, o sea antes de su venida. Cuando nos digan que él ya vino, sabremos que no es verdad, ya que cuando ese evento ocurra, todos le veremos, tal como vemos un relámpago que cruza el cielo desde un extremo al otro, y será tan rápida su venida que no tendremos ninguna oportunidad de hacer nada. En el momento que esté frente nuestro ya no podremos cambiar nuestra situación: nuestra suerte ya estará echada, ya estará definido nuestro destino eterno, ya sea para vida si estábamos preparados para recibirle, o para muerte si ignoramos las advertencias que nos habían hecho.

                   También leemos en Mateo 24:29-31 lo siguiente:E inmediatamente después de la tribulación de aquellos días, el sol se oscurecerá, y la luna no dará su resplandor, y las estrellas caerán del cielo, y las potencias de los cielos serán conmovidas. Entonces aparecerá la señal del Hijo del Hombre en el cielo; y entonces lamentarán todas las tribus de la tierra, y verán al Hijo del Hombre viniendo sobre las nubes del cielo con poder y gran gloria. Y enviará sus ángeles con gran voz de trompeta, y juntarán a sus escogidos de los cuatro vientos, desde un extremo del cielo hasta el otro”.

                   Vemos que Jesús detalla en estos versículos la forma en que vendrá. En primer lugar aclara que ese evento sucederá luego de la gran tribulación que tendrá lugar en la tierra, y cuyos primeros acontecimientos ya podemos vislumbrar conforme a los acontecimientos que están sucediendo en el mundo. Nos dice que el sol y la luna ya no darán luz a la tierra. Esto es porque Jesús ya estará aquí, y su luz opacará la luz del sol y la luna. Todo sucederá en forma casi simultánea.  Los incrédulos se lamentarán al descubrir inesperadamente que estaban equivocados, pero ya será demasiado tarde para arrepentirse, para cambiar de vida, para aceptar a Jesús como Salvador y Señor de sus vidas. Todo lo que fue objeto de su burla sucederá, tal como fue predicho, y será demasiado tarde para recapacitar. Él asimismo enviará a sus ángeles a reunir y traer junto a sí, a todos los que han creído en él, que sí lo aceptaron como el Señor de sus vidas, y que vivieron en este mundo como auténticos hijos de Dios.

                   Cuando Jesús estaba a punto de ser crucificado, estando frente a Caifás el sumo sacerdote judío de aquel entonces, tuvo el siguiente diálogo con Él: “Y levantándose el sumo sacerdote, le dijo: ¿No respondes nada? ¿Qué testifican éstos contra ti? Mas Jesús callaba. Entonces el sumo sacerdote le dijo: Te conjuro por el Dios viviente que nos digas si eres tú el Cristo, el Hijo de Dios. Jesús le dijo: Tú lo has dicho; y además os digo, que desde ahora veréis al Hijo del Hombre sentado a la diestra del poder de Dios, y viniendo en las nubes del cielo”. (Mateo 26: 62-64)

                   Vemos que el sumo sacerdote deseaba sacarle a Jesús alguna declaración que lo incriminara, y así tendría motivos para acusarle y condenarle. Ante la pregunta de si él era el Cristo, el Hijo de Dios, no tuvo ningún temor en dar a conocer su realeza abiertamente. Al decir que era el Hijo del Hombre, estaba afirmando que era el Mesías esperado por ellos. Todos los presentes se dieron cuenta de ese detalle. Jesús sabía que su declaración sería motivo de muchos conflictos, que lo llevarían a la muerte en la cruz, pero no se atemorizó, estaba tranquilo, decidido y firme. El había venido precisamente para dar su vida en expiación por los pecados de toda la humanidad, pero agrega que resucitará para sentarse a la diestra de Dios, su Padre, para venir al fin de los tiempos, no como un siervo sufriente que da su vida por la humanidad, sino como el Rey de Reyes y Señor de Señores. Allí está ahora intercediendo por cada uno de los que creen y esperan en él, que confían en sus promesas, y que desean fervientemente servirle ahora en éste mundo, y luego alabarle y adorarle por la eternidad.

2) Fue profetizado por Jesús, después de su resurrección.

                   En el evangelio de Juan, 21:22, antes de su ascensión Jesús le dice a Pedro: “Si quiero que él se quede hasta que yo venga, ¿Qué a ti? Sígueme tú”. Este mensaje es también para nosotros en la actualidad. Pedro le había preguntado como moriría, pero Jesús le contesta simplemente que no se preocupara por dicho problema. Simplemente le recomienda seguirle y hacer su voluntad. Así también nosotros no debemos preocuparnos por el día de mañana, o por nuestro futuro, sino que nuestra preocupación debe ser seguir a Jesús, hacer su voluntad y dar a conocer a todos los que nos rodean que él es el Salvador del Mundo- Él es el único que puede solucionar los problemas que aquejan a los hombres. Por eso debemos poner en sus manos todo nuestro ser, y especialmente, asegurarnos que nuestros nombres estén escritos en el Libro de la Vida.

3) Fue anunciado por dos ángeles en la ascensión de Jesús

                   “Y habiendo dicho estas cosas, viéndolo ellos, fue alzado, y le recibió una nube que le ocultó de sus ojos. Y estando ellos con los ojos puestos en el cielo, entre tanto que él iba, he aquí se pusieron junto a ellos dos varones con vestiduras blancas, los cuales también les dijeron: Varones galileos, ¿Por qué estáis mirando al cielo? Este mismo Jesús, que ha sido tomado de vosotros al cielo, así vendrá como le habéis visto ir al cielo” (Hechos 1: 9-11).

                   Luego de su resurrección, Jesús estuvo cuarenta días con sus discípulos, enseñándoles todas las cosas que debían saber respecto a la futura tarea que les esperaba, que era la difusión del evangelio a todo el mundo. Cuando Jesús ascendió al cielo los discípulos estaban observando ese acontecimiento tan maravilloso. En ese momento se aparecen dos ángeles que les dicen que un día Jesús volvería de la misma forma en que se fue: en forma corporal y visible. La historia no es casual, está en movimiento hacia un punto específico: la venida de Jesús para juzgar al mundo y para ejercer su autoridad sobre la tierra. Nosotros debemos estar listos para esta venida sorpresiva que ocurrirá muy pronto. No parados contemplando los cielos, sino trabajando con ardor en difundir el evangelio de manera que otros sean capaces de recibirle también como Salvador y Señor de sus vidas, y ser partícipes de las grandes bendiciones de Dios.

4) Fue profetizado por los apóstoles en su predicación

                   En el libro Los Hechos de los Apóstoles, Pedro dice, en Hechos 3:19-20: “Así que, arrepentíos y convertíos, para que sean borrados vuestros pecados; para que vengan de la presencia del Señor tiempos de refrigerio, y él envíe a Jesucristo, que os fue antes anunciado”. Les está diciendo a los oyentes que debían arrepentirse de su antigua manera de vivir, que debían convertirse de corazón a Jesús, y seguirle para recibir las bendiciones del Señor, y que puedan tener parte en el nuevo reino cuando Jesucristo venga por segunda vez.

                   Pablo, mientras estaba en Atenas, les predica a quienes le estaban escuchando las verdades del evangelio, y entre sus declaraciones dice: “por cuanto ha establecido un día en el cual juzgará al mundo con justicia, por aquel varón a quién designó, dando fe a todos con haberle levantado de los muertos…” (Hechos 17:31).

                   Les habla de la resurrección de los muertos y de que volverá a juzgar al mundo con justicia. Como vemos, Pablo no dejó su mensaje inconcluso. Confrontó a sus oyentes con la resurrección de Jesús y su significado para la gente: bendición o castigo. Los griegos no tenían idea de lo que era el juicio. La mayoría prefería adorar muchos dioses antes que a uno solo, y la idea de la resurrección era increíble y hasta ofensiva para ellos, como podemos leer en los versículos siguientes. Pero Pablo no escondió la verdad, no le importó lo que pensaran los griegos al respecto. Cambió la forma de exposición a fin de que sus oyentes pudieran entender lo que les quería decir, pero nunca cambió su mensaje básico. Debemos pensar que en la actualidad hay muchos que no quieren escuchar sobre la resurrección de los muertos o el futuro juicio de Dios. Ellos continúan viviendo sus vidas como desean, pensando que tal vez el Señor tendrá misericordia de ellos en el futuro, pero Jesús dijo muchas veces que él vendría a juzgar al mundo. El destino de unos, de aquellos que no creyeron o no aceptaron el mensaje de Salvación será el tormento eterno. Los que sí creyeron en el plan de Salvación tendrán parte en ese reino que está preparando para todos nosotros.

5) Fue profetizado por los apóstoles en sus escritos

                   En Filipenses 3:20 podemos leer: “Mas nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo.

                   La ciudad de Filipos era una colonia romana, o sea que los Filipenses eran considerados ciudadanos romanos. Por lo tanto tenían los mismos derechos y privilegios que gozaban los ciudadanos de Roma. Los cristianos experimentaremos un día de todos los privilegios especiales de nuestra ciudadanía celestial, porque pertenecemos a Cristo. El apóstol Pablo en una oportunidad hizo uso de esos derechos para salvar su vida. Leemos en Hechos 25:8-11: alegando Pablo en su defensa: Ni contra la ley de los judíos, ni contra el templo, ni contra César he pecado en nada. Pero Festo, queriendo congraciarse con los judíos, respondiendo a Pablo dijo: ¿quieres subir  a Jerusalén, y allá ser juzgado de estas cosas delante de mí? Pablo dijo: Ante el tribunal de César estoy, donde debo ser juzgado. A los judíos no les he hecho ningún agravio, como tú sabes muy bien. Porque si algún agravio, o cosa alguna digna de muerte he hecho, no rehúso morir, pero si nada hay de las cosas de que éstos me acusan, nadie puede entregarme a ellos. A César apelo”.

                   En esa oportunidad Pablo apeló a su ciudadanía romana para salvar su vida. Por ser ciudadano romano tenía derechos que otros no tenían. Así también nosotros, si nuestros nombres están escritos en el Libro de la Vida seremos considerados ciudadanos del cielo y tendremos privilegios que aquellos que no creyeron en el sacrificio de Cristo y por lo tanto no tienen sus nombres escritos en ese Libro, no tendrán. O sea que quienes tienen sus nombres escritos en el Libro de la Vida serán ciudadanos del cielo, y no tendrán parte en la muerte segunda. En cambio quienes no tienen sus nombres escritos en el Libro de la Vida, si tendrán parte en la muerte segunda: serán arrojados en el Lago de Fuego junto a Satanás y sus Ángeles.

                   En primera Tesalonisenses 4: 13-18: dice el apóstol Pablo: “Tampoco queremos, hermanos, que ignoréis acerca de los que duermen, para que no os entristezcáis como los otros que no tienen esperanza. Porque si creemos que Jesús murió y resucitó, así también traerá Dios con Jesús a los que durmieron en él. Por lo cual os decimos esto en palabra del Señor: que nosotros que vivimos, que habremos quedado hasta la venida del Señor, no precederemos a los que durmieron. Porque el Señor mismo con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero. Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor. Por lo tanto, alentaos los unos a los otros con estas palabras”.

                   Saber exactamente cuándo resucitarán los muertos en relación con los otros hechos de la Segunda Venida, no es tan importante como el propósito por el cual Pablo escribió estas palabras: desafiar a los creyentes a consolarse y animarse mutuamente cuando un ser amado muere. Este pasaje puede ser de gran consuelo cuando un creyente muere. El mismo amor que tuvo el Señor Jesús cuando estuvo en este mundo, y que debiera unir a los creyentes en esta vida, unirá a los creyentes cuando Cristo regrese, y lleve consigo a todos los que creyeron en él, durante el milenio,  y reine por la eternidad, luego del milenio, cuando Satanás sea vencido definitivamente.

                   En 1ra. Timoteo 6:14 podemos leer: “…que guardes el mandamiento sin mácula ni reprensión, hasta la aparición de nuestro Señor Jesucristo”      Pablo concluye su carta a Timoteo diciéndole que “Guarde el mandamiento”, refiriéndose a los mandamientos que Cristo ha dado a su iglesia. Así también nosotros debemos guardar y cumplir con todos los consejos y enseñanzas que  nos dejara Jesús mientras estaba en este mundo, mandamientos que según sus palabras “no son gravosos” y se encuentran detallados en los evangelios y escritos de los apóstoles.

                   En Tito 2:13, dice: “aguardando la esperanza bienaventurada y la manifestación gloriosa de nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo”

                   El poder para vivir la vida cristiana viene del Espíritu Santo. Por el hecho de que Cristo murió y nos rescató del pecado, hemos sido liberados del control del pecado. El nos da el poder y la comprensión para vivir de acuerdo a su voluntad y hacer el bien. Entonces miraremos hacia adelante esperando el regreso maravilloso de Cristo con ansiosa expectativa y esperanza.

C) El Hecho de su segunda Venida

                   1) El Tiempo del Regreso:

a)  No es conocido:

                                      Pero de aquel día y de la hora nadie sabe, ni aun los ángeles que están en el cielo, ni el Hijo, sino el Padre” (Marcos 13: 32).   

                   Cuando Jesús dijo que ni siquiera él conocía el tiempo del fin, afirmaba su humanidad. Dios el padre conoce los tiempos y Jesús y el Padre son uno, pero cuando Jesús tomó forma de hombre, voluntariamente desistió del uso ilimitado de sus atributos divinos. Además a los hombres les fue vedado conocer ese día, porque el Señor quiere que siempre estemos preparados para recibirlo, a cualquier hora y en cualquier circunstancia. Si conociéramos la fecha de su venida, es posible que no le demos la importancia que se merece este evento, pero Dios quiere que en todo momento, hasta el fin de nuestros días estemos a la espera de ese acontecimiento.

b) Será Súbito:

                   “Porque como el relámpago que sale del oriente y se muestra hasta el occidente, así será también la venida del Hijo del Hombre” (Mateo 24: 27)

                   La venida del Mesías, tal como lo expresa este versículo, será tan rápida que no nos dará tiempo a nada, ya será tarde para arrepentirnos de nuestros pecados. Sabemos que los relámpagos corren a la velocidad de la luz, o sea unos 300.000 Km. por segundo. Eso significa que cuando percibamos su venida, ya estará frente nuestro, y por lo tanto ya estará sellado nuestro destino eterno. Si ya estábamos preparados para ese evento, lo recibiremos como Rey de Reyes y Señor de Señores y le rendiremos nuestra adoración como solo él se merece por ser nuestro Salvador y Señor de nuestras vidas. Si no estábamos preparados, si siempre desechamos su llamado al arrepentimiento, si continuamos pese a todo con nuestra vida pecaminosa, solo nos queda, esto en el juicio final o el Juicio ante el gran Trono Blanco, escuchar el veredicto final, que no será otro que la condenación eterna, junto a Satanás y sus ángeles.

                   c) Será inesperado:

                   “Vosotros, pues, también, estad preparados, porque a la hora que no penséis, el Hijo del Hombre vendrá” (Lucas 12: 40).

                   La venida de Cristo  en un tiempo inesperado no es una trampa ni truco mediante el cual Dios espera sorprendernos. Es más, Dios retarda su venida para que tengamos una mejor oportunidad para seguirle. Durante este tiempo antes de su regreso tendremos la oportunidad de vivir mostrando nuestras creencias y reflejando el amor de Jesús  en nuestras vidas a medida que nos relacionamos con otros. Las personas preparadas para la venida de su señor no son hipócritas sino sinceras,  no son  temerosas sino dispuestas a testificar; no viven ansiosas sino confían en las promesas del Señor; no son ambiciosas sino generosas; no son haraganas sino diligentes en las tareas que se les encomienda. Eso significa que aquellos que cumplieron con la voluntad del Señor, serán arrebatados de este mundo por los ángeles que acompañarán a Jesús, quienes nos llevarán ante el Rey de Reyes y Señor de Señores, a quién podremos alabar y adorar por la eternidad.

                   “Pero el día del Señor vendrá como ladrón en la noche; en el cual los cielos pasarán con grande estruendo, y los elementos ardiendo serán deshechos, y la tierra y las obras que en ella hay serán quemadas” (2da. Pedro 3: 10).

                   El día del Señor es el día del juicio de Dios en la tierra. Aquí se menciona como referencia al regreso  de Cristo. La segunda venida de Jesús será sorpresiva y terrible para los que no creen en él.  Pero si estamos limpios en lo moral y vigilantes en lo espiritual no nos tomará por sorpresa. Al tomar conciencia de que la tierra será envuelta en llamas y toda la obra de los hombres será destruida, debiéramos poner nuestra confianza en lo que es permanente y eterno y no atarnos a lo terrenal y sus tesoros, ni a nuestra profesión secular, ya que eso también terminará algún día, ni a ninguna otra cosa que sea temporal. Debemos vivir y transitar por este mundo mientras dure nuestra vida, pero como peregrinos, sabiendo que nuestra estadía en esta tierra corrupta será solo por un tiempo. Debemos fijar nuestra mirada en el verdadero hogar que Jesús nos está preparando, tal como lo prometió.

                   d) Será después de la gran tribulación:

                   “E inmediatamente después de la tribulación de aquellos días, el sol se oscurecerá, y la luna no dará su resplandor, y las estrellas caerán del cielo, y las potencias de los cielos serán conmovidas. Entonces aparecerá la señal del Hijo del Hombre en el cielo; y entonces lamentarán todas las tribus de la tierra, y verán al Hijo del Hombre viniendo sobre las nubes del cielo con poder y gran gloria. Y enviará sus ángeles con gran voz de trompeta, y juntarán a sus escogidos, de los cuatro vientos, desde un extremo del cielo hasta el otro” (Mateo 24: 29-31).

                   En este pasaje el mismo Jesús deja aclarado que su segunda venida será inmediatamente después de la gran tribulación que pronto vendrá. Será un tiempo muy difícil para los verdaderos cristianos. Éstos sufrirán muchas penurias si quieren permanecer fieles al Señor, y solo con mucha oración, manteniéndonos en comunión con Él, ayudándonos unos a otros podremos llegar fieles hasta ese gran día, o sea hasta el día en que suene la trompeta final.  Nos menciona en este pasaje ciertas señales que acompañarán su venida, señales que sucederán en el cielo y en la tierra, donde las potencias de los cielos serán conmovidos. En el momento de su venida, los incrédulos se lamentarán al descubrir inesperadamente que estaban equivocados, Todo lo que fue objeto de su burla sucederá, pero ya será demasiado tarde para recapacitar y cambiar de actitud. Después de ese evento estará sellado el destino de todos los habitantes de este mundo. No habrá nueva oportunidad de obtener la salvación. La única oportunidad es ahora. También debemos tener en cuenta que Jesús nos dice en este pasaje que enviará sus ángeles con gran voz de trompeta, y juntarán a sus escogidos, de los cuatro vientos, desde un extremo del cielo hasta el otro. No menciona que asentará sus pies en el Monte de los Olivos, ni que gobernará este mundo durante el milenio,  hecho que sucederá inmediatamente después de éste acontecimiento. Lo dicho por Jesús es sinónimo del arrebatamiento mencionado por el apóstol Pablo en 1ra. Tesalonisenses 4: 13-18.              

                         Pero con respecto a la venida de nuestro Señor Jesucristo, y nuestra reunión con él, os rogamos, hermanos, que no os dejéis mover fácilmente de vuestro modo de pensar, ni os conturbéis, ni por espíritu, ni por palabra, ni por carta como si fuera nuestra, en el sentido de que el día del Señor está cerca. Nadie os engañe en ninguna manera; porque no vendrá sin que antes venga la apostasía, y se manifieste el hombre de pecado, el hijo de perdición” (2da. Tesalonisenses 2: 1-3).

                   La segunda carta del apóstol Pablo a los Tesalonisenses fue escrita unos seis meses después de la primera, a principios del año 52 de nuestra era, y tuvo por finalidad aclarar algunos conceptos no comprendidos de su primera carta, escrita a mediados del año 51. Nos menciona en este pasaje ciertos detalles del fin del mundo y la Segunda venida de Jesucristo. Expresa que están por venir grandes sufrimientos y problemas, nos dice que Jesús no vendrá sin que antes venga la apostasía, y se manifieste el hombre de pecado, el hijo de perdición, personaje que no es otro que el Anticristo. Pero también nos dice que el malvado no prevalecerá porque Cristo volverá para juzgar a todos, tanto a los salvos como a los que no lo aceptaron como el Señor de sus vidas. Aunque Pablo presenta algunos detalles del final de los tiempos su énfasis, como el que da Jesús y  se encuentran detallados en los evangelios, está en la necesidad de que cada persona viva correctamente el día a día. Si estamos preparados no tendremos que preocuparnos acerca de los acontecimientos previos al tiempo en que volverá el Señor. Dios está en el control de todo lo que pasa.

                   En la Biblia, el Día del Señor es usado de dos formas: puede significar el fin de los tiempos (comenzando con el nacimiento de Cristo y continuando hasta hoy) y puede significar el día del juicio final (que está por venir). Debido a que algunos falsos maestros  de Tesalónica manifestaban  que el día del juicio ya había llegado, muchos creyentes estaban esperando con expectación su vindicación y alivio de sus sufrimientos. Pero el día del juicio no había llegado aún, ni ha llegado hasta ahora, puesto que otros hechos tendrían que ocurrir primero, antes de ese evento. A través de la historia hubo individuos (llamados a veces anticristos) que se han inclinado por hacer lo malo y han sido hostiles a todo lo que Cristo representa. Estas personas han existido en cada generación y continuarán su obra de maldad. Justo antes de la Segunda Venida de Cristo, se levantará el hombre de pecado, el hijo de perdición, quien será la herramienta de Satanás para consumar sus maldades, al cual Satanás investirá de su poder. Este hombre sin ley será el anticristo.

                   Sin embargo es peligroso etiquetar a cualquier persona como el anticristo y tratar de predecir la venida de Cristo basados en esas suposiciones. Pablo menciona el anticristo, no para que podamos reconocerlo específicamente, sino para que podamos estar preparados para hacer frente a todo lo que amenace nuestra fe. Si nuestra fe es fuerte, no tenemos por qué temer lo que esté por delante, porque sabemos que este hombre sin ley ha sido vencido por Dios, no importa cuán poderoso llegue a ser o cuán terrible parezca nuestra situación. Dios está en el control de todo y triunfará sobre el anticristo. Nuestra tarea entonces es estar preparados para el momento que ocurra ese evento que es el regreso de Cristo y extender el evangelio para que  más personas estén preparadas para recibirle. Cuando Pablo escribió la primera carta a los Tesalonicenses, éstos estaban en peligro de perder su esperanza en la Segunda Venida de Cristo. Después de esa primera carta se fueron al otro extremo, al punto de que algunos de ellos pensaban que Jesús vendría en cualquier momento. Pablo trató de restablecer el balance, describiendo ciertos hechos que tendrán lugar antes de su regreso.

                       

                   2) Características del Regreso

                   a) Será en las nubes

                   “Entonces aparecerá la señal del Hijo del Hombre en el cielo; y entonces lamentarán todas las tribus de la tierra, y verán al Hijo del Hombre viniendo sobre las nubes del cielo, con poder y gran gloria” (Mateo 24: 30).

                        En este pasaje Jesús está describiendo que él aparecerá en las nubes del cielo, con toda su gloria y esplendor, y con todo el poder otorgado por el Padre. Será el momento en que aquellos que se prepararon previamente, verán al Señor, al Rey de Reyes, a quien sirvieron en esta tierra, y desde ese instante podrán alabarle y rendirle la adoración que él, y sólo Él se merece.  Aquellos que no se prepararon previamente, verán a ese mismo Señor, pero como no lo recibieron como el Señor de sus vidas, lo verán como juez y recibirán eterna condenación.

                   “Y Jesús le dijo: Yo soy; y veréis al Hijo del Hombre sentado a la diestra del poder de Dios, y viniendo en las nubes del cielo”. (Marcos 14: 62)

                  

                   El sumo sacerdote le hace muchas preguntas a Jesús, pero confusas, y por ende era más sabio no responder a las mismas. Al final,  el sumo sacerdote le pregunta: “¿Eres tú el Cristo, el Hijo del Bendito?  En esta oportunidad no era prudente negarse a responder pues habría negado su misión. Su respuesta predijo un gran cambio de papeles. Sentarse a la diestra del poder de Dios, significa que él vendría a ser el juez y ellos tendrán que responder a sus preguntas, en el juicio final. Reitera su profecía de que vendrá en las nubes del cielo.         

                   “Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor” (1ra Tesalonisenses 4: 17).

                   Esta profecía es una de las esperanzas que más animan a todos los cristianos de todas las épocas: que en un día no muy lejano podremos estar con el Señor. Ya en ese tiempo era la esperanza de Pablo y muchos otros, que Jesús volvería en sus días. A través de la historia todos los cristianos tuvieron la misma esperanza de encontrarse con Jesús. Pero esto no debe preocuparnos, ya que en versículos anteriores Pablo profetisa que los que estén en la tumba resucitarán en primer lugar, y luego los que en el momento de su venida se encuentren con vida física también estarán en el mismo lugar. La promesa es que partiremos con una nueva apariencia, y lo recibiremos en el aire.

                  

                   b) Será Visible

                   “He aquí que viene con las nubes, y todo ojo le verá, y los que le traspasaron; y todos los linajes de la tierra harán lamentación por él. Sí, amén.” (Apocalípsis 1:  7)-

                   Jesucristo se describe como Rey todopoderoso, victorioso en batalla, glorioso en la Paz. No solo es un maestro terrenal, humilde, sino el glorioso Dios. Juan anuncia la venida de Jesucristo a la tierra, la cual será visible, todos lo verán llegar y sabrán que es Jesucristo. Cuando Él venga vencerá al maligno y juzgará a todos conforme a sus obras. Los que le traspasaron puede referirse a los soldados que le traspasaron, Juan quien escribe este libro fue testigo de ese horror, y nunca olvidó esa experiencia.

                   c) Será un Regreso Corporal

                   “Los cuales también les dijeron: Varones galileos, ¿Por qué estáis mirando al cielo? Este mismo Jesús, que ha sido tomado de vosotros al cielo, así vendrá como le habéis visto ir al cielo”. (Hechos 1: 11).

                   Los ángeles, luego de su ascensión anunciaron a los discípulos que un día volvería de la misma forma en que se fue: corporal y visible. Nosotros debemos estar listos para esa venida que será sorpresiva, pero debe encontrarnos en la tarea de  difundir el evangelio de manera que otros sean capaces de recibir las grandes bendiciones de Dios. Para que el Señor nos encuentre en sus caminos y que no nos desviemos de ellos, nada mejor que la lectura de su Palabra para afianzar nuestros conocimientos de su obra y de su plan de Salvación, y una vida de oración.

                   d) Será con sus Ángeles

                  

                   “Porque el Hijo del Hombre vendrá en la gloria de su Padre con sus ángeles, y entonces pagará a cada uno conforme a sus obras”.  (Mateo 16: 27).

                   Jesús tiene poder para juzgar toda la tierra. Pero no vendrá solo sino será acompañado por sus ángeles, quienes se encargarán de reunir a todos los creyentes de todas las épocas. En la primera resurrección los ángeles reunirán junto a Jesucristo a todos los salvos por él. Luego del milenio, resucitarán los otros, quienes participarán  en la última batalla entre Dios y las huestes de Satanás, donde éste último será vencido y arrojado al Lago de Fuego. Después vendrá el juicio final o el Juicio ante el trono blanco, donde se dictará el veredicto de cada uno de los hombres que hayan habitado la tierra, desde Adán hasta el último ser que nacerá en este mundo.

                   “…y a vosotros que sois atribulados, daros reposo con nosotros, cuando se manifieste el señor Jesús desde el cielo con los ángeles de su poder” (2da.Tes 1:7).

                   También el apóstol Pablo dice que Jesús vendrá con sus ángeles. Manifiesta en este pasaje que los que sufren por causa del evangelio recibirán el eterno reposo en su presencia,  no así quienes no creyeron en él.

                   e) Será con Gran Gloria

                   “Porque el Hijo del Hombre vendrá en la gloria de su Padre con sus ángeles, y entonces pagará a cada uno conforme a sus obras”.  (Mateo 16: 27.

                   El mismo Señor aclara en este pasaje que él vendrá en la gloria del Padre. Ya no será un humilde siervo que dará su vida, ya que ese sacrificio ya fue realizado, sino cono salvador para aquellos que lo recibieron en su corazón y como juez para aquellos que renegaron de él y no lo recibieron.

                   “Y entonces se manifestará aquel inicuo, a quien el Señor matará con el espíritu de su boca, y destruirá con el resplandor de su venida” (2da.Tesal. 2: 8 ).

                   Aquí la palabra de Dios nos dice que al venir el Señor con todos los ángeles con él, su poder destruirá al inicuo, el Anticristo, quien estuvo gobernando este mundo durante la gran tribulación, el cual será arrojado al lago de fuego. Los que creyeron en el plan de Salvación diseñado por Dios mismo, tendrán parte en la primera resurrección. Los demás, los que se mantuvieron alejados de Él, los que no quisieron cambiar de vida, permaneciendo por lo tanto en sus pecados,  permanecerán en sus tumbas y resucitarán luego del milenio.

                   f) Será con poder

                   “Entonces aparecerá la señal del Hijo del Hombre en el cielo; y entonces lamentarán todas las tribus de la tierra, y verán al Hijo del Hombre viniendo sobre las nubes del cielo, con poder y gran gloria”. (Mateo 24: 30).

                   El Señor vendrá con todo el poder del Padre para ejercer su autoridad sobre la tierra. Tomará en sus manos el destino de este mundo, que hasta ese momento estaba en manos de Satanás. Será el instante en que todos los hombres que se mantuvieron en una vida de pecado se lamentarán de no haber aceptado las exhortaciones que escucharon a través de su vida para cambiar de actitud.

                        “Entonces verán al Hijo del Hombre, que vendrá en las nubes con gran poder y gloria” (Marcos 13: 26).

                   Esta declaración es inmediatamente posterior a las señales antes del fin. O sea que concuerda con  otros pasajes en el sentido de que su venida será posterior a la gran tribulación. La biblia en su totalidad nos da este mismo mensaje: que su venida se producirá después de la gran tribulación, y que será con gran poder. No será ya el siervo sufriente que vino a dar su vida por la salvación del mundo, sino como el Rey de Reyes y Señor de Señores.

                   g) Será con un gran sonido

                   “He aquí, os digo un misterio: No todos dormiremos; pero todos seremos transformados, en un momento, en un abrir y cerrar de ojos, a la final trompeta; porque se tocará la trompeta, y los muertos serán resucitados incorruptibles, y nosotros seremos transformados”. (1ra.Corintios15: 51-52).

                   Esto significa que al momento de venir Jesús por segunda vez, los que estén vivos en ese momento serán transformados en forma inmediata. El toque de trompeta será el medio de anuncio de que está por comenzar un nuevo cielo y una nueva tierra. Los judíos a quienes les fue dado este mensaje en primer lugar, sabían del significado de esto  porque las trompetas siempre sonaban como señal de inicio de una gran fiesta o de un acontecimiento extraordinario.

                   “Porque el Señor mismo con voz de  mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero”. (1ra. Tesalonisenses 4: 16)

                   También en este pasaje el apóstol Pablo nos menciona que la venida del Señor se anunciará con trompeta de Dios. Un arcángel, según algunos intérpretes, es un ángel de mayor categoría, asignado a una tarea especial. El único arcángel mencionado con nombre en el nuevo testamento es Miguel (Judas 9).

D) El Propósito de la Segunda Venida

                   1) Para que Jesús sea Glorificado en su Pueblo

                   “Cuando venga en aquel día para ser glorificado en sus santos y ser admirado en todos los que creyeron (por cuanto nuestro testimonio ha sido creído entre vosotros”. (2da.. Tesalonisenses 1: 10).

                   Cuando se produzca ese evento tan importante, nuestro Señor Jesucristo se presentará ante sus hijos que esperan su venida con toda su gloria. Los que creyeron en su mensaje tendrán oportunidad de admirar al Salvador ya glorificado, cuya apariencia no puede ser descripta con palabras humanas. Es la esperanza de todos los que aceptaron su sacrificio, se arrepintieron de sus pecados, y le sirvieron en esta tierra, puesto que pasó a ser el Señor de sus vidas. Lo admirarán todos los creyentes de todas las épocas.

                   2) Para que entrege el reino a Dios

                   “Luego el fin, cuando entregue el reino a Dios y Padre, cuando haya suprimido todo dominio, toda autoridad y potencia” (Primera Corintios 15: 24)

                   Esto sucederá al final de juicio ante el trono blanco. La muerte y el Hades serán lanzados también en el Lago de fuego, o sea que desde ese momento en adelante la muerte para la raza humana ya no existirá más, será cosa del pasado. También su enemigo, Satanás, será lanzado en el Lago de Fuego; ya no tendrá poder para incitar a nadie al mal. Jesucristo vino a este mundo a derrotar su poder mediante su muerte expiatoria en la cruz. Una vez concluido el juicio, el Hijo entregará a su Padre el reino de este mundo, en el mismo estado en que se encontraba en la creación, antes de que entrara el pecado.

                   3) Para que reine sobre todo

                   “El, séptimo ángel tocó la trompeta, y hubo grandes voces en el cielo, que decían: Los reinos del mundo han venido a ser de nuestro Señor y de su Cristo; y él reinará por los siglos de los siglos” (Apocalípsis 11: 15).

                   El toque de la trompeta anuncia la llegada del Rey de Reyes y Señor de Señores. Cuando esa trompeta suene ya  no habrá oportunidad para arrepentirse. Después llegará el día del Juicio Final, donde todos los hombres de todas las épocas darán cuenta al Rey de lo que han hecho mientras vivían. Aquellos que no lo aceptaron como Salvador de sus vidas recibirán eterna condenación. Dios es quien controla toda situación y dará rienda suelta a toda su ira sobre el mundo maligno que se ha negado a volverse a ´El. No habrá manera de escapar de su presencia. Una vez concluido ese juicio, el Cordero inmolado, Jesucristo, reinará por los siglos con los salvos, con los que creyeron en él y lo aceptaron como el Señor de sus vidas.

                   4) Para que exponga los secretos de los corazones humanos

                   “Así que, no juzguéis nada antes de tiempo, hasta que venga el Señor, el cual aclarará también lo oculto de las tinieblas, y manifestará las intenciones de los corazones; y entonces cada uno recibirá su alabanza de Dios” (1ra. Corintios 4: 5).

                   La palabra de Dios nos recomienda no juzgar a nadie en éste mundo, hasta que él venga. Es una tentación juzgar a los demás cristianos, evaluándolos si son o no buenos seguidores de Cristo. Muchas veces nos sentimos con deseos de juzgar a aquellos que no aceptan su plan de salvación. Pero debemos reconocer que sólo Dios conoce el corazón de todas las personas, y sólo Él tiene el derecho de juzgarlos. Esta advertencia de Pablo a los corintios también es importante en la actualidad y por ende debiera ser tenida en cuenta en todo tiempo y circunstancia. Debemos confrontar a aquellos que pecan, pero no debemos juzgar a quien podría ser un mejor siervo de Cristo que nosotros. Cuando alguien juzga a otra persona, se considera automáticamente mejor que esa persona, y eso es arrogancia. Tratemos de evitarlo.

                   5) Para que juzgue la raza humana

                   Cuando el Hijo del  Hombre venga en su gloria, y todos los santos ángeles con él, entonces se sentará en su trono de gloria, y serán reunidas delante de él todas las naciones, y apartará los unos de los otros, como aparta el pastor las ovejas de los cabritos. Y pondrá las ovejas a su derecha, y los cabritos a su izquierda. Entonces el Rey dirá a los de su derecha: venid, benditos de mi padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo. Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y de disteis de beber; fui forastero, y me recogisteis; estuve desnudo, y me cubristeis; enfermo y me visitasteis; en la cárcel y vinisteis a mi. Entonces los justos le responderán diciendo: Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, y te sustentamos, o enfermo, y te dimos de beber? ¿Y cuando te vimos forastero, y te recogimos, o desnudo y te cubrimos? ¿O cuándo te vimos enfermo, o en la cárcel, y vinimos a ti? Y respondiendo el Rey, les dirá; de cierto os digo que en cuanto lo hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mi lo hicisteis. Entonces dirá también a los de la izquierda: Apartaos de mi, malditos, al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles. Porque tuve hambre, y no me disteis de comer; tuve sed, y no me disteis de beber; fui forastero, y no me recogisteis; estuve desnudo, y no me cubristeis; enfermo, y en la cárcel, y no me visitasteis: Entonces también ellos le responderán diciendo: Señor, ¿Cuándo te vimos hambriento, sediento, forastero, desnudo, enfermo, o en la cárcel y no te servimos? Entonces les responderá diciendo: de cierto os digo que en cuanto no lo hicisteis a uno de éstos más pequeños, tampoco a mi lo hicisteis. E irán éstos al castigo eterno, y los justos a la vida eterna” (Mateo 25: 31-46).

                Esta parábola relata la separación que hará el Señor entre todos los seres humanos, poniendo en un grupo (las ovejas) a todos los que creyeron en él y por ende sus nombres están escritos en el Libro de la Vida, y en el otro grupo (los cabritos) a todos los que, a través de la historia, le han negado, han vivido sus vidas sin tener en cuenta la voluntad de Dios, y que por lo tanto no tienen sus nombres escritos en el Libro de la Vida. Esto sucederá después de la gran tribulación, luego de su venida en gloria para buscar a los suyos, acontecimiento que conocemos como el arrebatamiento, a posteriori del milenio, y después de su venida triunfal donde el Señor derrotará a Satanás en la última batalla que se librará entre el bien y el mal, y luego de que el maligno sea arrojado al lago de fuego. El siguiente evento será el juicio ante el gran trono blanco, relatado en Apocalípsis 20:11-15, donde se describe el Juicio Final de toda la humanidad, desde Adán hasta el último ser humano que haya nacido en el mundo actual, donde se abrirán los libros que relatan todos los hechos y pensamientos de todos los hombres, y también el Libro de la Vida, el más importante libro que existe. Según esta profecía, todos los que tienen sus nombres inscriptos en ese libro tendrán parte en la Tierra renovada, y los que no tienen sus nombres inscriptos en ese Libro serán condenados a la muerte segunda, en el Lago de Fuego, donde ya se encuentran  el Anticristo, el falso profeta y Satanás. O sea que las ovejas representan a los salvos y los cabritos a los condenados.

                   “Y nos mandó que predicásemos al pueblo, y testificásemos que él es el que Dios ha puesto por Juez de vivos y muertos” (Hechos 10: 42).

                   En este pasaje de las escrituras,  el apóstol Pedro le está predicando a Cornelio, un centurión romano, uno de los primeros gentiles a quién se le predica el evangelio de Salvación, Pedro no omite en su mensaje enseñar que ese salvador que ahora le ofrece la salvación en forma gratuita, en el futuro será el Juez designado por Dios para juzgar a vivos y muertos.

                   “Te encarezco delante de Dios y del Señor Jesucristo, que juzgará a los vivos y a los muertos en su manifestación y en su reino” (2da. Timoteo 4:1)

                   En este caso es el apóstol Pablo que le encarga a su discípulo Timoteo que no omita enseñar esa misma verdad a todos, dado que todos los que no creen a su mensaje serán juzgados por lo que se encuentra escrito en los Libros, donde se relatan todas las cosas que hemos hecho, hasta los pensamientos más profundos y ya no tendrán oportunidad de contarlo como abogado defensor. Recordemos que nadie podrá ser salvo por las obras que haya hecho.

                   “pero ellos darán cuenta al que está preparado para juzgar a los vivos y a los muertos” (1ra. Pedro 4:5).

                   En este pasaje, el apóstol Pedro nos está diciendo que aquellos que no aceptan el mensaje de salvación, tendrán que dar cuenta de su decisión negativa ante el Juez Jesucristo.

                   6) Para que cumpla la salvación para los creyentes

                   “Así también Cristo fue ofrecido una sola vez para llevar los pecados de muchos; y aparecerá por segunda vez, sin relación con el pecado, para salvar a los que le esperan” (Hebreos 9: 28)

                   En su muerte en la cruz, el Señor Jesucristo llevó todos nuestros pecados, y no solo los nuestros sino los de toda la humanidad, sin distinción de época, clase social, o sexo. De esa manera él clavó nuestros pecados pasados en la cruz, y nos manda su Espíritu para que podamos afrontar las tentaciones presentes. Si caemos nos seguirá perdonando si arrepentidos le pedimos perdón. Cuando regrese, todos los que esperaron en él, y que confiaron en sus promesas, irán con él por la eternidad, ya sin relación con el pecado, puesto que el tentador será condenado y lanzado en el lago de fuego.

                   7) Para que lleve a su pueblo para estar con él

                   Y si me fuere y os preparare lugar, vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo, para que donde yo estoy, vosotros también estéis” (Juan 14:3)

                   Esta es una de las promesas más esperadas por todos los cristianos de todos los tiempos. Antes de ascender a los cielos para estar junto al Padre prometió preparar un lugar para cada uno de los que lo aceptan como el Salvador de sus vidas, y que se rinden ante él. Pero también prometió que un día vendría a este mundo a llevarse consigo a todos los que esperan su venida. Así estaremos siempre junto a su presencia, y podremos alabarle y adorarle como sólo él se merece, por toda la eternidad.

                   8) Para que junte a los elegidos

            “Y entonces enviará a sus ángeles, y juntará a sus escogidos de los cuatro vientos, desde el extremo de la tierra hasta el extremo del cielo” (Marcos 13:27)

                   Cuando el Señor Regrese, lo que llamamos la Segunda venida, no vendrá solo sino acompañado de sus ángeles que tiene a su servicio. Ellos tendrán como misión reunir a todos los creyentes de todas las épocas, resucitando en primer lugar a los muertos en Cristo, y luego transformará a los que en el momento de su venida se encuentran con vida física, llevando a todos a su nuevo reino.

E) LOS CREYENTES Y LA SEGUNDA VENIDA

                            1)    La actitud de los creyentes hacia ese evento

                            a)    Deben vivir vidas santas hasta aquel día

                   “Puesto que todas estas cosas han de ser desechas, ¿Cómo no debéis vosotros andar en santa y piadosa manera de vivir, esperando y apresurándoos para la venida del día de Dios, en el cual los cielos, encendiéndose, serán deshechos, y los elementos, siendo quemados, se fundirán!” (2da Pedro 3: 11-12).

                   Las escrituras nos recomiendan vivir una vida santa, esto es alejados del pecado, y de todo lo que nos pueda llevar al pecado, debemos tener una vida piadosa, también debemos comportarnos de tal manera que quienes nos rodean se den cuenta de que somos diferentes, que nuestro Dios está en los cielos, que le obedecemos a él, que Jesucristo es nuestro Salvador que pronto vendrá a buscarnos. Con esas palabras de Pedro podríamos decir: ¿Para qué esmerarnos en juntar riquezas que no necesitamos, si de todos modos algún día todo será destruido? No dice que no debemos tener bienes, sino que debemos poner al Señor en el primer lugar de nuestras vidas, el Señor nos dará lo necesario para cubrir nuestras necesidades y las de nuestras familias. Debemos trabajar para nuestro sustento, pero sin descuidar nuestra fidelidad a Dios.   

       b)  Deben anhelarla

                   “Por lo demás, me está guardada la corona de justicia, la cual me dará el Señor, juez justo, en aquel día; y no sólo a mí, sino también a todos los que aman su venida” (2da. Timoteo 4:8).

                   En los juegos olímpicos que se desarrollaban en la antigua Grecia y en la Antigua Roma, el triunfador en esos juegos ganaba una corona de guirnaldas, un bien muy preciado en esos tiempos. Este comentario hecho por el apóstol Pablo, fue realizado cuando él ya veía venir el fin de sus días en esta tierra. Esta carta es la despedida que le hace a Timoteo y le pide que continúe con su ministerio. Haciendo referencia a esa corona que servía por pocos días, Pablo dice a Timoteo, que él será acreedor de una corona, pero no de guirnaldas sino de Justicia. En los juegos olímpicos solo el ganador era galardonado con la corona. Aquí Pablo nos dice que esa corona la tendrán todos los que creen en el Señor Jesús y que aman su venida.         

                   “Pero nosotros esperamos, según sus promesas, cielos nuevos y tierra nueva, en los cuales mora la justicia” (2da Pedro 3: 13).

                   El propósito de Dios no es destruir la humanidad, ni tampoco los cielos y la tierra. Precisamente envió a su hijo unigénito, Jesús, para dar a todos los hombres una oportunidad para salvarse de la destrucción eterna. Cuando el Señor venga con sus ángeles para llevar consigo a los salvos, destruirá todo lo malo que exista en el mundo, para luego recrear cielos nuevos y tierra nueva, donde ya no existirá la maldad, el pecado y la muerte. Nuestro mundo volverá a ser como era en la creación, allá en el Génesis, antes de que el pecado entrara en el mundo,

                c)   Deben vigilar

                   “Velad, pues, porque no sabéis cuándo vendrá el señor de la casa; si al anochecer, o a la medianoche, o al canto del gallo, o a la mañana; para que cuando venga de repente, no os halle durmiendo. Y lo que a vosotros digo, a todos lo digo: velad” (Marcos 13: 35-37).

                   Las sagradas escrituras nos dicen en este pasaje cómo debemos vivir mientras esperamos la venida de Cristo. No debemos dejarnos confundir por opiniones que no estén de acuerdo con la palabra de Dios, ni debemos seguir interpretaciones que no estén de acuerdo a ellas. Lo que debemos hacer es hablar a otros de Cristo y el plan de salvación que Dios nos ofrece, sin tener miedo de lo que nos puedan decir o hacer. Debemos tener fe y no sorprendernos de las persecuciones de cualquier tipo que puedan ocurrir. También debemos estar alertas moralmente, obedientes a sus mandamientos para vivir fundados en la Palabra de Dios y solo en ella. Jesús no dijo estas palabras para promover discusiones, sino para estimularnos a vivir de una manera recta para Dios, en un mundo donde casi no lo tiene en cuenta. Este pasaje fue dicho no solo para sus apóstoles sino para todos los que creen en él. Termina diciendo: “y lo que a vosotros digo, a todos lo digo: velad”. O sea que más importante que discutir con otros sobre este tema es velar, o sea estar preparados en todo momento, esperando su venida que se producirá en cualquier momento.

                   “Estén ceñidos nuestros lomos, y vuestras lámparas encendidas; y vosotros sed semejantes a hombres que aguardan a que su señor regrese de las bodas, para que cuando llegue y llame, le abran en seguida. Bienaventurados aquellos siervos a los cuales su señor, cuando venga, halle velando; de cierto os digo que se ceñirá, y hará que se sienten a la mesa, y vendrá a servirles. Y aunque venga a la segunda vigilia, y aunque venga a la tercera vigilia, si los hallare así, bienaventurados son aquellos siervos. Pero sabed esto, que si supiese el padre de familia a qué hora el ladrón había de venir, velaría ciertamente, y no dejaría minar su casa. Vosotros, pues, también estad preparados, porque a la hora que no penséis, el Hijo del Hombre vendrá” (Lucas 12: 35-40).

                   En este pasaje de las escrituras, Lucas nos recomienda lo mismo que había aconsejado Marcos en el párrafo anterior, lo que revela que sus apóstoles escucharon bien lo que el Señor les enseñaba, que luego transmitieron con fidelidad cuando salieron a predicar el evangelio de Salvación. También él nos habla de la importancia de velar en todo tiempo, sin importar cuánto tiempo demora nuestro Señor en venir a buscarnos. También resalta que nadie sabe ni sabrá el momento de su regreso. Vemos con esto que lo más importante de su segunda venida es estar preparados “en todo momento”, y asegurarnos que nuestros nombres estén inscriptos en el “Libro de la Vida”. De esa manera no necesitaremos preocuparnos por el futuro pues Jesús nos prometió un lugar en su reino, que nadie podrá arrebatarnos si vivimos conforme a su voluntad, y si seguimos con fidelidad sus consejos que nos diera antes de partir de este mundo.

                        d)  Deben esperarla

                   “de tal manera que nada os falta en ningún don, esperando la manifestación de nuestro Señor Jesucristo;” (1ra. Corintios 1:7).

                   El apóstol Pablo les dice a los creyentes de Corinto que ellos habían sido bendecidos con muchos dones, pero les recomienda usarlos debidamente, mientras que permanezcan en este mundo, a la espera de la venida de Jesús. Ya hace casi dos mil años que este pasaje fue escrito y continúa vigente, puesto que también nosotros, en el presente siglo debemos servir al Señor con los dones que nos fueron dados, esperando que nuestro Señor Jesucristo se manifieste y venga a buscar a quienes creyeron en él.

                   “Mas nuestra  ciudadanía está en los cielos de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo;” (Filipenses 3:20).

                   Los ciudadanos de Filipos, eran considerados ciudadanos romanos. Sabían por lo tanto la importancia de ser ciudadanos de una nación o imperio. Tener nuestra ciudadanía en los cielos significa ser parte de ese reino que el Señor Jesucristo está preparando para los suyos, y esa promesa es válida para cada uno de los que aceptaron su sacrificio expiatorio realizado para nuestra salvación.

                   “aguardando la esperanza bienaventurada y la manifestación gloriosa de nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo” (Tito 2: 13).

                   El poder para vivir una vida cristiana viene del Espíritu Santo. Cristo murió y resucitó, y con eso nos rescató del pecado. También nos da poder para vivir de acuerdo a su voluntad. De esa manera podremos mirar hacia adelante esperando el regreso maravilloso de Cristo con esperanza. Pero también debemos tener en cuenta que no basta con renunciar al pecado, sino que debemos tener una vida activa para Dios. Debemos decir “no” a la tentación de Satanás que nos incita a pecar y decir “si” al servicio activo para Cristo.

                         e) Deben tener paciencia hasta que llegue

                   “Por tanto, hermanos, tened paciencia hasta la venida del Señor. Mirad cómo el labrador espera el precioso fruto de la tierra, aguardando con paciencia hasta que reciba la lluvia temprana y tardía. Tened también vosotros paciencia, y afirmad vuestros corazones; porque la venida del Señor se acerca.” (Santiago 5: 7-8).

                   Santiago nos da un ejemplo muy práctico que sería comprendido por todos, ya que en ese tiempo la agricultura era una de las principales actividades que se realizaban. Por lo tanto todos entenderían que una semilla debería en primer lugar ser sembrada. Luego seguiría su ciclo de crecimiento hasta la maduración del grano. Nadie, de ninguna manera podría apresurar o retardar ese período de tiempo necesario para que el fruto esté en condiciones de ser cosechado. Nos recomienda que nosotros tengamos esa misma paciencia que tiene el agricultor, ya que el Señor siempre ha cumplido con sus promesas. Cuando llegue el momento, que solo Dios conoce, Jesús vendrá.

                         f)   Deben perseverar hasta que llegue

                   “No temas en nada lo que vas a padecer. He aquí, el diablo echará a algunos de vosotros en la cárcel, para que seáis probados, y tendréis tribulación por diez días. Sé fiel hasta la muerte, y yo te daré la corona de la vida”. (Apocalípsis 2: 10-11).

                   El dolor es parte de la vida y no es agradable sufrir. Jesús elogia a la iglesia de Esmirna por su fe en medio del sufrimiento. El mensaje dado a la iglesia de Esmirna es que debe permanecer fiel a pesar de los sufrimientos que está padeciendo, porque Dios está en el control de todo. Así también nosotros no debemos temer el sufrimiento, o las persecuciones, o las burlas que nos puedan hacer por nuestra fe. Jesús nunca prometió que nuestra vida con él sería fácil, y que los creyentes serían libres de problemas. Al contrario, nos recomienda ser fieles a Él en nuestros sufrimientos, Solo entonces nuestra fe será genuina. La ciudad de Esmirna era famosa por las competencias deportivas. El ganador recibía como premio una corona. Cristo nos promete que si somos fieles hasta la muerte, aún en la tribulación, recibiremos el premio de la corona de la vida eterna.

                   “He aquí yo vengo pronto; retén lo que tienes, para que ninguno tome tu corona. Al que venciere, yo lo haré columna en el templo de mi Dios, y nunca más saldrá de allí; y escribiré sobre él el nombre de mi Dios, y el nombre de la ciudad de mi Dios, la nueva Jerusalén, la cual desciende del cielo, de mi Dios, y mi nombre nuevo”. (Apocalípsis 3: 11-12).

                   Todos los que aceptan a Cristo como salvador tienen algún don para poder servirle. No todos tenemos los mismos dones, no somos iguales, pero Él espera que le sirvamos que los dones que nos ha dado, sean éstos pocos o muchos. A la iglesia de Filadelfia se la elogia por su esfuerzo por obedecer y se la anima a retener lo que tiene para que no le quiten su corona. Muchos pueden pensar que sus dones son demasiado pequeños y que no tienen importancia, pero eso poco que tenemos debemos usarlos para vivir por Cristo. Él lo reconocerá.

                          g)   Deben orar  para que se cumpla

                   “El que da testimonio de estas cosas dice: Ciertamente vengo en breve. Amén; sí, ven, Señor Jesús.” ( Apocalípsis  22: 20).

                   Si bien no sabemos ni el día ni la hora en que Jesucristo vendrá, debemos estar preparados para ese momento. El apóstol Juan al final del libro de Apocalípsis, y de la promesa de “Ciertamente vengo en breve”,Hace una muy corta oración: Amén; sí, ven, Señor Jesúslo que revela el ardiente deseo que tenía de que ese gran evento suceda pronto. También nosotros hoy podemos orar para que ese momento llegue pronto.

2) promesas para los creyentes cuando ocurra

                      a) Seremos preservados por Cristo

                   “ estando persuadido de esto, que el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo” (Filipenses 1: 6).

                   Pablo nos está diciendo en este pasaje que si Dios comenzó su buena obra en nosotros, nos ayudará por medio del Espíritu Santo a capacitarnos para que cada día seamos más semejantes a Cristo. Este proceso de crecimiento comienza desde el día de nuestra conversión, en que aceptamos a Jesús como el Salvador de nuestras vidas, y continuará hasta que él venga y le veamos cara a cara,  y en ese momento alcancemos la perfección.

                   “Y a aquel que es poderoso para guardaros sin caída, y presentaros sin mancha delante de su gloria con gran alegría” (Judas 24).

                   Aquí se nos dice que Dios, nos cuidará en nuestro andar por este mundo y nos capacitará para no ser presa de falsos maestros, quienes tratarán de llevarnos por el camino del error. No debemos tener miedo a esos falsos maestros si confiamos plenamente en Dios y estamos arraigados en Él. Si nos mantenemos firmes en esa fe, podremos presentarnos sin temor ante el Señor Jesucristo, tendremos un nuevo cuerpo que Él nos dará, y veremos que estar en su presencia será mucho más maravillo de lo que aquí podamos imaginar.

                         b) Nos encontraremos puros

                   “El cual también os confirmará hasta el fin, para que seáis irreprensibles en el día de nuestro Señor Jesucristo” (1ra. Corintios 1: 8).

                   En este pasaje encontramos la promesa de que El Señor nos guardará en pureza y santidad hasta el día que Jesús venga, o hasta el día en que Él nos llame a su presencia. De esa manera podremos presentarnos ante Él con corazón irreprensible, o sea sin ningún pecado que se interponga entre nosotros y Dios.

                   “para que sean afirmados vuestros corazones, irreprensibles en santidad delante de Dios nuestro Padre, en la venida de nuestro Señor Jesucristo con todos sus santos.” (1ra. Tesalonisenses 3: 13).

                   Los santos de este pasaje son los ángeles que acompañarán a Jesucristo en su segunda venida. También nos recuerda la promesa de que nuestros corazones se encontrarán irreprensibles y en santidad, cuando nos presentemos ante Él

                           c) Seremos vestidos nuevamente por Dios

                   “Porque asimismo los que estamos en este tabernáculo gemimos con angustia; porque no quisiéramos ser desnudados, sino revestidos, para que lo mortal sea absorbido por la vida. Mas el que nos hizo para esto mismo es Dios, quien nos ha dado las arras del espíritu”. (2da. Corintios 5: 4-5).

                   Pablo contrasta en este pasaje la diferencia entre nuestros cuerpos terrenales con la resurrección futura del cuerpo. La dirige a una iglesia que se encontraba en el corazón de la cultura griega. Los griegos no creían en la resurrección corporal, sino que con la muerte el alma se separa del cuerpo, pues este último era malo. El alma estaba presa en el cuerpo físico. Si bien no sabemos cómo será nuestro cuerpo, tenemos la prueba que Cristo después de la resurrección tenía un cuerpo, pues leemos en los evangelios que sus apóstoles lo pudieron palpar (caso de Tomás). En 1ra Corintios 15:52 leemos: “…en un momento, en un abrir y cerrar de ojos, a la final trompeta; porque se tocará la trompeta, y los muertos serán resucitados incorruptibles, y nosotros seremos transformados”.

                   Pablo nos está revelando que aquellos que se encuentren vivos en el momento de la venida del Rey de Reyes, y estén esperando su venida, serán transformados a una nueva apariencia, con un nuevo cuerpo incorruptible. No nos encontraremos desnudos, sino con nuevas vestiduras. Las escrituras no dan detalles de cómo serán nuestros cuerpos renovados y las vestiduras que tendremos, pero sabemos que las enfermedades, las penas, los dolores ya no existirán más. Podremos alabar y adorar eternamente a nuestro Salvador.

                          d) Seremos como Cristo

                   “Y así como hemos traído la imagen del terrenal, traeremos también la imagen del celestial” (1ra. Corintios 15: 49).

                   La escritura nos enseña que así como en este mundo estábamos en un cuerpo pecaminoso, a consecuencia de la caída de Adán y Eva, así en la eternidad tendremos una apariencia similar a la que ahora tiene nuestro Salvador y Señor, quien se encuentra a la diestra de Dios.

                   “Mas nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo; el cual transformará el cuerpo de la humillación nuestra, para que sea semejante al cuerpo de la gloria suya, por el poder con el cual puede también sujetar a sí mismo todas las cosas” (Filipenses 3: 20-21).

                   Cuando habla de la humillación nuestra, no significa que debemos despreciar nuestro cuerpo físico, pero con la resurrección nuestro cuerpo será similar al cuerpo resucitado de Cristo. Los que tienen que luchar con el dolor, las limitaciones físicas o la incapacidad, pueden tener una maravillosa esperanza en la resurrección, cuando sus cuerpos sean perfectos. Si el Señor nos ha prometido que prepararía un lugar para nosotros allá en la eternidad, y tiene el poder del Padre para hacerlo, también tendrá el poder para transformar nuestro cuerpo corruptible, en uno incorruptible.

                   “Amados, ahora somos hijos de Dios, y aún no se ha manifestado lo que hemos de ser; pero sabemos que cuando él se manifieste, seremos semejantes a él, porque le veremos tal como él es” (1ra. Juan 3. 2).

                   Al convertirnos a Cristo y al aceptar el plan de salvación que Él nos ofrece, comenzamos a andar en un nuevo camino, que consiste en ser cada vez más semejantes a Él. Este proceso no será completo hasta que le veamos cara a cara, pero saber que ese andar en Cristo es nuestra meta, debe motivarnos a purificarnos, lo que significa guardarnos en lo moral, libres de la corrupción del pecado. Saber que somos salvos por el sacrificio que Cristo hizo por nosotros, debe motivarnos a vivir como Él vivió.

                          e) Recibiremos una corona

                   “Todo aquel que lucha, de todo se abstiene; ellos, a la verdad, para recibir una corona corruptible, peso nosotros, una incorruptible” (1ra. Corintios 9: 25).

                   Es una referencia a los juegos deportivos que se realizaban en Grecia. Para competir debían estar físicamente en condiciones óptimas para obtener el primer lugar y así obtener el premio que consistía en una corona de guirnaldas. Solo uno de los competidores obtenía el premio, que era corruptible, dado que duraba solo unos días antes de secarse. Pero nosotros, los creyentes en Cristo, tenemos la promesa de tener una corona que durará para siempre, y que la pueden obtener todos los que creen en Él y aceptan su plan de salvación.

                   “Por lo demás, me está guardada la corona de justicia, la cual me dará el Señor, Juez justo, en aquel día; y no sólo a mí, sino también a todos los que aman su venida” (2da. Timoteo 4: 8).

                   Es otra referencia a que tendremos una corona. Esa corona la dará el mismo Señor Jesucristo cuando estemos ante su presencia y será el premio que obtendrán todos aquellos que son fieles al Señor y esperan su venida.

                   “Y cuando aparezca el Príncipe de los pastores, vosotros recibiréis la corona incorruptible de gloria” (1ra. Pedro 5:4).

                   El hecho de que aparezca en varios pasajes la promesa de que los creyentes recibirán la corona incorruptible de gloria, demuestra que este hecho es de suma importancia, tanto para Cristo que la otorga, como para los que la recibirán. En todos estos pasajes hay una coincidencia total de que el otorgante de la corona es Jesucristo, y los creyentes en su totalidad los que la recibirán.

                   “Bienaventurado el varón que soporta la tentación; porque cuando haya resistido la prueba, recibirá la corona de vida, que Dios ha prometido a los que le aman” (Santiago 1: 12).

                   La corona de la vida es como las coronas de guirnaldas que se otorgaban a los ganadores de las competencias deportivas que se realizaban en la antigüedad, y que continuaban en el primer siglo de nuestra era, pero eran de un valor momentáneo. Pero la corona de la vida no es para gloria y honor en la tierra, sino la recompensa de la vida eterna, el vivir siempre con Dios y con Jesucristo, nuestro salvador. El camino que debemos seguir para ser ganadores de esa corona, desde el punto de vista de Dios, es mediante el amor y permanecer fieles a Él hasta la muerte.

                         f) Reinaremos con Cristo

                   “Si sufrimos, también reinaremos con él;” (2da. Timoteo 2: 12ª)

                   La palabra de Dios nos recuerda que si en este mundo tenemos sufrimientos por ser fieles al Señor, que no claudicamos en el verdadero camino al señor, pese a las tentaciones y pruebas que nos vienen del maligno, en la eternidad correinaremos con Cristo.

                   “No habrá allí más noche; y no tienen necesidad de luz de lámpara, ni de luz del sol, porque Dios el Señor los iluminará; y reinarán por los siglos de los siglos” (Apocalípsis 22:5).

                   Es una de las más hermosas promesas para nuestro futuro, ya que gozaremos de la comunión con Dios por la eternidad, una relación similar a la que tuvieron al comienzo de la creación Adán y Eva, antes de caer en pecado.

                    g)  Nos gozaremos con gran alegría 

                   “sino gozaos por cuanto sois participantes de los padecimientos de Cristo, para que también en la revelación de su gloria os gocéis con gran alegría” (1ra. Pedro 4: 13).

                   Las escrituras nos enseñan que no debemos preocuparnos por los padecimientos que debemos soportar mientras estemos en este mundo. Desde la caída del hombre en el pecado, hubo muchos sufrimientos, especialmente aquellos que deseaban seguir por el buen camino. También nuestro Señor Jesucristo tuvo que padecer mucho, siendo que Él era sin pecado. Aquí dice que debemos mas bien gozarnos si padecemos por seguir a Cristo y serle fieles en toda circunstancia hasta el fin, puesto que de esa manera nos gozaremos por la eternidad en la presencia de nuestro Salvador y Señor de nuestra vidas. Que así sea.

Alberto Juan Hillmann

 

Para realizar comentarios sobre el presente estudio, dirigirse a:

This email address is being protected from spambots. You need JavaScript enabled to view it.